A menudo los héroes son desconocidos, Benjamín Disraeli
No tiene caso ser reiterativos en lo que depara el esmero y dedicación que se requiere para estudiar y formarse como médico.
La profesión exige sin tapujos de un elemento indispensable: el sacrificio.
Por eso siempre fui crítico, cuando algún alumno, ya sea de pre o posgrado se quejaba de más por el exceso de estudio, carga laboral o pobre retribución; en medio del debate era posible cuestionarles y decirles con firmeza: ¡nadie te engañó, ser médico requiere de esfuerzo! Sin embargo, es evidente que nada es igual; el mundo es otro, son otros tiempos, el impacto de una brutal pandemia, pero lamentablemente: ¡el país ha cambiado!
Según la definición de la RAE: Transformación es el acto de transformar, esto último se define como hacer cambiar de forma a alguien o algo. En esta gestión, es indudable, sí, existe una lamentable transformación.
Antes de la pandemia, comenzamos a sentir los primeros vientos de este cambio, lo que en términos meteorológicos sería un descenso sostenido de la presión atmosférica que presagiaba la tormenta.
En marzo del 2019, médicos residentes del Hospital de la Mujer hicieron un paro de labores porque no les daban alimentos, a pesar de cubrir jornadas ininterrumpidas de 36 horas. Por la falta de pagos a 916 residentes del Hospital General de México, desde febrero de ese mismo año, sin mediar explicación, vimos a los dos meses una manifestación pacífica en la CDMX, sin bloqueos, exigiendo de paso se cubriera la falta de insumos y medicamentos.
Pandemia
En julio de ese año, López Obrador comenzó a preparar el tétrico escenario, iniciando una arremetida por una supuesta falta de médicos generales…, preparando el camino. Pero, se inició la pandemia, mientras China nos dejaba sin cubrebocas, porque México en un acto solidario se los vendió, ya que aquí no llegaría el virus y si lo hacía, sería como una leve gripa…, y el señor presidente le mordía el cachete a una niña y comunicaba que nos avisaría cuando resguardarnos …y, bueno todos sabemos el desenlace: la contingencia sanitaria cayó como un mazazo en un sistema de salud desgajado, con el nefasto de Hugo López Gatell (¡así, sin el título de Doctor!) …. Ya sabemos lo que ocurrió. Comenzó el brutal impacto de la tempestad.
Se requirió del reclutamiento forzoso para los hospitales. Se contrataron médicos eventuales con promesa de basificación, muchos para ser mandados literalmente al matadero, sin las medidas de protección: recordemos al personal quejándose por las vestimentas ofrecidas, más transparentes que un negligé.
No podemos olvidar la bestial falta de insumos y la urgente necesidad de ventiladores que, no fue obstáculo para desalmados que se aprovecharon del tema y, la conversión de hospitales en covitarios. Médicos, sin importar la especialidad, cubriendo turnos, y sí… digan lo que digan: batiéndose como verdaderos héroes.
Conforme la muerte adquirió el rostro de nuestros seres queridos, comenzamos a dimensionar la magnitud de la tragedia. En mayo del 2020, luego que López Gatell despreciara la colaboración de un comité de expertos formados en su mayoría por ex secretarios de salud (entre ellos Julio Frenk) y lejos de aceptar la ayuda, el Presidente arremetió contra el sistema de salud “que estaba hecho ruinas” cuando se lo entregaron, a la corrupción de los gobiernos anteriores, una vez más, denigró el valor del Seguro Popular, se fue contra el “mercantilismo” de los médicos en el neoliberalismo, para rematar con un chiste (por cierto malísimo).
Entre el final de la primera ola y el inicio de la segunda, en forma por demás irresponsable, en un acto de politiquería, ordenó duplicar las plazas de nuevo ingreso para médicos residentes. En medio del embate de las marejadas por el desastre del desabasto de medicamentos, la compra y distribución de las vacunas, México ocuparía el primer lugar a nivel mundial de muertes en el personal sanitario.
Ataques
Por si faltara, “los abrazos no balazos” alcanzaron a médicos pasantes, desde secuestros, asaltos y violaciones hasta asesinatos.
La respuesta a la trágica estrategia fue el patético minuto de silencio que se daría todos los días y un desabrido acto protocolario en Palacio Nacional donde se entregaron algunos reconocimientos.
En medio de este mal sabor de boca, viene la injustificada contratación de médicos cubanos por la secretaría de salud de la CDMX (Innecesaria como lo fue la absurda compra de miles de dosis de Ivermectina), y en esa andábamos cuando de nuevo el mezquino subsecretario López Gatell se fue contra los médicos de las farmacias, acusándolos en forma irresponsable de haber ocasionado muertes por un mal manejo de pacientes con Covid, médicos que a diferencia de él, no estaban detrás de un escritorio, estaban en la primera línea de batalla. Esto preparó el camino para otra arribazón de colegas cubanos.
Con justicia en 2022, la medalla “Belisario Domínguez” se otorgó en forma simbólica a todo el personal médico involucrado en el combate del Covid, pero ante la negativa del propio Senado para que López Gatell fuera el encargado de recibirla, el primer mandatario respondió mediante contumaz berrinche, no solo no asistió como testigo de honor como se estila, tampoco mandó a un solo representante del Poder Ejecutivo en su lugar. Pero eso sí, con bombo y platillo se entregó la Orden Mexicana del Águila Azteca al presidente cubano Miguel Díaz-Canel, por la supuesta gran contribución del país antillano en el manejo de la pandemia.
Protesta
Hace unos días, médicos del sistema de salud de la CDMX protestaron por no haberles cumplido con la promesa de bases y, pretender contratarlos bajo el esquema nuevo de IMSS- Bienestar. Encabezaron una marcha hacia Palacio Nacional que culminó cuando la fuerza pública los rodeó y encapsuló, como si fueran una amenaza a la sociedad.
Han denunciado directamente a López Gatell de estar al frente de lo que han llamado el “Cártel de la salud”, promoviendo el desmantelamiento del sector, el desabasto de medicamentos y la errática política de contingencia al coronavirus. Y así, de la noche a la mañana, los héroes han pasado a ser una piedra en el zapato de las autoridades.
Algo me queda claro: los colegas que estuvieron en desventaja en la pandemia, los pasantes que han secuestrado, las doctoras violadas; los compañeros del Hospital de Tula que vieron impotentes morir a sus pacientes por falta de energía eléctrica; los que dudan en llenar una receta a sabiendas de que no hay nada en los hospitales; los que recurren a las tiendas de conveniencia para comer, o han dormido en colchonetas en el suelo cuando les va bien; a todos los que el Presidente ha calificado de “mercantiles y mercenarios”; los que tienen que trabajar en la farmacia de la esquina, por falta de plazas dignas y seguras (podría seguir enumerando ejemplos), son médicos, y son miles que, de algo estoy seguro: no quieren la continuidad de esta “transformación”.
Indistintamente quien quede al frente en 2024, el sector salud ya no da más, el gremio médico ha sido muy castigado, denostado y vituperado en este gobierno.
No hay que olvidar que el movimiento estudiantil del 68 fue precedido por la huelga de los médicos residentes en 1965, que en aquel entonces pedían mejoras salariales y laborales, y que tuvo como respuesta la intransigencia y la brutalidad. Hoy en día la historia pareciera repetirse, la respuesta inicial con indolencia, indiferencia y la apatía comienza a tomar otro cariz. Tan malo es tener un gobierno represor como uno francamente omiso.—Mérida, Yucatán
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Médico y escritor
