Los animales escogen a su líder de una forma instintiva. Carecen de raciocinio. Los humanos lo escogemos de forma racional. ¿Cuál sería la mejor forma?
Sin duda la respuesta a esta interrogante se basaría en qué queremos que haga el líder.
El animal escoge al mejor dotado físicamente, al que debe proteger mejor a la manada, por lo general en un efrentamiento físico, no hay elecciones ni debates o campañas, solo se enfrentan los más fuertes. Pero, independientemente del que resulte ganador para dirigir a la manada, todos colaboran parejo, ninguno se “pasa de lanza” trabajando menos o trabajando más.
Con los humanos en la época de las cavernas probablemente ocurría lo mismo, pues solamente se necesitaba de alguien que proporcione seguridad al grupo. Pero el homo sapiens, al ser racional, aprendía y mejoraba sus actuaciones inicialmente mediante prueba y error y después por métodos como el científico.
Al ir avanzando mentalmente el hombre, se van creando otras necesidades básicas hasta llegar a la educación, la salud, el trabajo, etc., lo cual hace que no solo la fuerza sea lo buscado por el hombre para definir quién lo dirija, pues se necesita a alguien que pueda resolver estas necesidades.
Así se fue pasando por tipos de liderazgos como el tribal, el feudal, y otros, hasta llegar a las formas de gobierno conocidas a la fecha como la monarquía, la plutocracia y la democracia, por decir algunas formas de gobierno definidas por el tipo de liderazgo político de cada una.
La monarquía se caracteriza por ser el gobierno de un solo hombre, el rey; la plutocracia se caracteriza por el gobierno de un grupo reducido de hombres ricos y la democracia que se define como el gobierno del pueblo, donde es la decisión de la mayoría la que define quién gobernará en su representación.
Pero, parece ser que ninguna es perfecta o se acerca a ello, pues existen variables que van modificando las necesidades de los grupos, desde los usos y costumbres hasta el problema de que unos se esfuerzan más y otros se esfuerzan menos.
Existe un viejo refrán que reza: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, esto indica que, a diferencia de los animales, los humanos podemos volver a caer en errores anteriormente cometidos. Buscando la razón de que ocurra lo anterior, podemos pensar que, probablemente, se debe a que la mente del hombre se llena o “contamina” con particularidades propias y exclusivas del homo sapiens, como son el ego, la envidia, las ambiciones, etc., los cuales influyen tanto en su mente que su comportamiento a veces deja de ser el ideal, y se vuelve tan humano que deja de pensar solamente en la colectividad y se enfoca a su individualidad.
Este sería un motivo válido para descartar al comunismo como tipo de gobierno, pues el hombre no es máquina sin sentimientos, o animal, para trabajar solo mecánicamente o por instinto, soportando que otros trabajen menos por el mismo salario y algunos dejando que trabajen más otros que ellos pues, total, ganarán lo mismo al final.
Además, el hombre tiene cosas que los animales no tienen, como las redes sociales que, como poder fáctico a la hora de votar, le tripulan el coco a la medida de su antojo. Lo que hace que el votante ejerza su sufragio basándose en informaciones muchas veces erróneas o tendenciosas, lo cual lo puede llevar a tomar una decisión equivocada o no ideal. Esto tal vez no lo pensaron los griegos o romanos al aplicar la democracia pues muchos agentes externos o de afectación tal vez no existían. Y no fueron considerados.
Si hablamos de la democracia, ésta tiene toda la intención de ser el mejor tipo de gobierno. O sea, el más justo o más parejo. A la hora de escoger al líder en países como el nuestro, brota una peculiaridad. El problema es que la población está dividida en tres segmentos (para evitar llamarles clases) o estratos importantes: el bajo, el medio y el alto.
A la hora de elegir, todo depende del estrato social o económico donde los votantes estén ubicados. Es decir, si están posicionados en el estrato alto, o sea, en la punta de la pirámide, con los que manejan el dinero y la colocación social, es evidente que no apoyarán lo mismo que apoyarían los del estrato medio, que ha aprendido que solo le queda ir para arriba, es decir mejorar o progresar, para no bajar al siguiente estrato.
Y a los de abajo, que probablemente algunos ni siquiera estén enterados de su situación, solo les queda votar por lo que les dé resultados de forma inmediata, pues sus necesidades así lo son, del momento, y no pueden esperar a que el plan que le ofrezcan los políticos para mejorar dé resultados en un mediano o largo plazos. En pocas palabras cada sector o estrato tiene necesidades diferentes y amalgamarlas todas en un discurso acaba por lo general en un galimatías inentendible y sin congruencia.
Aunado a todo lo anterior, habría que tener enfoques diferentes en las propuestas o campañas para, cuando menos, los ya mencionados tres estratos importantes, para poder convencer a todos, sector por sector buscando la solución a sus problemas y necesidades que, como ya dijimos, son totalmente diferentes.
Esto ha provocado lo que vemos hoy en día en nuestro país. Las “motivaciones” precampañas, o como se llame lo que están haciendo los partidos políticos en el país, y seguramente en otros también, solo es vender un producto para sacar el mejor provecho posible. Hablando en términos electorales.
Pero, ¿Cómo hacer un discurso que satisfaga a los tres sectores al mismo tiempo?
Para muchos, la política es el arte de defender lo indefendible y de explicar lo inexplicable, por lo que no dudemos de que saldrán discursos fabulosos prometiendo lo imprometible, pues los políticos saben perfectamente el uso del refrán “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”.
A fin de cuentas, se tendrá que tomar una decisión para buscar al que más convenga a los intereses de la colectividad, y los personales, pues esto es inevitable.
Y la gente votará, pero muchos estarán lejos de hacerlo de manera ideal, pues la capacidad de análisis no la tiene una buena parte de los pobladores de la nación. La gente votará por el que le diga que solucionará sus problemas, o bien que hará cumplir su sueño. O que las redes sociales, memes y comentarios le sugieran que es la mejor opción.
Entonces habría que sentarnos a razonar si la política funciona mejor cuando hay instinto, como con los animales, o cuando hay pensamiento, como con los humanos. Pues definitivamente el primero es puro y el segundo puede estar contaminado o influenciado por un agente externo.
Como ejemplo podemos tener que, cuando la manada elige al líder, éste se instala y solo será removido al demostrar que no sirve para lo que fue elegido, que es proporcionar seguridad. En el caso de los seres humanos, existen grillas, celos, envidias y, sobre todo intereses, para intentar o desear remover o derrocar al líder en turno.
Quizás debamos como humanos imitar algunas cosas de los animales. Cuando menos con ellos, su sistema de gobierno funciona a la perfección.
En México utilizamos muchos nombres de animales en términos electorales, como mapaches, borregos, y hasta un ratón loco, solo que ni los mapaches, ni los borregos, ni los ratones tienen tanto problema a la hora de escoger al que los llevará a buen puerto.
¿O será que éramos medio animales cuando se diseñó la democracia?— Mérida, Yucatán.
condeval1@hotmail.com
Ingeniero, Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas
