A menos que se de un hecho inusitado, tendremos dos mujeres como candidatas a Presidentas de la República Mexicana. Será algo verdaderamente importante.
Podremos probar el temple femenino en el cargo más alto del país y romperíamos antes que nuestros vecinos del norte el techo de cristal que se le negó a Hillary Clinton por las artimañas del descarado y corrupto Trump.
Lopez Obrador nos puso en bandeja de plata a Xóchitl Gálvez. Solo le negó la entrada a Palacio Nacional y la revolución se dio. Esta mujer ha sido capaz de dar vida y poner en primera plana al FAM que tan desvaído, empequeñecido y políticamente pobre se veía. Fue una transfusión de democracia directa a la vena política y a la vocación de igualdad, fraternidad, progreso y paz por las que él país languidece.
La moneda está en el aire. Claudia Sheinbaum ya fue ungida por el Tlatoani, tal como estaba previsto: “crónica de una Presidenta anunciada”. Públicamente le transfirió el bastón, que no el mando, en deslucida ceremonia en un restaurante.
Xóchitl Gálvez nos ofrece un “pacto de iguales”. Sería maravilloso ver y oír debatir a estas dos mujeres sobre los puntos álgidos y de primera importancia del país.
¿Tendremos la suerte de que AMLO lo permita? ¿Se atreverá a exponer al aire en forma pública y contemplada por millones de mexicanos al desparpajo, soltura, y conocimientos del México profundo y de la vida dura y difícil de su oponente Gálvez?
Ambas son mujeres preparadas. Inteligentes. Resilientes. Con capacidad suficiente para ostentar el cargo. En el caso de Claudia, tendría que cortar por lo sano su relación con el “obradorato”, como le llaman algunos, para poder ser ella y mostrar sus capacidades y habilidades sin manipulaciones ni contubernios.
Ni soñar en que lo haga en estos momentos. Su pleitesía y obediencia al Presidente permanecerán inmutables. No es momento de dar pasos en falso. Calladita se ve más bonita. Y seguirá el guión hasta el final.
Xóchitl es harina de otro costal. Ambas proceden de ambientes, crianza y orígenes totalmente opuestos. Lo que las convierte en más interesantes aún. La emprendedora de origen humilde y pobre. Que alcanza el éxito por su empeño, soberbia dedicación y enorme inteligencia. Y Claudia, educada en las mejores universidades, preparada y culta con títulos que permiten considerarla como una mujer inteligentísima. Y de clase alta.
Ha llegado el momento en el que un hombre no tenga ni pueda decirle a las mujeres en el poder qué hacer. Una cosa es asesores y otra muy distinta mandamases y opresores. Y aquí sale a colación Marcelo Ebrard. La manzana de la discordia en el proceso de la 4T. “¿trick or treat?” Como se dice en inglés para Halloween… ¿truco o trato? Pronto lo sabremos.
¿Parte del teatro, o en verdad esta “off Broadway”? Más temprano que tarde saldrá a la luz la verdad. Pero hablando en plata, no la tiene fácil el excanciller. Mientras más tiempo deja correr sin definirse, más se deslíe su imagen y menos claro o exitoso se ve su futuro en el imaginario colectivo. Ya sea que opte por MC o haga su propio partido, su destino ya está sellado. Pasará sin pena ni gloria. O aceptará algún arreglo con su Jefe Máximo.
Tanto Claudia como Xóchitl están a la espera de su decisión. Y Ebrard aún tiene peso e importancia dependiendo de a qué bando se aliñe. Igual y sí, acepta un premio de consolación. Él y AMLO han recorrido un largo trecho juntos. Son amigos. Aunque el Presidente es bastante infiel en sus afectos políticos. Y Xóchitl afirma: “yo estoy lista para ir con quién quieran, dónde quieran y cuándo quieran”.
Claudia tranquila, espera. Ella sabe perfectamente cuál será el resultado, como lo sabemos todos, en cuanto a que el excanciller desconoció el proceso mediante el cual Morena eligió a su abanderada presidencial e “interpuso una demanda de nulidad y reposición ante la Comisión de Honor y Justicia del propio partido, paso previo a la vía del juicio de protección de derechos ciudadanos ante el Tribunal Electoral.
Queda claro desde ya que todo será improcedente. Y llegará la hora de Marcelo. Tendrá que decantarse por alguna opción viable de las que tiene a su disposición. Creo que será tan solo espuma de cerveza. Se diluirá en la misma. Movimiento Ciudadano está jugando sus fichas. Es un juego peligroso. Ya sabrá si se pierde o se une al caudal de alguna de las contendientes. O escoge a Marcelo como su As en la contienda.
Los ánimos están caldeados. Muchos ciudadanos tienen miedo. AMLO es percibido como una amenaza a la libertad, a la economía, a la ciencia, a las artes, a la cultura, a la salud, al país mismo. Y otros millones de mexicanos siguen creyendo en él y apoyándolo con fe ciega. Es casi una batalla moral entre los que le manifiestan una fidelidad a toda prueba y los que lo detestan y le temen también con miedo de verdad.
Las mentiras y los ataques en contra de la senadora Gálvez arrecian por minuto desde las altas esferas del poder. Las principales vienen de la cúspide en la que tenemos como representante de la investidura presidencial, a su titular. El mismísimo Presidente de México.
Tanto Gálvez como Sheinbaum ofrecen continuidad. Punto importantísimo que ha constituido descalabro tras descalabro a través de los sexenios porque el nuevo quita todo lo que puso el anterior sin saber si funciona o no. Y empieza el desastre.
Aquí el campeón de los entuertos por “knock-out” fulminante ha sido el actual Presidente. Destrozó de forma inmisericorde programas que funcionaban sin siquiera intentar mejorarlos o darles continuidad. No los enumeraré. Lo leemos a diario. Y todos sabemos cuáles son pues convivimos con sus terribles consecuencias.
¿Demoler la casa de Xóchitl? Idea salida del equipo de Sheinbaum. ¿En serio? Si no fuera tan patético y preocupante daría risa. Pero también causa preocupación… ¿semejante atrevimiento y prepotencia? Mientras tanto, Xochitl nos ofrece un “pacto de iguales: “la esperanza nunca muere, la esperanza solo ha cambiado de manos, con esa esperanza vamos a darle a México todo lo que se merece”, enfatiza.
El actor Eduardo Verástegui convertido en predicador ferviente de la fe católica demuestra su absoluta falta de congruencia al intentar meterse a la contienda por la Presidencia solo para restar votos y hacer daño a las candidaturas femeninas. Cosa que también sucedería con Ebrard. Causar división y restar votos.
Más de 80 organizaciones feministas de todo el país están de fiesta ante esta perspectiva de la primera mujer Presidenta mexicana. Confían en que se harán políticas que den Justicia y Atencion a todas las “deudas que el país tiene con las mujeres”.
En medio de un fuego cruzado, la esperanza siempre expuesta a toda y cualquier clase de ataques, levanta su bandera con entusiasmo inusitado por las sorpresas maravillosas que el cercano futuro nos puede traer.— Mérida, Yucatán.
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Abogada y escritora
