Estamos viviendo en una sociedad que experimenta cambios a gran velocidad, que está siendo afectada en sus instituciones, sean de índole social o religioso, pero sobre todo que conduce a los individuos a un estado poco reflexivo, a tal grado que damos la impresión de ser una gran masa de personas manipuladas o influenciadas por las opiniones de quienes dirigen los medios de comunicación.

Llama la atención cómo las redes sociales se han convertido en el criterio que dicta la veracidad o no de las acciones realizadas por nuestros líderes.

Es preocupante mirar cómo una publicación electrónica tiene la fuerza para engrandecer o arruinar la vida de algún actor público de cualquier cargo.

Y en nuestro país la democracia no es la excepción ante esta avalancha de información, sea verdadera o falsa, que se está produciendo. Es por lo que, como Iglesia Católica, urge expresar y catequizar a todos sobre la crisis a la que está siendo sometido el proceso democrático, esto con miras a las elecciones que viviremos en 2024.

Cuando George Orwell escribió “1984” nos presentaba una sociedad vigilada y disciplinada, pero era una sociedad que estaba aislada y confinada a obedecer; es más, podríamos decir que su movilidad estaba restringida para que no pudiera escapar del control.

Ahora los tiempos son otros y la completa libertad a la que estamos acostumbrados pareciera darnos el dominio; sin embargo, veladamente ocurre todo lo contrario. La información subida a las redes sociales voluntariamente ha ofrecido el instrumento perfecto para que seamos esclavizados sin darnos cuenta.

Es preocupante percibir cómo la política y democracia dependen de lo que publicaciones y comentarios de tanta gente desconocida expresan para darle crédito o no; son pocos los lectores que antes de emitir un juicio reflexionan sobre la notificación que les llega.

Por tanto, la Iglesia Católica tiene el deber de promover y exhortar al diálogo y meditación de los contenidos propuestos como vías para una democracia sana y verdadera.

El actual filósofo coreano Byung-Chul Han expresa a este respecto que: “la digitalización del mundo en que vivimos avanza inexorablemente. Somete nuestra percepción, nuestra relación con el mundo y nuestra convivencia a un cambio radical. El tsunami de información desata fuerzas destructivas. Entretanto, se ha apoderado también de la esfera política y está provocando distorsiones y trastornos masivos en el proceso democrático. La democracia está degenerando en infocracia”. (Taurus, 2022).

Y tiene toda la razón, ya que ahora es evidente que una gran parte de la sociedad da aprobación ciegamente a la información que se presenta en las “mañaneras” o que los “otros datos” sean considerados como incuestionables. Hay que tener cuidado, hay que estar muy atentos, porque en las campañas políticas la difusión de discursos que nos ofrecerán los candidatos estarán sometidos a la publicación por redes sociales; por lo que esto implica un gran gesto de discernimiento de parte de cada uno de nosotros los ciudadanos, esto con la finalidad de no estar bajo el yugo de una infocracia, que manipule y elimine nuestra libertad de selección y elección del mejor postor a ser servidor público.— Mérida, Yucatán.

padrerolandocastillo@icloud.com

Presbítero católico

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán