La crítica nace del malestar interior de la persona que la emite y de la frustración que siente —Bernardo Stamateas
Hace ya unos meses, en este espacio, a la postura tomada por Hugo López Gatell (¡así, sin el título de doctor!) de arremeter contra los médicos de las farmacias al decir y cito textual: “Ponen en peligro la salud y la vida. Cuando se analiza esto de manera puntual se puede ver que en realidad es un gran engaño, ¿en qué sentido?, los consultorios adyacentes a las farmacias no resuelven los problemas de salud de mayor importancia”.
Pero fue más allá de la sensatez al señalar que, y de nuevo cito textual: “En Covid vimos muy problemático el abuso de antibióticos y esteroides que causaron muchas complicaciones e incluso la muerte de personas que fueron atendidas en estos consultorios”.
Sin ningún sustento científico, ante este grave señalamiento que tildó de ineptos y asesinos a los médicos de las farmacias, escribí: “Mezquino, miserable, insensato, cicatero, ruin, roñoso, infeliz, perverso, despreciable, vil, infame, inhumano…, me sobran adjetivos y me falta espacio para vomitar en letras los calificativos que provocan en mí la persona de Hugo López Gatell”.
Recuerdo haber recibido algunos reclamos airados de parte de evidentes partidarios de la 4T y hasta un reclamo paterno tildándome de haber sido grosero con el subsecretario, a lo cual argumenté la diferencia entre insultar y descalificar, entendiéndose que para esto último no empleamos groserías sino adjetivos calificativos.
Hace unos días el mentado funcionario anunció, si bien no con mucho bombo y platillo, sí con una desfachatez que ya no me sorprende en los políticos, sus aspiraciones para ser candidato a la jefatura o gobierno de CDMX.
Al ser cuestionado de que, si a pesar de su desafortunada gestión se sentía apto para este tipo de pretensiones, el susodicho declaró: “Diría que más que detonador, fue el catalizador de mi decisión, durante la pandemia, como nunca antes en mi vida sentí la responsabilidad de proteger a la gente y poner mis capacidades a su servicio, así me di cuenta de que mi compromiso social abarcaba mucho más que una respuesta técnica o limitada a la salud. Comprendí ampliamente la desigualdad social y el sufrimiento social que ya conocía, la diferencia es que pude constatar mi capacidad para cambiar parte de esta realidad”.
Y en una entrevista agregó: “Los grandes cambios económicos, políticos y sociales a nivel nacional son innegables; vamos a darles continuidad, a profundizarlos y extenderlos a la vida de las personas en las alcaldías, las colonias, los barrios y los pueblos”.
Ante este anuncio me quedé de inmediato: abrumado, patidifuso, anonadado, sorprendido, humillado, abatido, devastado, desolado, estupefacto, pasmado, atónito y turulato, entre otros.
Y es que en definitiva la carta de presentación de cualquiera que aspira a un puesto de elección popular está en relación con el aporte que pudiera dar a la sociedad. Ya hemos comentado el pésimo manejo que le dio a la pandemia: desde minimizar la enfermedad en sus inicios, emplear el modelo centinela en lugar de utilizar las pruebas rápidas para los posibles cercos sanitarios, el desdén al uso del cubrebocas, el “quédate en casa” mientras él se iba de vacaciones, el menosprecio a las recomendaciones de los expertos, su conversión de previsor a falso adivino, su rol de lacayo presidencial y no de servidor público; el manejo cuestionable de la aplicación de las vacunas, su mezquindad al no incluir en las primeras etapas a los médicos de instituciones privadas… y, un largo etcétera que condicionó en su estimación en el peor de los panoramas unas 60 mil muertes, quedando en cifras extraoficiales, en un estimado de 700 a 800 mil.
Por lo anterior, es claro que su desempeño en el manejo de la pandemia fue: deficiente, insuficiente, incorrecto, defectuoso, negligente, irresponsable, nefasto, funesto, aciago desafortunado, desastroso, fatal, calamitoso, trágico, catastrófico, ominoso, fatídico, deplorable, doloroso, fúnebre y luctuoso.
Pero además, en más de una ocasión este servidor público intervino en otras acciones en forma directa e indirecta, empleando a la misma Cofepris, que quedó bajo su jurisdicción, como punta de lanza para arremeter contra laboratorios de la Industria Farmacéutica Nacional que no se plegaron a las exigencias de la 4T, originando el peor e inimaginable de los desabastos de medicamentos; por si fuera poco, con una absoluta falta de empatía, para lo cual en el gremio médico y en el público en general, su simple presencia es la de un personaje: desagradable, antipático, odioso, repulsivo, insoportable, perturbador, incómodo, enfadoso, execrable y abominable.
Para rematar, hace unos meses se despachó con una iniciativa, la cual fue frenada por el Poder Judicial, para con un fallido decreto acabar con una treintena de Normas Oficiales Mexicanas (NOM), de impredecibles consecuencias de haberse concretado.
Él además es consciente de la avalancha de denuncias penales en su contra de personas afectadas por la muerte de familiares, claramente atribuibles al irresponsable manejo de su ejercicio. Pero dijo tener la conciencia tranquila y remató en una entrevista diciendo: “¿Lo del fuero?… Llevo tres años asediado por un discurso de odio…, ni modo, así me tocó vivir, considero que hay segmentos de la sociedad que han tenido la necesidad de reacomodar sus intereses y les preocupa una visión humanista del ejercicio del servicio público, también considero que puede haber opiniones diversas, estas acepciones en donde pareciera que yo necesito un fuero”.
Así o más: cínico, desfachatado, insolente, sardónico, desvergonzado, impertinente, impúdico, lenguaraz, atrevido, imprudente, soberbio, arrogante y petulante.
Es claro que sus aspiraciones quedan muy lejos de otros que por su desempeño como servidores públicos tienen los méritos suficientes, ya sea de Claudia Brugrada que, además ha “picado piedra” o el flamante exsecretario de Seguridad Omar García Harfuch, por lo que no es necesario vivir en la CDMX para poder tener una visión de quién es quién.
En una conferencia mañanera, antes de hacerse oficial, el primer mandatario confirmó las aspiraciones de López Gatell, agregando que es un gran funcionario que dio la cara durante la pandemia. He de confesar que, después de escuchar lo anterior, revoloteé como X’mahaná tratando de salir de mi habitación en busca de aire fresco.
¡En verdad, señor presidente!, qué ganas de: incordiar, molestar, irritar, hostigar, disgustar, mortificar, malhumorar, incomodar y desagradar.— Mérida, Yucatán.
arredondo61@prodigy.net.mx
Médico y escritor
