El “Dies irae” (Días de Ira) es la melodía que simboliza la muerte de un personaje o una tragedia. Se remonta al siglo XIII y a las misas de réquiem. Nada más exacto y preciso para citar ahora, ante la crisis del Medio Oriente, que como mancha oscura de marea roja, que no de algas, sino de sangre, se va expandiendo por el mundo entero.
La esperanza de paz en un futuro cercano se quema velozmente como las alas de una mariposa junto al calor de la luz. El hambre y la sed de venganza se agiganta sembrando terror, muerte, inanición, sed y desesperación. 203 rehenes se juegan como si fueran barajas con la efigie de la muerte entre los terroristas y los israelíes. Ninguno parece ni quiere ceder.
La masacre en un hospital con 500 fallecidos y más de 200 heridos, hace un par de días en un hospital de Gaza, de la que no aceptan ser responsables ni Hamás ni Israel, ha aumentado el terror y la desesperación en la población. El vídeo de “The Associated Press”, muestra cómo el fuego devora el edificio. Se pueden vislumbrar alrededor de los terrenos los cadáveres calcinados de niños y adultos. Escalofriante.
La crisis humanitaria es un hecho. La visita del presidente Biden en un intento que dando nuevamente apoyo total a Israel, insta también a moderar los ataques, no ha servido de mucho. Estos continúan.
Los tráilers con ayuda para los refugiados en la frontera sur con Egipto que traen agua, pan, alimentos y medicinas están detenidos pues ofrecen abrir el paso y por una razón u otra es Egipto quien se niega a recibirlos o Israel que no los deja pasar. La sombra de la muerte se pasea entre ellos con la calma de la presa segura.
Los “días de ira” y el deseo de venganza se extienden en el Medio Oriente tanto contra Israel como contra Estados Unidos, su aliado incondicional. Las manifestaciones de odio contra ambos se expanden a varios países del Medio Oriente, en momentos en que la guerra en la Franja de Gaza se intensifica.
Estambul y Turquía hicieron un plantón frente al consulado Israelí e ingresarán a la fuerza con sus banderas y pancartas. También ha habido incidentes en la embajada de Estados Unidos en Beirut, Líbano; en Iraq; en la de Israel en Jordania; en la de Francia en Teherán, Irán, y en la del Reino Unido en el mismo país.
Casi 2,000 tunecinos frente a la Embajada de Francia apoyan a Gaza con gritos y amenazas y denuncian la “agresión” israelí contra la Franja y gritan: “¡Macron asesino, aliado de los sionistas!”
Las manifestaciones se convocan a través de las redes sociales. Se ha emitido una alerta para los ciudadanos estadounidenses en el mundo entero, en especial para los niños que están cerca del conflicto, para protegerlos y ser cuidadosos.
La realidad es que, las salidas políticas correctas son cada vez menores, porque el conflicto se amplía y la violencia se incrementa involucrando a los países árabes. Hezbolla es una amenaza real. Irán sostiene a Hamás, según los indicios. De modo que ni el dinero ni las armas serán escasas para ellos.
Los rehenes, entre los que se encuentra la mexicana Barbara Lango, afirma en su Facebook: “se nos está acabando el tiempo”. Y exactamente así es. Los minutos y las horas corren desenfrenadamente acelerando el proceso de la violencia. Y el peligro de una muerte cercana para ellos.
El involucramiento de más países árabes y la decisión de Israel de venganza total, y cuyas incursiones por aire mar y tierra no cesan pues son constantes y exactas, destruyen Gaza con determinación y sin errores para acabar con los terroristas, sus búnkers, pasadizos y túneles.
Deseo citar estas dos estrofas de “Dies Irae”en las que parece reflejarse el momento crucial que el mundo vive en estos días, desde el sábado siete pasado, ya van a ser 15, del ataque del grupo terrorista Hamás en la Franja de Gaza, en un concierto de música y los Kibutz de Israel.
“Será un día de ira, aquel día en que el mundo se reduzca a cenizas, como predijeron David y la Sibila! Será de lágrimas aquel día, en que del polvo resurja el hombre culpable, para ser juzgado”.
El mundo tiembla. La escalada de violencia es imparable. Pandemónium. La definición es exacta: Reunión de demonios. “En las antiguas versiones del mito, la lucha se lleva al cabo entre el pueblo elegido y los restantes, pero dentro del pandemónium de estos hay uno que se convierte en enemigo arquetípico” a esto hemos llegado. Y aún nos falta mucho por ver y sufrir las consecuencias que repercutirán en el mundo entero. De hecho, ya lo hacen.
García Lorca nos recita desde la tumba en alusión a “La sangre derramada” que intitula este comentario: “No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No ¡¡Yo no quiero verla!!— Mérida, Yucatán.
Abogada y escritora
