… “aquello que me invita a demorarme, a permanecer, en la que la voluntad de mí, se retira, para permanecer, es que ciertamente estoy ante lo bello” —Byung-Chul Han
Cuando se habitan los espacios de las obras arquitectónicas de Peter Zumthor (Basilea, 1943) esto se hace a través de la percepción del cuerpo, del deambular de éste entre sus espacios, de la luz, sus claroscuros, de los materiales, las texturas y el silencio. Peter Zumthor ha dispuesto la escena en las termas de Vals, de tal manera que, el que mora en esos espacios experimente su propia intimidad.
Las termas de Vals situadas en el cantón suizo de Graubünden, son un ejemplo palpable de lo que este gran arquitecto, Premio Pritzker 2009, es capaz de lograr en la proyección de sus espacios. Al volver cómplice al tiempo arquitectónico lo torna su aliado y junto con la textura propia del material, sin alterar las cualidades de la naturaleza de este, mostrándole su respeto, así como la inclusión imperiosa del manejo de la luz, Zumthor va dando vida a lo que él llama “atmósferas”.
Las atmósferas para Peter Zumthor son lugares donde nos conmovemos. Es el lugar donde el tiempo se detiene y el infinito se presenta. ¿Alguna vez has sentido que es tal tu pasmo, tu felicidad, que el tiempo corre sin que tú lo percibas? Nuestro autor se pregunta y nos preguntamos “¿Cómo pueden proyectarse cosas con tal presencia, cosas bellas y naturales que nos conmuevan una y otra vez?”
En este espacio, la gente detiene su paso, su cuerpo se abandona en el diván, descubriendo el paisaje y quizá muchos contemplándose a sí mismos; volviendo a Zumthor, “son cosas bellas y naturales que conmueven una y otra vez”.
Una y otra vez la percepción del cuerpo en el espacio —en el lugar–atmósfera— arriba de manera inminente la necesidad imperiosa de deambular entre sus espacios; Zumthor logra, con ello, que la persona se apropie del espacio, porque al poner en juego todos y cada uno de los siete sentidos provoca en él la reacción del movimiento corporal, vivenciando para sí, toda la intención que Peter quiere transmitir en el habitar los espacios de las Termas de Vals.
“Presto atención —expresa este arquitecto— a la meticulosa escenificación de la tensión entre el interior y el exterior, la apertura y la intimidad; cuido mucho los umbrales, las transiciones y los límites”.
En ese vivenciar el cuerpo da cuenta de sus emociones, sentimientos y se manifiestan los pensamientos, grados de intimidad. El espacio-atmósfera nos transforma y nos transfigura en otras personas. El espacio-atmosfera ¡ha hecho de las suyas!
¿Cómo es ello? Zumthor ha dispuesto una serie de espacios cámaras cuyo suelo se desfonda y se llena de agua, agua de color, de un color que se asocia a las diferentes temperaturas del agua, agua llena de elementos que nos acarician y una luz que se asoma por algún agujero, espacio-cámara que permite que el cuerpo manifieste sonidos disímbolos y reverberen éstos entres sus paredes.
Así se van suscitando momentos lúdicos y sensuales. Nuevamente la luz, el material, las texturas y la percepción del cuerpo en el espacio, su respuesta corporal, han hecho de las suyas, han puesto al habitante en la disposición de conmoverse y encontrarse con lo bello.
Byung-Chul Han expresa “aquello que me hace salir de mí mismo para permanecer en lo otro, en el otro… que me sumerjo y me sumo… estoy en presencia de lo bello”.
Pétreo que acompasa la vivencia, la experiencia sensorial e intelectual, que perteneces al mundo natural, que moras en las canteras de Graubünden.
Te elige Peter Zumthor para que te sumes a la puesta en escena de estos espacios-atmósferas que hacen vibrar, que donan una experiencia única e individual, intima, que invitas ha ser tocado.
Un pétreo que, Peter conserva tu textura, que le permites que te de una forma nueva, que junto con él compones y delimitas los espacios, que generas claroscuros y misterio.
Pétreo que se acomoda a la idea de llevar la cantera a las termas o las termas a la cantera, generando un dialogo permanente, contiguo, contigo y la naturaleza.
Cuando se vivencian los espacios arquitectónicos, es decir hacer que lo que pasa se vuelva una experiencia vital, el papel del cuerpo es significativo. Al observar, escuchar, oler, degustar y tocar, se allega el inminente contacto, contacto que nos arrima al Yo, a lo otro, al Otro. Ese acercamiento produce emoción, placer, pasmo o nos excluye.
Marquerite Yourcenar en su libro Memorias de Adriano propone una teoría del contacto en el cual el misterio y la dignidad del prójimo consistiría en ofrecer al YO un punto de apoyo a partir de ese otro mundo del prójimo y añadiríamos al mundo que se nos ofrece en la reunión con el espacio arquitectónico. En el habitando las termas de Vals, es el mundo de lo mágico, misterioso que invoca al misticismo.
La percepción corporal, el movimiento quinestésico, cenestésico del cuerpo, son fundamentales para degustar la belleza, claridad, el amor a la naturaleza y sosiego que transmiten los espacios de esta obra arquitectónica.
Como bien dice el arquitecto Carlos Mijares Bracho: “La arquitectura es una experiencia plural en tanto que todos nuestros sentidos se entregan y mucho más que una experiencia estática visual… es una vivencia dinámica y corporal, una compleja y fascinante expresión del movimiento”.— Mérida, Yucatán.
Docente de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac Mayab
