Elevar la calidad educativa debe ser prioridad en los gobiernos del orbe. Sin embargo, no todos logran la meta anhelada por diversos motivos, sea por los bajos apoyos económicos que se otorgan a la educación, los proyectos, programas y planes educativos que se aplican o a la falta de interés de las autoridades.
En nuestro país a través de los diferentes sexenios han surgido diversas reformas educativas enarboladas por el gobierno en turno. Lamentablemente, se convierten en cambios abruptos que, en diversos momentos, han causado confusiones, inquietudes e inconformidades. Al final, las deficiencias educativas persisten.
Las pruebas que se aplican para evaluar los avances académicos de los alumnos en los diversos países muestran los adelantos, estancamientos o retrocesos. En algunos momentos hemos quedado mal evaluados, incluso con números reprobatorios.
Recientemente, el anuncio de los resultados de la prueba PISA (Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes), aplicada a estudiantes de 15 años en 2022, en 81 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, muestran las deficiencias que tenemos en Matemáticas, Lectura y Ciencias. De los países evaluados ocupamos el sitio 51. Un lugar nada envidiable.
Estas deficiencias no son nuevas, pues en otros momentos hemos salido mal en estas pruebas, pero sí es importante reflexionar sobre estos resultados, no ignorarlos y buscar estrategias para mejorar los aprendizajes y elevar la ansiada calidad educativa.
Es decir, hay que prender los focos de alerta ante estas deficiencias. Es necesario buscar caminos, en el hogar y la escuela, para mejorar estos números en rojo.
Es cierto que en el mundo la calidad de la educación sufrió estragos ante la pandemia y el claustro que vivieron educandos y las familias. No fue fácil para muchos los meses de encierro y seguir por línea las actividades escolares. Muchos no pudieron seguir estas actividades por la falta de materiales y el internet. Y esta prueba fue aplicada después de la pandemia, lo que arroja estancamientos y retrocesos, por tanto, es natural que las deficiencias se hicieran presentes y en algunos países sean más notorias las lagunas académicas.
Es más, la pandemia trajo situaciones complejas en muchos niños y niñas. Hay menores que debían entrar a la escuela y no ingresaron por la pandemia, otros nacieron en ella y vivieron el encierro en los hogares. Ahora, una parte de esos menores son alumnos con ciertas dificultades para relacionarse con otros niños y dificultades para los aprendizajes.
Ante todo esto, hay un panorama nada halagüeño en la educación del país que arrastraremos por las secuelas de la pandemia. Y comenzamos a ver resultados negativos, pues en esta reciente evaluación bajamos peldaños y la calidad y los aprendizajes quedaron entredicho, pero esta situación debe analizarse, autoevaluarnos y buscar caminos para salir adelante de este bache educativo.
No debemos pasar por alto estos resultados, ni minimizarlos. El gobierno federal, por voz del presidente, no fue cauto ante la evaluación de la prueba PISA y minimizó los números reprobatorios. Es importante reconocer nuestras deficiencias educativas, analizarlas y sin apasionamientos buscar acciones que ayuden a ir adelante.
El hogar tiene un papel determinante en la educación de los hijos. Aquí es donde los niños y niñas se forman y adquieren aprendizajes diversos, desarrollan hábitos y pueden ser estimulados para fortalecer la creatividad y la inteligencia.
Los padres pueden apoyar a los hijos en la lectura. No es fácil ante otros hábitos adquiridos y el uso desmedido de los celulares y las redes sociales. Muchas horas invierten los menores y adolescentes en esos aparatos digitales, que bien, una parte de este tiempo, pudieran invertir para leer. Si poco a poco los padres buscaran estrategias para desarrollar el gusto por la lectura se daría un logro importante por la calidad educativa.
En las escuelas es necesario estimular el gusto por los libros y dedicar tiempo en las aulas para leer y redactar. A veces solo falta buscar caminos y abrir los espacios. Si hay lectura, reflexión y discusión, las matemáticas y las ciencias serían más fáciles de entender y se podría trabajar mejor con estas materias.
A veces los niños y adolescentes necesitan estímulos para desarrollar sus potencialidades, creatividad y gusto por aprender. Pero es necesario que los padres y maestros implementen acciones y actividades que despierten esas inquietudes.
Con estos resultados todos quedamos reprobados, pues los números rojos reflejan lo que padres, maestros, autoridades y adultos en general estamos haciendo por las nuevas generaciones. La pandemia nos golpeó en el avance educativo, pero hay que buscar juegos espacios para salir adelante.
No podemos seguir viendo la calidad educativa como un arcoiris, hermoso, pero inalcanzable. Hay que hacer algo para fortalecer a las nuevas generaciones. Hay que dedicarles tiempo a los hijos para leer con ellos y fortalecer sus habilidades, potencialidades y creatividad. Es dar el primer paso y trabajar en casa.
Urge llevar a los hijos y educandos hacia los libros y desarrollar el gusto por aprender, investigar y conocer el entorno. Que el internet y la tecnología en general la utilicen para lograr mejores aprendizajes y conocimientos, no para juegos superfluos o acciones que en vez de ayudar a niños y adolescentes a desarrollar aptitudes las entorpezcan y los roboticen. Hay que revertir esos números rojos, hay que evitar, entre todos, que la educación siga reprobada. Mérida, Yucatán
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