Aunque pudiera parecer algo prematuro hablar de las líneas programáticas que habrá de impulsar la próxima administración estatal, el curso de las precampañas electorales ha hecho aflorar ámbitos del desarrollo económico y social de la entidad que requerirán la atención esmerada del próximo titular del ejecutivo.
Resulta sano y fecundo que Joaquín “Huacho” Díaz y Renán Barrera —los dos principales precandidatos a la gubernatura— se estén acercando a los sectores dinámicos de nuestra vida pública, realizando con ellos lo que ahora suelen llamarse diálogos circulares, ejercicio que consiste en que el aspirante político escucha con la debida atención los problemas que dichos sectores y actores le exponen, produciéndose un intercambio de ideas entre ambos, todo ello enfocado tanto a esclarecer la situación que guarda nuestra realidad económica, social, política y cultural, como a construir alternativas de solución para los viejos y nuevos problemas que dificultan o limitan el que se avance hacia un desarrollo integral y más equitativo.
Así las cosas, las reuniones de diversa magnitud que vienen realizando tanto el abanderado guinda como el aspirante albiazul con productores agropecuarios, pescadores, artesanos, obreros, docentes, amas de casa, mujeres, jóvenes, etcétera, constituyen una oportunidad excepcional para romper los viejos cánones en los que el político que aspira al poder se siente poseedor de la verdad absoluta y de las soluciones que pueda brindar a los problemas subyacentes en los diferentes sectores, aunque esto conduzca a las consabidas poses de simulación y demagogia.
A tono con lo anteriormente señalado, si bien todos los sectores tienen singular importancia para la búsqueda de un desarrollo más equilibrado y menos desigual en el estado, es importante destacar dos ámbitos que requerirán una atención prioritaria en las plataformas programáticas de las dos grandes coaliciones político-electorales que se están disputando el poder: el campo y la educación.
Los indicadores sobre el estado que guarda el sector agropecuario, dados a conocer recientemente por Central 9, la Unidad de Investigación de Grupo Megamedia, revelan el grave deterioro que experimenta aquél, lo que obligará, en el corto plazo, a tener un diagnóstico más profundo sobre la evidente crisis que está afectando a este ámbito de la producción estatal.
Volver con urgencia los ojos al campo yucateco, mediante políticas incentivadoras, integrales y coordinadas adecuadamente entre los tres niveles de gobierno, constituye una acción de vital importancia, pues el tema de la seguridad alimentaria para todos los yucatecos representa algo esencial para nuestra sobrevivencia como colectividad social.
Hoy más que nunca sigue vigente el conocido lema “Sin maíz no hay país”, aunque de suyo una política de apoyo integral al sector en comento implica no sólo incentivar la producción y comercialización de esta preciada gramínea, sino también alentar la generación de los múltiples productos que se trabajan en el campo, considerando también el vasto subsector de las artesanías, y sin olvidar que toda la producción agropecuaria se engarza con otros aspectos primordiales de la vida regional y comunitaria, como son la rica gastronomía tradicional y otros bienes culturales de inconmensurable valor.
El otro gran rubro lo constituye el sector educativo, el cual constituye un factor primordial tanto para la movilidad social y como para el combate a la desigualdad persistente en nuestro estado.
Debe reconocerse que no obstante los considerables esfuerzos y recursos económicos que se le han aplicado, este sector no muestra signos de mejora; por el contrario, se aprecia un persistente deterioro en los niveles de logros académicos de los educandos.
Para ilustrar lo anterior, basta observar los resultados de la prueba Enlace 2012 (prueba que en mala hora fue eliminada), en la que se aprecia que el 60.1 por ciento de los alumnos de tercero a sexto grados de primaria resultó con niveles de insuficiente y elemental en Matemáticas, en tanto que en Español el 60.4 por ciento también quedó en estos pobres niveles de desempeño.
Asimismo, los resultados que arrojó la prueba Planea, aplicada en 2019 a estudiantes de tercero de secundaria de la entidad, muestran que en el campo de Lenguaje y Comunicación, el 41.3 por ciento de los estudiantes resultó insuficiente y el 40.1 por ciento alcanzó el logro básico, en tanto que sólo el 18.6 por ciento alcanzó los niveles de satisfactorio y de sobresaliente.
En el campo de Matemáticas, la citada prueba revela que el 65.6 por ciento de los estudiantes resultó insuficiente, el 21.7 por ciento logró el dominio básico, y apenas el 12.6 por ciento alcanzó niveles de satisfactorio y de sobresaliente.
Sobre la prueba PISA 2022 nos hemos referido a sus resultados nacionales en reciente colaboración (“PISA 2022: Alerta roja. Enormes desafíos a la educación nacional”; DY, 8 de diciembre, Local, p. 6), amén de artículo analítico y reflexivo publicado por nuestro apreciado colega de la UPN Macedonio Martín Hú (“¿Propuestas políticas? Alerta en la educación”; DY, 14 de diciembre, Local, p. 6).
Sin lugar a dudas, las brechas de desigualdad e inequidad socioeconómicas que aún persisten entre las escuelas urbanas, semiurbanas, rurales e indígenas, se traducen en niveles muy diferenciados en cuanto a los aprendizajes obtenidos, así como en las difíciles condiciones laborales que pulsan numerosos conglomerados del magisterio yucateco.
Como puede colegirse, y sin menoscabo de la atención que deba prestarse a los demás rubros del desarrollo estatal, es un hecho plausible que tanto el sector agropecuario como el educativo —éste último especialmente en el nivel de la educación básica— se encuentran en alerta roja, circunstancia que obligará a revisar y redefinir las políticas públicas dirigidas a estos ámbitos, con el firme objetivo de comenzar a revertir las tendencias negativas que los siguen aquejando.
Al tiempo.— Mérida, Yucatán.
canek_1999@yahoo.com.mx
Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
