Las mujeres representan la mitad de la población mundial y tienen un papel muy importante en el desarrollo económico y social. La distribución demográfica y económica está cambiando en relación con el ejercicio de las libertades. Algunos países, utilizando religión, costumbres u otras formas de control, intentan llevar a las mujeres a roles muy específicos, como ser madres, evitando darles educación y limitando su participación en actividades económicas y políticas fuera del hogar.
Por otro lado, la mayoría de los países occidentales están trabajando hacia la igualdad de libertades y derechos entre hombres y mujeres, lo que ha generado un experimento natural global con algunas implicaciones interesantes.
En lugares donde las costumbres y leyes consideran a todas las personas como elementos productivos, contribuyendo a la economía y asignando puestos según méritos en lugar de género, se observa un aumento en la productividad de empresas y en la economía en general. Esto se debe a la capacidad de grupos diversos para tener diferentes puntos de vista sobre los problemas. No es solo la diferencia de perspectivas, sino que la dinámica de grupo se vuelve más social, permitiendo que fluyan aspectos más humanos, colaborativos y empáticos, fomentando la creatividad e innovación.
Mirando un ejemplo extremo, en Corea del Sur, debido a cuestiones de mejoras en educación y libertades en años recientes, la tasa de natalidad es muy baja, lo que está causando problemas económicos por la falta de dinamismo. Si no corrigen estas tendencias en los próximos 40 años, la población podría enfrentar graves problemas sociales y económicos al no poder envejecer de manera positiva. Otros países, como Japón, España e Italia, también enfrentan desafíos similares.
Desde el punto de vista económico, las familias son el corazón de la sociedad, impulsando su dinamismo. Estos experimentos naturales con los países nos están mostrando que más allá de la igualdad de género, necesitamos sociedades con familias fuertes y unidas que, cuando jóvenes, tengan hijos y los ayuden a desarrollarse y alcanzar su potencial. A pesar de las ideologías para promover la igualdad de género, es esencial reconocer la importancia de las familias en el tejido social y económico. La colaboración y el respeto entre hombres y mujeres son fundamentales, pero también lo es el apoyo a la formación de familias saludables. Los países necesitan un justo punto medio respecto a los roles y aportaciones por los integrantes de las familias.
En esta temporada navideña, recordemos que la unidad familiar es un regalo invaluable. Al reflexionar sobre la igualdad de género y el papel esencial de las mujeres en la sociedad, celebremos también la importancia de construir hogares sólidos y llenos de amor. Que la alegría y la armonía reinen en nuestros corazones y hogares, recordándonos que, independientemente de nuestro género, todos somos parte de una gran familia humana.
¡Felices Navidad y un próspero año nuevo, lleno de equidad, amor y esperanza para todos!— Mérida
Candidato a doctor en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable por la U. Anáhuac-Mayab
