Edgardo Arredondo artículo en Diario de Yucatán

En vísperas de un nuevo año, sería muy grato decirles que todo será fácil; desgraciadamente, no es así —Salvador Allende

Hace dos años para estas fechas comentábamos y con sobrada sapiencia que el 2020 fue un año para el olvido, encabezando la lista de algunos otros considerados malos, trágicos, aciagos, funestos.

Decíamos que había el suficiente material para que alguien escribiera, en unos veinte años, alguna novela que se llame: “El amor en los tiempos del coronavirus”, “Diario del año del coronavirus” o una versión actualizada del “Decamerón”. La pandemia sacudiendo con todo a la humanidad entera.

Ahora vemos tan lejanos los días en que se reportaron los primeros casos en China, cuando nos dominaba la incredulidad: “Aquí no va a llegar” …, “va a pasar lo mismo que con la gripa aviar”. Cuando tuvimos los primeros casos, pasamos del escepticismo a la incertidumbre…, hasta que la muerte comenzó a tener el rostro de conocidos y saltamos de la incertidumbre a la angustia y de ahí al miedo y la zozobra.

A casi tres años de iniciada esa pesadilla, la capacidad de asombro se transformó y en cierto sentido se perdió. Las fiestas decembrinas de 2020, si bien algo truncas, no se suspendieron con los semáforos en rojo, la mayor parte de la población rompió el confinamiento.

“Ya vienen las vacunas”, era el eslogan justificante. Con un López Gatell y su perorata de merolico, pues mientras se hablaba de la probabilidad de rebrotes, en México las autoridades se ufanaron más de una vez en tener domada la curva: en efecto los rebrotes nunca se vieron porque ésta no se aplanó.

Los mismos que en su momento dijeron que no nos preocupáramos por la delta o la ómicron, que no había por qué cancelar vuelos y un lamentable etcétera.

Y así vino el infortunio con actitudes absurdas del presidente desafiando el uso del cubrebocas (solo con Biden se lo ponía), decir que la pandemia le vino como “anillo al dedo”, o al negligente subsecretario que dijo que habría seis mil muertos y en el peor de los escenarios sesenta mil…

Los mismos que en su momento alardearon de: “Misión cumplida ya llegaron las vacunas”, que se logró la meta de vacunación, se les agradece y reconoce, pero desafortunadamente con un tufo partidista y un uso pro-electorero que al final no les impidió estar parados en una pila de 800 mil mexicanos muertos.

Lo peor es que las calamidades no llegaron solas. La culpa es colectiva, pero, por si faltara poco, el Sector Salud golpeado, la política errática sobre todo en la compra y abasto de medicamentos que respondió más a una rabieta presidencial que a una estrategia bien planeada y, llegó a medidas pueriles de revancha como la cancelación de plantas de laboratorios farmacéuticos (Pisa y Psicofarma).

Una actitud de confrontación con el gremio médico, con la desaparición del Seguro Popular, el fracaso del Insabi, el nacimiento del Frankenstein llamado IMSS-Bienestar y la injustificada contratación de médicos cubanos.

No se permitió, hasta ahora, que empresarios y gobernadores puedan comprar, vender o distribuir las vacunas anti Covid, las últimas, tan buenas que podemos decir que vienen remasterizadas, y menos mal, porque la vacuna Patria que estaría lista en 2021, luego en 2022 y ahora en diciembre del 2023 (o sea… ya mejor para el próximo año) no más no va a servir para nada, pues al igual que las que hoy ofrece el gobierno, la Abdala y la Sputnik, fueron hechas con la primera cepa, la delta, la cual ha desaparecido, o sea usted formará anticuerpos contra un virus que ya no existe…, algo así como que usted decidiera vacunarse hoy contra la viruela. Aun así los expertos dicen que, si pueden dar algo de protección, ya la decisión de aplicárselas es personal.

Dejamos 2023 y empezamos en breve con 2024, es el último año del actual gobierno (todo merece un final) con un México poco cambiado: la violencia no para, estamos entrando a la normalización hasta del tipo de justicia, los recientes hechos ocurridos en Texcaltitlán con la exculpación de pobladores por actuar en legítima defensa, era prácticamente el clamor popular; el colmo hubiera sido que el Estado que no puede garantizar la seguridad, además juzgue a la gente harta de la extorsión.

¿Recuerda usted cuándo en su campaña el señor presidente decía: “Bienvenidos hermanos de Centro América, aquí hay trabajo para todos”?

El problema de la migración, si no es propio, se le ha desbordado. Terminamos este año y aún no somos Dinamarca en cuestiones de salud, yo solo pido ser el México antes de 2018, cuando menos.

La megafarmacia, que ya se inauguró, administrada por BIRMEX (que ya ni vacunas produce) y el Ejército mexicano, sí leyó bien, otra más para la SEDENA, además de dar risa por lo absurdo de la empresa, será tema en las futuras campañas y debates, pues es evidente que no se puede sostener más el darles continuidad a las ocurrencias presidenciales en un tema tan delicado.

Se descubrió un laboratorio clandestino en Jalisco donde se maquilaban medicamentos falsos, otra consecuencia más del desabasto.

Pues inaugurar es facilísimo: así se hizo con Mexicana y un solo avión que además era del ejército, o el tren transístmico con furgones oxidados…, ¡para el llanto! Ahí están las megaobras, el AIFA tratando de captar vuelos y pasajeros, el Tren Maya a darle un voto de confianza, aunque no entiendo por qué no se destaca más (palomita a la 4T), como corolario, el gran apoyo que se ha dado al rescate de zonas arqueológicas con el programa PROMEZA.

La refinería aún sin refinar, pero hay esperanza porque ambos bandos ya están hablando cada día más de las energías limpias. Los programas de asistencia social (otra palomita) que no solo deben continuar, deben mejorarse, pero sobre todo eficientarse y, despojarlos de fines propagandísticos y electoreros porque pierden el valor de su esencia y más en el adulto mayor que no le impacta en el bolsillo por el tema del costo en salud.

En la educación que los resultados de la prueba PISA sea un acicate y no motivo de un mayor encono (¡Hágase la buena!).

Volviendo al tema inicial, en medio de mil lamentos, ¿qué le espera a nuestro país en 2024?, en un ambiente electoral con la sombra de la intromisión de manos turbias en este asunto y olvidándonos de cuestiones que nos pegan además de la migración como: las guerras de Ucrania -Rusia y Israel-Hamás, un año que debe ser mejor que 2020.

El Covid con todo y su variante Pirola nos debe hacer los mandados con las nuevas vacunas que están llegando a México.

Se acaba el año, viene el último de la 4 T, ojalá escuchemos un mejor discurso: nada bueno augura hablar de continuidad de lo que ha salido mal y mucho beneficiaría la autocrítica, el saber dar giros suaves de 180 grados, no necesariamente golpes de timón, el mea culpa, el manotazo en la mesa con un ¡ya basta!

Pero más que nada un discurso de unidad, no más un México confrontado, no más encono hasta en las familias, una auténtica división de poderes y un Estado de Derecho, pero sobre todo que sigamos gozando de la libertad de disentir, respetando otros argumentos, aunque sin estar de acuerdo, sobre todo cuando son bien intencionados, pero, carecen de sustento y se convierten en ocurrencias.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán