Filiberto Pinelo Sansores
Filiberto Pinelo Sansores

Para ganar en Yucatán, la derecha apunta a sembrar la división en las filas del partido guinda.

Y a lo que apuesta la izquierda para ganar esta batalla y hacerse de la gubernatura del estado y la alcaldía de Mérida es a sembrar en la conciencia de los yucatecos, en general, y los meridanos, en particular, la idea de que la única manera de que las grandes mayorías accedan a todos los beneficios del movimiento nacional de transformación que encabeza el presidente del país es que deje de gobernar el estado la derecha y sea la izquierda quien lo haga.

En la entidad, la batalla por el poder ejecutivo estatal está muy cerrada, entre el PAN y sus aliados, por un lado, y Morena y los suyos, por el otro, y menos competida —en favor del PAN, es cierto— en la lucha por la alcaldía meridana, según dicen todas las encuestas.

De tal modo que una división en el seno de cualquiera de los dos bandos puede significar la derrota de quien la sufra. Mientras el PAN ha transitado en caballo de hacienda en la etapa del proceso electoral en que nos encontramos, mostrando aceptable unidad entre sus miembros, Morena está siendo víctima de fuertes turbulencias que lo sacuden, que de no ser superadas pesarán en los resultados del enfrentamiento.

La cada vez mayor perturbación interna que está poniendo en peligro la nave de la izquierda es la designación del clavadista Rommel Pacheco como candidato a la alcaldía meridana por la coalición. A partir de que este saltó de la plataforma del PAN y cayó en la ancha alberca de Morena se desató un repudio generalizado contra su persona, tanto dentro como fuera del partido, impulsado, en primer término, por algunos de sus competidores internos, y en segundo —obviamente— por los voceros de la derecha, escándalo que no ha parado, sino, por el contrario, se ha hecho cada día más intenso y peligroso.

De no tomar la dirección nacional de Morena las medidas pertinentes para solucionar el problema y dejar que éste continúe, será muy difícil que la esperanza de miles de yucatecos, cifrada en el triunfo de la izquierda, se concrete en Yucatán en los comicios de 2024.

Voto para Morena

Quienes forman parte de este partido deberán valorar qué es lo que más conviene, tanto al agrupamiento en el que están inscritos como al pueblo al que dicen servir: llegar a esa elección profundamente divididos o hacerlo en condiciones que garanticen el triunfo de su movimiento que en Yucatán puede quedar pospuesto para un futuro incierto cuyo retraso puede durar, por lo menos, otros 6 años.

Es un hecho que los partidos de la derecha han sufrido desprendimientos importantes en el estado; el PRI está moribundo y el PAN pasa trabajos por que su gente no emigre. El amigo Libo estuvo a punto de hacerlo. Y durante las precampañas, fueron publicadas noticias sobre el trasiego de políticos en Yucatán, de vieja data en el PRI o el PAN.

Recientemente, se publicaron en el Diario dos notas, el 31 de diciembre y el 2 de enero, sobre actos de apoyo a Joaquín Díaz Mena de 200 ex alcaldes priistas y de 40 ex ediles panistas, en cada caso.

La pregunta obligada es ¿por qué desertan priistas y panistas? Unos, porque llegan a la conclusión de que el partido donde militan no defiende los intereses que dice, sino los contrarios y otros porque ven en la política una ocupación de la que quieren vivir por siempre, pero en el partido donde están el espacio se hace, cada vez, más chico.

Y quien está recibiendo hoy a los decepcionados o insatisfechos es Morena. Asimismo, ningún partido rechaza los miles de votos a su favor que representan las deserciones de los adversarios que se le suman.

Asimismo, Morena ha tenido que lidiar con el hecho de que es un partido abierto, que en sus estatutos admite postular a cargos de elección popular a personas que no militan en él, siempre y cuando se sometan a la regla de oro que para el efecto usa que es medirse con otros aspirantes —miembros del partido o externos— en encuestas a población abierta.

La acusación que, por lo menos, dos de quienes dicen haber participado en el proceso para designar al candidato a la alcaldía meridana hacen es que no hubo tal encuesta, sino una simple designación.

Por eso, la dirigencia nacional de Morena está obligada a esclarecer si la designación obedeció al resultado de la encuesta a la que convocó o como dicen los inconformes fue resultado de un arreglo cupular.

Si lo hace y demuestra que hubo encuesta y que, efectivamente, en ella salió como mejor posicionado el clavadista, los impugnantes internos deberán acatar el resultado —eso, si, en verdad, están en ese partido por principios y no por conveniencia—; si aquella no lo hace, la perturbación que la protesta está ocasionando, a no dudarlo, se convertirá en un gravísimo obstáculo para el desarrollo de las campañas del partido en la entidad afectando muy negativamente la posibilidad de que en nuestro estado triunfe el movimiento que AMLO encabeza.

Ambas partes deben valorar el daño que pueden causarle al pueblo yucateco si anteponen sus intereses al de éste pues la consecuencia será que continúe gobernando el PAN en Yucatán y se sigan saboteando proyectos trascendentes que benefician a la sociedad.

Ejemplo de ello es que el gobernador panista Mauricio Vila no ha querido firmar dos importantes convenios con el gobierno federal, uno, para incorporar el estado al nuevo sistema nacional de salud que con la mayoría de los estados del país está construyendo y otro y para extender la protección social a los discapacitados desde los 30 a los 64 años.

Habrá que resignarse, también, a seguir aceptando gobiernos elitistas que destinan más dinero a hacerse sus líderes campañas personales permanentes en lugar de usarlo para mejorar las condiciones de vida de los millones de marginados que viven en Yucatán. ¿Verán los miembros de Morena más allá de sus narices? La historia lo dirá.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

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