Con su rugosa mano izquierda, don Polo Ricalde y Tejero sostenía un pequeño ejemplar, de aspecto ajado y hojas amarillas, que leía entre sorbo y sorbo al expreso cortado que tenía en la derecha. Pasaba las hojas con el pulgar izquierdo para no soltar la pequeña taza.
—¿Qué clase de libro es ese, don Polo? —preguntó su amigo Ángel Trinidad al llegar a la mesa que aquél ocupaba en un pequeño café del norte de la ciudad—. ¿De qué rincón olvidado lo sacó? ¡Mire nada más, qué feo! Pequeñísimo, además.
Don Polo terminó de leer un párrafo, colocó el separador de hojas —“¡jamás dobles la esquina de la hoja para marcarla! No cometas esa bajeza contra un libro”, le dijo a su amigo— y, levantando el volumen de poco más de cien hojas y quince centímetros de altura, exclamó:
—Esto que ves aquí es la prueba irrefutable de que el tiempo puede ser derrotado.
Su amigo pidió un café americano e hizo una mueca de extrañeza.
—¿Qué se fumó, don Polo?
Aún con el libro en alto, añadió:
—Ajado, sucio, con las hojas amarillentas y vistos sus mejores años pasar mucho tiempo atrás, este libro sigue cumpliendo a la perfección la función para la que fue creado. Mientras las hojas estén completas y las letras legibles, lo demás es… lo de menos.
—Lo que acabo de leer —prosiguió—, alguien lo leyó en este mismo libro hace cincuenta años, en hojas blancas y relucientes. Y desde entonces desconocemos por cuántas manos y ojos ha pasado. Y ahora yo, vagando por un bazar de viejo, esos lugares mágicos donde puedes encontrar lo que a otros no les sirve y a uno puede maravillar, hallé esta obra (“Ficciones”, Jorge Luis Borges) buceando en el fondo de un cesto plagado de libros menos viejos que el que ves. Así pues, es tan joven como cuando se imprimió.
Apuró el poso del expreso cortado y añadió:
—La derrota al dios Cronos va más allá. Borges murió en 1986 y, mira, está aquí conmigo, contándome cuentos. Visto así, ¿es correcto decir que el argentino murió?
—Pues… no sé cómo responder a eso.
—Alguna vez oí a Facundo Cabral decir que Ernesto Sábato le dijo, hablando precisamente de Borges, que “hay que desconfiar de los genios porque a veces se hacen los muertos”. Me parece una sentencia precisa. ¿Quién puede decir que murió Beethoven?, agrega Cabral.
Yo añado que una visita al palacio de gobierno nos confirma que Fernando Castro Pacheco no ha muerto y esperemos siga con nosotros por muchos años, lo mismo que Lizama, Manzanero y tantos más.
—¿Y todo esto por ese librito sucio?
—No. Pero este que tú llamas “librito sucio” es también una puerta al pensamiento e invita a reflexionar en escenarios posibles… e imposibles, y también a meditar sobre el espacio y el tiempo. Y justo ahora, debemos analizar sobre esto.
—El espacio en el que estamos y el tiempo que vivimos, quiere usted decir.
—En efecto. Los yucatecos, los mexicanos en general estamos por tomar una de las decisiones más importantes, acaso la que más, que marcará nuestro futuro inmediato y mediato. Como te he insistido, el voto es uno de los activos más valiosos que tenemos los ciudadanos, no lo desperdiciemos ni minimicemos.
—Tanto me lo ha dicho que me siento la persona más empoderada del mundo al saber que tengo en mis manos la posibilidad de decidir nuestro futuro.
—Bien por ti. Así debe ser. El voto no es parte del paisaje. Solemos restar importancia y dar por hecho las cosas por las que no hemos luchado, olvidando que otros sí lo hicieron y eso nos ha dado libertad y la posibilidad de un futuro mejor. Pues bien, si no luchamos por alcanzar el sufragio efectivo y por crear instituciones que lo promuevan y defiendan, nuestra lucha debe ser por no perderlo y, en este orden de cosas, por aprovecharlo al máximo y darle su justo valor.
—Entendido, don Polo.
—En el escenario que estamos, darle su justo valor significa considerar todos los elementos posibles y los escenarios a los que nos podemos enfrentar en caso de que gane una u otra opción.
De ninguna manera podemos estar seguros de lo que sucederá en nuestra ciudad, estado y país si gana una u otro, uno u otro, una u otra, en una contienda de dos, como la que afrontaremos en las tres latitudes. No podemos adivinar, insisto, pero sí podemos inferir qué vendrá si una u otra opción alcanzan el poder. Es ahí donde debe empezar nuestra reflexión.
—Y más allá. Volviendo a Borges, tengamos en cuenta el espacio y el tiempo en que nos encontramos. No es lo mismo el espacio mexicano en el momento actual que en el pasado o en el futuro que queremos construir. Con ello me refiero a qué sucede en nuestro espacio: confrontaciones, inseguridad, oportunidades o no, crecimiento o no… Ese análisis es válido para nuestro espacio México, Yucatán, Mérida, comisaría, colonia… Lo que sucede ahí puede determinar nuestras preferencias.
—Vayamos al tiempo. ¿Qué ocurre en este minuto, en este año, en esta actualidad que nos invita a decidir por una u otra opción a fin de avituallarnos bien rumbo a la aventura de los próximos años, en nuestro país, estado, ciudad y entorno más próximo? ¿Cómo cada opción nos colocará ante el mundo, puesto que no somos entes aislados?
—Así que, ya lo sabes, no puedes llegar a la casilla el 2 de junio sin estar lo suficientemente preparado y consciente de por qué votarás por uno u otro. Votar como autómata sería no sólo un desperdicio, sino un despropósito y un pecado de lesa ciudadanía —remató.
—Usted lo ha dicho.— Mérida, Yucatán.
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
