A medida que se acerca el día en que los ciudadanos renovaremos la presidencia de la república, las dos cámaras del Congreso de la Unión, 8 gobernaturas estatales, la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, miles de Ayuntamientos y decenas de congresos estatales, crece la guerra sucia de quienes siempre han usado métodos reprobables para derrotar a un adversario.
Toda la maquinaria de la derecha se ha puesto a andar al costo de miles de millones de pesos para tratar de desprestigiar a quien ocupa la presidencia del país, Andrés Manuel López Obrador, a fin de mancillar su imagen.
Como chango viejo no aprende maroma nueva, tal cual hizo en 2006 —y también, aunque en menor medida, en 2012 y 2018— ha echado a andar su máquina de calumnias y mentiras contra quien encabeza el movimiento que, venciendo grandes obstáculos, está transformando al país para darle un “golpe demoledor”, a él, a su partido y a la candidata de éste y revertir la inminente derrota que, como todos los indicadores muestran, sufrirá la oposición en unos meses.
A falta de programas para convencer no le queda más que mentir, calumniar y buscar alianzas en el extranjero que la ayuden en sus fines a cambio de abrir las puertas del país, en caso de triunfar, a sus cómplices de afuera.
Así ha actuado durante todo el sexenio pero como no ha tenido resultados, en lugar de cambiar de estrategia ha aumentado la intensidad de sus acciones. Sus propagandistas de allá y de acá andan muy activos, inventan hechos calumniosos que luego propagan buscando que los mexicanos compren sus mentiras. Lo único que consiguen es exhibirse, porque caen por su propio peso.
Uno de los últimos y más inescrupulosos bulos que ha inventado, es el de que el presidente López Obrador recibió “alrededor de 2 millones de dólares” del narco en 2006 para su campaña.
Actuando en nado sincronizado a partir de una publicación de un periodista norteamericano, Tim Golden, que dice haber hecho una investigación con testimonios de agentes de la DEA y un testigo protegido de esta, conocido como “Jennifer” —que también fue usado por Calderón para encarcelar a funcionarios de seguridad que le informaron de la corrupción de García Luna— la derecha y sus propagandistas han armado una gran campaña para desprestigiar al mandatario.
Pese a que Golden dice en su texto que su “investigación no determinó de manera concluyente si López Obrador había aprobado las supuestas donaciones de los traficantes, ni siquiera si sabía de ellas” y a que reconoce que lo armó “sobre la extensa cooperación de un ex operador de campaña y un narcotraficante convertido en informante”, con poco rigor periodístico —pese a sus dos Pulitzer— sigue adelante con su difamatorio relato pues su propósito no era encontrar alguna verdad sino dar un instrumento de propaganda a la facción que tiene como una de sus metas destruir a AMLO y a la candidata del partido de ambos, Claudia Sheinbaum para encumbrarse de nuevo.
El “informante” del que habla Golden y al cual identifica en su libelo es Roberto López Nájera, persona que funge en Estados Unidos como testigo protegido con la clave de “Jennifer”. Es un aventurero del mundo del tráfico de las drogas, primero reclutado por el gobierno de Calderón que lo usó para deshacerse de figuras probas que le estorbaban cuando su operador García Luna hacía tratos con el narco. Sus mentiras le sirvieron para meter a la cárcel a dos inocentes que confiaron en él sin saber lo que les esperaba. Posteriormente, la DEA lo adoptó.
El 9 de mayo de 2007, el subsecretario de la Defensa Nacional, Tomás Ángeles Dauahare, alertó a Calderón que el secretario de Seguridad Pública García Luna, estaba relacionado con el crimen organizado. “Señor presidente, le dijo, su secretario de Seguridad está involucrado con el crimen organizado”. “Dígamelo por escrito”, le respondió aquel. El general lo hizo. La respuesta fue su destitución. Poco tiempo después, fue encarcelado.
El 15 de febrero de 2008, Javier Herrera Valles, Coordinador de Seguridad Regional de la Policía Federal Preventiva (PFP), denunció a través de una carta dirigida a Calderón la compra de vehículos y la contratación de personal vinculado a la delincuencia organizada por parte de colaboradores cercanos a Genaro García Luna, titular de la entonces Policía Federal Preventiva (PFP). De inmediato fue removido de su cargo y, a continuación, también encarcelado.
Ambos fueron acusados por Calderón de diversos delitos. ¿Y quién fue el “informante” que inventó las historias que sirvieron para encarcelar a aquellos dos inocentes? Jennifer, el mismo que acaba de servir a Tim Golden para armar su calumnioso escrito.
Los dos acusados falsamente permanecieron varios años en la cárcel. Los embustes del testigo viperino les destruyeron las vidas. Finalmente, ambos salieron de prisión, con un simple disculpe usted, porque los jueces determinaron que no había pruebas de las acusaciones.
En su texto Golden pone afirmaciones falsas como la de que Mauricio Soto Caballero, activista de la campaña de AMLO en 2006 fue la persona que recibió el dinero para dárselo a Nicolás Mollinedo, jefe del equipo encargado de los mítines durante aquella; que él, Soto, había sido filmado y videograbado en acciones que demuestran que se convirtió en informante de la DEA bajo amenaza y que en esta condición grabó dos veces a Mollinedo sin que éste se enterara y entregó las grabaciones a agentes de aquella. Pura patraña.
Tanto Soto como Mollinedo han salido a muchos medios mexicanos a denunciar lo falso de todo lo que Golden —y otros que lo secundaron— han propalado.
Soto ha dicho: “aquí estoy, nunca me he reunido con nadie de la DEA. El guión de Jennifer es falso. Si, como dicen, tienen pruebas, les exijo que las muestren”.
Mollinedo, a su vez, ha retado a los calumniadores a mostrar sus pruebas. Hasta el momento ni Golden ni la DEA han respondido. Quedaron atrapados y sin salida. Es condenable que desde el extranjero se quiera influir en el proceso electoral de un país ajeno usando mentiras para esos fines. Y, peor aun, que sus cómplices en el nuestro queden callados cuando son descubiertas.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
