Rodrigo Llanes Salazar () / Patricia Dzul Canul ()
“El mural que más me gustó es el del niño”, nos comenta un vecino de Santa María Chí, una comisaría de Mérida ubicada a 20 kilómetros del oriente de la capital del estado. “Expresa la impotencia del niño de cómo está quedando su comunidad, cómo va a ser el futuro, una impotencia ante lo que está sucediendo”.
¿Y qué está sucediendo en Santa María Chí? Como muchos pueblos de la región, a lo largo del siglo XX, la población de la comunidad se dedicó a la producción de henequén, particularmente a la desfibración de este agave.
Y, como también sucedió en muchos pueblos yucatecos, a finales del siglo XX, ante la larga crisis de la industria henequenera, muchos henequenales comenzaron a ser sustituidos por granjas porcinas. En muchos casos, estas granjas solían ser pequeñas, pero algunas de ellas fueron creciendo exponencialmente, a tal grado que hoy ya son mega granjas con más de 40 mil cerdos.
De acuerdo con información pública, la granja de Santa María Chí, también llamada “Santa María”, tiene alrededor de 42 mil cerdos. Lo que no tiene son permisos ambientales. Así, nos encontramos con la situación de más de 40 mil cerdos para una población de menos de 500 personas.
En los últimos años, vecinas y vecinos de Santa María Chí han vivido en carne propia y denunciado algunos de los efectos asociados con la granja porcina: la elevada contaminación del agua de los pozos, la pestilencia provocada por las excreciones de los cerdos, el tráfico de los camiones que trasladan a los cochinos y su comida, el ruido, la invasión de moscas y mosquitos.
A eso sumemos la violación de sus derechos como comunidad maya a ser consultados de manera previa, libre e informada sobre la ampliación y operación de la granja, el atropello a sus derechos de acceso a la información en asuntos ambientales, entre muchos otros.
Regresando al tema del mural, también el comisario de Santa María Chí nos comenta que el del niño es el fragmento que más le gusta, pues muestra cómo está quedando la comunidad: seca, con el suelo infértil. La imagen referida nos muestra a un niño sentado en cuclillas, llorando, con un suelo seco y fragmentado. También ilustra flores tristes, así como una manta hacia el fondo que dice “No vendas tu pueblo”.
El mural fue elaborado por un grupo de cinco muralistas, quienes, después de haber visto un video que se publicó sobre la kermés que Santa María Chí y organizaciones como el Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán realizaron en agosto del año pasado en defensa del agua y de la vida, se interesaron por la situación que estaba atravesando la comunidad.
Entonces, el comisario habló con la directora de la escuela primaria de la comunidad para presentarle la propuesta de realizar un mural sobre el tema del medio ambiente de la comunidad. Ante la aceptación de las autoridades escolares, los artistas hicieron el mural los últimos días del año pasado.
En un inicio, se propuso que el mural se realice en la barda que rodea el casco de la hacienda de Santa María Chí, el cual tiene un importante valor histórico y patrimonial para la comunidad. Muchas de las personas que trabajaron como desfibradores en la hacienda recuerdan que en ese espacio se construyó la escuela en la que estudiaron, se erigió la capilla a la que acudían, utilizaban la pila de agua de la hacienda, entre otras prácticas que hoy aún viven en su memoria.
No obstante, actualmente, los pobladores de Santa María Chí ya no tienen acceso al casco de la hacienda, el cual es propiedad de la misma familia dueña de la granja Santa María. Por esa razón, decidieron no hacer el mural en el casco de la hacienda, sino en un espacio público.
El mural está compuesto de cinco partes. Viéndolo desde el parque en frente de la escuela, en la esquina derecha observamos a personas y cerdos en armonía, con la leyenda: “La contaminación nos afecta a todos. Cuidemos nuestro ambiente. ¡Juntos podemos!”. A su izquierda se encuentra la ya comentada imagen del niño en cuclillas en el suelo seco.
Luego viene la imagen del centro, la que inmediatamente atrae la atención: un cerdo viendo de frente, enseñando los dientes, con sombrero de policía y con billetes en una de sus pezuñas. La versión anterior era aún más malévola, pues en ella se mostraban los labios rojos del cerdo y dos grandes colmillos.
Después vemos una imagen del paisaje kárstico de Yucatán, con un cenote cerrado y, en la superficie, un enorme cerdo negro y un complejo residencial detrás de él. A su derecha, leemos: “¿Es justo? Derecho a la salud!! Derecho a nuestros recursos!!”
A la izquierda vemos la imagen de una niña con los ojos cerrados y la boca abierta. Para algunos vecinos, la niña está riendo; para otros, está llorando. Junto a ella está una mariposa monarca, y a los márgenes está escrito: “La salud mental empieza cuidando el medio ambiente, la madre naturaleza, el amor, la vida. Queremos niños y niñas felices, los queremos sanos”.
Finalmente, en la esquina del lado izquierdo, vemos los dibujos de dos niñas con huipil sacando a un cerdo vestido con traje y sombrero, la clásica imagen del “cerdo capitalista”, el cual se lamenta “Buaaaa!! No me salió”.
El viernes pasado, personal de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán se presentó en Santa María Chí para quitar el mural. No lo hicieron, pero advirtieron que regresarán esta semana con un oficio para borrar la obra.
Es importante mencionar que muchas de las autoridades que se han visto implicadas en el proceso de retiro del mural no ven el problema con la granja como un conflicto socioambiental sino que lo conciben como una situación ajena a ellos, que ocurre únicamente entre la granja y un par de personas del lugar, lo cual resulta peligroso para la lucha que están realizando las personas del pueblo.
Es importante que las autoridades reconozcan la situación como un conflicto socioambiental, pues las y los vecinos de Santa María Chí así lo hacen. Para ellas y ellos está implicando afectaciones ambientales a su agua y aire, y el mural es una de las formas en las que se busca generar conciencia y acción ante la situación.
Ciertamente, para algunos vecinos de Santa María Chí el mural resulta un tanto agresivo, pues muestra explícitamente el problema de contaminación en el pueblo y retrata de manera negativa a los cerdos. Para otros vecinos, el mural es la única forma en que quienes pasen por la comunidad pueden enterarse del problema que está viviendo Santa María Chí, por lo que es importante que se preserve.
Asimismo, las y los niños y adolescentes de Santa María Chí están conscientes del problema de contaminación y los conflictos provocados por la operación de la granja, y varios de ellos han expresado que les gusta el mural.
En general, las encuestas en todo el mundo nos informan que las nuevas generaciones, incluso las infancias, están mucho más conscientes sobre los problemas ambientales, incluyendo la contaminación del agua y los problemas de salud que trae consigo.
Las autoridades estatales han sido omisas con respecto a muchos de los derechos de la comunidad de Santa María Chí relacionados con la operación de la granja Santa María. Se deberían respetar las diferentes formas en las que las personas de la comisaría han decidido exigir y hacer efectivos sus derechos.
De igual forma se tendría que entablar un diálogo entre autoridades y vecinos antes de quitar de forma autoritaria los murales.— Mérida, Yucatán.
Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM
Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales de la UNAM
