“Lo maté porque le tenía miedo”. La angelical monjita quedó azorada al escuchar a aquella mujer que ante todos nosotros se puso en pie para decir que ella sí había faltado al quinto mandamiento: no matar.
La religiosa nos daba una plática a quienes seríamos padrinos o madrinas de bautizo. Habló de los diez mandamientos de la ley de Dios, y dijo: “Desde luego entre nosotros no hay nadie que haya matado a alguien”. Fue entonces cuando ella se puso en pie y dijo con voz queda pero que todos pudimos escuchar: “Yo sí, madre”.
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