Una credencial de 1984 ejemplifica la fortaleza de la complicidad entre funcionarios y criminales, y la tolerancia de los presidentes mexicanos con ella.
A los pocos días de que los capos del Cártel de Guadalajara asesinaran a Enrique Camarena, agente de la DEA, Fernando Ortega informó en “Proceso” que “las credenciales que identificaban a Caro Quintero y a sus pistoleros como agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) de la Secretaría de Gobernación estaban vigentes y firmadas por el entonces todavía director de esta corporación, José Antonio Zorrilla” (15 de abril de 1985).
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