Ernesto Guerra de la Peña. Ernesto Guerra de la Peña. Foto: Grupo Megamedia

El primer debate presidencial organizado por el INE fue como aquel amigo o amiga que te insiste durante días que vayas a su casa y, cuando por fin aceptas su invitación, durante tu estancia ni siquiera te ofrece un vaso con agua.

Tanto se esperaba del Instituto Nacional Electoral, que tenía la oportunidad de llevar al cabo por primera vez en la historia un ejercicio democrático de esta envergadura en casa, que todos pensábamos que estrenaría los mejores manteles y tiraría la casa por la ventana: refrescos, aguas de frutas exquisitas y la mejor jamaica.

Sin embargo, nos abrieron la casa del Tío Chueco. Fuimos testigos de un reloj tan celoso que apenas daba tiempo a las candidatas y al candidato. Además, un formato muy acartonado y aburrido que parecía una receta para el somnífero.

Una producción, iluminación y cambio de tomas que podría ser motivo de burla de un practicante de comunicación, y por último un fondo de pésimo gusto, que seguimos sin entender la profundidad de su significado (si es que lo tiene).

Hace algunos días, queridas lectoras y lectores, tuve el gusto de participar en el análisis del primer debate presidencial del Diario, en el que compartí desde mi punto de vista: que no se podía ver a un ganador del debate debido a que nadie destacó entre las candidatas y el candidato, pero no podemos pasar por alto que parte de la responsabilidad de ello fueron los errores en el formato.

Las candidatas y el candidato no pudieron abordar las propuestas en profundidad o ni siquiera presentarse adecuadamente frente a la ciudadanía porque la bolsa de tiempo fue reducida.

Tanto la candidata de la coalición Sigamos Haciendo Historia, Claudia Sheinbaum, como la candidata de la coalición Fuerza y Corazón por México, Xóchitl Gálvez, y el candidato de MC, Jorge Álvarez Máynez, han manifestado su inconformidad con el ejercicio del pasado domingo.

Pero no podemos solamente culpar al Instituto Nacional Electoral, también tenemos que señalar que el intercambio entre los tres aspirantes presidenciables careció de mucho nivel. Ninguno de los tres pudo explicar durante sus intervenciones cuál es su visión de país más allá de los colores que los respaldan. Se han desdibujado las posturas e ideales individuales, para pasar a convertirse en repetidores de discursos de sus plataformas políticas.

Un claro ejemplo de ello fue la deficiente participación de la candidata Xóchitl Gálvez. La candidata carismática y espontánea, quien levantó el vuelo durante el cierre de su precampaña con un discurso contundente en el que mostraba su visión de país a través de una serie de valores como la vida, la verdad y la libertad, fue opacada por una Xóchiltl desencajada, nerviosa e incómoda.

Los asesores, en lugar de aprovechar el talento que la hizo conectar con tantos ciudadanos y que produjo que se convirtiera en la aspirante mejor posicionada para ser candidata de la oposición, la llevaron a realizar frases prefabricadas y a seguir un manual de comunicación en el que nunca se vio identificada.

Perdió su esencia. En resumen: Si el debate tenía como objetivo que las personas conocieran la oferta política de las y el candidato, el resultado no fue el correcto.

Ante este mal sabor de boca (o mejor dicho, la sed, porque no nos ofrecieron nada con qué pasar el mal trago) que nos ha dejado este primer ejercicio, los consejeros electorales han admitido su error y señalado que tomarán cartas en el asunto.

Según lo comentado por una de las consejeras, la Dirección de la Administración será la encargada de tomar la decisión de si habrá una penalización a la casa productora Hull Circle por su desempeño durante el primer debate. Lo preocupante es saber que para un ejercicio con tantos desatinos se utilizó un presupuesto aproximado de 10 millones de pesos. Además, el panorama no es alentador, ya que la misma casa productora, contratada por el Instituto Nacional Electoral, llevará al cabo el segundo debate el próximo 28 de abril.

Es importante que el debate a la gubernatura de Yucatán, que se celebrará el próximo 5 de mayo, no cometa los mismos errores de logística y formato que convirtieron el debate presidencial en un ejercicio aburrido y totalmente acartonado.

La reciente decisión del Consejo General del IEPAC de designar a Kristel Guzmán y Mauricio Espinoza como moderadores me pareció una medida acertada.

Los comunicadores deben tener la capacidad de facilitar un diálogo constructivo, imparcial y equilibrado entre las y los candidatos, priorizando el intercambio de propuestas y fomentando una discusión informada y transparente.

Considero que es crucial que las y los candidatos: Renán Barrera Concha de la Coalición Fuerza y Corazón por México; Joaquín Díaz Mena, de la coalición Sigamos Haciendo Historia; Vida Gómez de Movimiento Ciudadano, y Tina Tuyub, del PRD, piensen fuera de la caja y se alejen del manual político tradicional.

Los ciudadanos quieren conocer en profundidad la visión de Yucatán de cada uno de ellos, en lugar de ver actores que simplemente repiten frases o discursos prefabricados que no reflejan su verdadera esencia. Ya veremos si hicieron su tarea…— Mérida, Yucatán.

ernesto.guerramx@gmail.com

Politólogo. Maestro en Comunicación Política y Marketing Electoral.

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