Dulce María Sauri Riancho artículo editorial
Dulce María Sauri Riancho

Dicen que los debates presidenciales no mueven las preferencias electorales de quienes los ven o escuchan. Que solamente un grave error de quien puntee en la intención de voto o un verdadero “campanazo” de la retadora (oposición), puede mover el tablero. Sin embargo, las percepciones de triunfo o la sensación de fracaso irradian un efecto importante en el ánimo de las y los seguidores. Así lo vimos en el primer debate el 7 de abril, cuando hubo una opinión casi generalizada en la “comentocracia” que la candidata oficialista se había impuesto sobre la representante de “Fuerza y Corazón por México”.

Valiéndose de la cómoda mayoría que le otorgan las encuestas, Claudia Sheinbaum permaneció inmutable frente a los intentos de su adversaria de cuestionar diversos aspectos de su propuesta y de su persona. Por su parte, Xóchitl Gálvez, enfundada en su traje sastre blanco, se mostró insegura y, a ratos, confundida frente a la indiferencia absoluta de su rival.

Las exageradas felicitaciones para la candidata del presidente cayeron en cascada, excepto una, la más importante, la de su jefe y mentor. Al presidente López Obrador no le gustó que su candidata, la misma a la que moldeó durante varios años, a la que defendió de sus fracasos, incluida la tragedia de la Línea 12 del Metro, se hubiera “olvidado” de los “logros” de su administración y no los hubiese defendido a “capa y espada” de los ataques opositores. Así se lo hizo saber en su ritual mañanero, y a través de notas editoriales de su periódico favorito.

No se necesitaba ser genio para comprender la enorme presión que resentiría Sheinbaum en su preparación y desempeño durante el segundo debate. Xóchitl Gálvez tuvo sus propios retos: el primero, corregir los errores y deficiencias, desde su incómoda vestimenta, hasta la forma de dirigir sus cuestionamientos a su rival, a quien calificó como “la dama de hielo”. La candidata opositora trabajó, ajustó y cambió lo necesario para regresar a su frescura original, a su actitud abierta y alegre que contagió e ilusionó a millones de ciudadan@s.

Así llegamos al domingo 28, al segundo debate. Los temas abordados fueron: Crecimiento económico y empleo; Pobreza y desigualdad; Infraestructura para el desarrollo; Medio ambiente y cambio climático. Se seleccionaron 8 preguntas videograbadas, de ciudadan@s de distintas regiones del país, dos por cada bloque. El arranque mostró la carga que llevaba a cuestas Claudia Sheinbaum. Desde su primera intervención apareció el mantra, repetido hasta la saciedad, del “segundo piso de la Cuarta Transformación”.

Mostrando absoluta enmienda de sus omisiones, la candidata oficialista se dedicó en cuerpo y alma, a defender al “primer piso”, el que ha diseñado y puesto en marcha López Obrador. Y en el camino, se olvidó de presentar, si es que las hubiese, propuestas propias que abonaran a su aspiración de ser presidenta de la república, y no una calca política de su jefe y mentor.

La carga de Xóchitl era también pesada. Eran las expectativas de que recuperase su autenticidad, al mismo tiempo que mostrara su conocimiento y aplomo para superar exitosamente a su rival. En su caso, se trataba de contrastar: visiones, ideas, propuestas.

Actitudes también. Pongo las intervenciones iniciales y finales de ambas candidatas como ejemplo de las enormes diferencias que afloraron a lo largo de casi dos horas. Por eso, frente al compromiso de la continuidad de la candidata oficialista, envuelto en el rechazo a la corrupción y privilegios del pasado, la abanderada opositora planteó de entrada su apuesta a la reconciliación nacional, “a construir un México unido, sin odio, sin división”, sin pobreza, de clases medias fuertes, en el que “se pueda salir a la calle sin sentir miedo”.

Consecuente, la candidata opositora se comprometió a poner fin a la extorsión, al cobro de piso, por ser el “principal problema económico de los mexicanos”. Sin ambages ni medias tintas, Xóchitl Gálvez señaló: “Los delincuentes ya tienen partido. Morena se ha convertido en un narco partido”.

La intervención final de ambas candidatas también contrastó. Claudia Sheinbaum volvió al principio, esto es, a dirigir un llamado a las y los mexicanos para construir el “segundo piso de la Cuarta Transformación”. Lo ha repetido hasta la saciedad, con particular insistencia después de la llamada de atención presidencial a raíz del primer debate. Desde la noche del 7 de abril ella decidió usar sus anteojeras, ese artilugio que se les pone a los caballos, para no distraerse un ápice mirando hacia los lados. Sheinbaum no engaña cuando dice que solo ve un camino, que es el que le marca y marcará el presidente López Obrador. Consecuente, Gálvez cerró con un llamamiento, una especie de proclama que reproduzco íntegra, porque condensa desde mi perspectiva, su propuesta de futuro:

“Hoy México tiene dos caminos: claudicar o despertar.

“Claudicar significa la corrupción, la violencia, la falta de medicamentos, las mentiras, el autoritarismo.

“Despierta, despierta, despierta. Sí podemos construir el México que nos merecemos.

“A ti panista, a ti priista, a ti perredista, a ti ciudadano, a ti morenista desencantado, te invito a que trabajemos en tres valores: “vida, verdad y libertad”.

“Traigamos la vida donde hoy se pasea la muerte.

“Traigamos la libertad a nuestras vidas.

“Eso es lo que necesita México, necesitamos libertad, no un autoritarismo.

“Si trabajamos juntos vamos a poder construir el México que nos merecemos, un México próspero y en paz.”

Colofón. Viene un tercer debate, el próximo 19 de mayo. Mientras, siguen las campañas, la de Yucatán con la próxima incorporación del gobernador con licencia. No hablo del tercer candidato que en este debate estuvo extrañamente obsesionado con atacar a Xóchitl Gálvez. No coincido con la estrategia de su partido, dirigida a ganar voluntades para el 2030. Ellos, los naranja, los fosfo-fosfo, como también se les llama, no calculan que para entonces ya pueden haber desaparecido las libertades que hoy les permiten participar, a ellos y a nosotr@s, en las decisiones fundamentales de México. Ojalá recapaciten. Citando al clásico: el futuro es hoy, hoy, hoy. —Mérida, Yucatán

dulcesauri@gmail.com

Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán

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