MÉRIDA.- Negar que en México hay democracia es como asestar un golpe mortal a la esperanza. ¿Nuestra democracia es perfectible? Sí. ¿Quisiéramos tener mejores políticos? Definitivamente.
El sistema partidista de nuestro país es una farsa, un berenjenal ideológico que desalienta la participación y, sin embargo, pienso que la única forma de aspirar a transformarlo es manteniendo vivo el espíritu democrático, no aniquilándolo.
Difiero con quienes creen que votar en medio de esta realidad es aceptar un contubernio con la clase política mexicana, hacernos cómplices. Por el contrario, salir a votar es decir: aquí estamos y aquí seguiremos, para fiscalizar, exigir y denunciar las desigualdades que hoy reinan en México, para repudiar la impunidad.
¿Por qué votar?
Elegir a quienes les exigiremos cuentas es el primer paso, no para darles un voto de confianza ciega, sino para seleccionar a nuestros interlocutores, para escoger con quiénes preferimos dialogar en la lucha por cambiar tantas cosas que están mal.
El voto es la puerta que nos encara con una clase política que nos tiene secuestrados, que es corrupta e ignorante, que en su mayoría privilegia el beneficio propio, pero a la que no le impactará la protesta silenciosa de tu abstencionismo.
Votar es la entrada a la arena desde la que deberemos seguir librando las más importantes batallas como sociedad; es enviar un mensaje claro de que, gane quien gane, ningún personaje político gobernará sin contrapesos sociales.- Érica Millet
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