Pareciera que todo ya está dicho. Los resultados de las elecciones del pasado 2 de junio que dieron a Morena un avasallador triunfo en las urnas han dejado a unos sorprendidos y a otros consternados y en negación.
La incertidumbre hacia el futuro es lógica y compartida por casi todos en esta etapa. Claro, también están quienes felices celebran el triunfo de un régimen que, en lo nacional, representa la continuidad de las políticas populistas del presidente López Obrador (entre otras continuidades más o menos peligrosas) y en lo estatal, arrebata al PAN y al PRI el gobierno por el cual fueron capaces de olvidar antiguas enemistades.
Si al nombrar a la oposición nos referimos a los partidos políticos (sus dirigentes y los gobernantes emanados de ellos), encontraremos personajes que mostraron más preocupación por conservar sus cotos de poder que por construir una alternativa sólida. Rehuyen asumir su responsabilidad. Ni Marko Cortés, ni Alito, ni Asís Cano, ni Gaspar Quintal han considerado presentar su renuncia.
Por otro lado, un sector de la ciudadanía que ve venir de frente el régimen que ansiaban derrocar en las urnas, en total negación, clama un fraude avalado por el órgano electoral cuya defensa ha dado espíritu a sus batallas, pero del que ahora cuestiona honestidad, o al menos, efectividad; otros pocos son conscientes de los errores que se han cometido en los gobiernos, en las contiendas y sobre todo, desde el seno de los propios partidos.
En algunos se manifiesta airadamente la incredulidad. No entienden a quienes no piensan como ellos. Los privilegios los nublan; el clasismo les impide ver lo que está ahí. Culpan a la gente por “ignorante y vendida”.
“¿Por qué alguien votaría por Morena?”, se preguntan desde sus vehículos con aire acondicionado. No hay asomo de autocrítica, no hay interés en entender que, de la realidad que compartimos, todos somos responsables.
“Ya no voy a dar 15% al mesero, ni propina al viene viene” se lee en un lastimoso meme que circuló en redes en las últimas semanas. “Si votaron por el gobierno, que el gobierno los mantenga”. Ningún ejemplo más claro y más grave que éste para ilustrar la polarización y la indolencia que nos tiene hoy enfrentados como sociedad, así como nuestra falta de información e incapacidad de comprender la profundidad de los problemas.
Existen otras ciudadanas y ciudadanos que pueden entender, a pesar de no haber dado su voto a Morena, que el hartazgo social que llevó a AMLO al poder en 2018 y la narrativa que ha refrendado mañana a mañana visibilizó a un sector que por fin se siente parte de su propio territorio y tomado en cuenta por una autoridad.
En Yucatán, fue muy claro que el voto oculto benefició a Morena y que de muchas maneras la dicotomía en el estilo de gobernar de Mauricio Vila, así como su dudoso apoyo al candidato de su partido, terminaron pesando en lo que resultó una avasalladora votación a favor de Joaquín Díaz Mena sobre Renán Barrera Concha.
Por un lado, las medidas grandilocuentes, lo que yo llamo el secuestro de la agenda de obras públicas en Mérida por parte del Estado y el desdén a lo propio, fueron algunos de los motivos que hubo para emitir el voto de castigo; para otros, la cercanía del gobernante estatal con AMLO terminó de redondear la paradoja.
Lo que algunos llaman el peor escenario posible se ha gestado en el país. Y no nos referimos a los gobernantes electos, su preparación o sensibilidad, sino a la falta de contrapesos que amenazan nuestro sistema democrático.
Está por verse, además, si Claudia Sheinbaum logra ofrecernos garantías en cuanto al Estado de Derecho en México y si Joaquín Díaz puede sacudirse el sentido de responsabilidad para con todos los desertores del viejo régimen que cerraron filas en torno a su candidatura, algunos de ellos francamente impresentables.
De nueva cuenta, la responsabilidad sobre el futuro del país y del estado recae en la ciudadanía, en nuestra habilidad de generar resistencia social, en la claridad para señalar las faltas de los gobiernos, lejos de fanatismos, sin importar el partido del cual provengan.
Resulta urgente creer en la fuerza ciudadana, organizarse para generar nosotros mismos los contrapesos necesarios; procurar la organización vecinal y de grupos y perfilar líderes comunitarios, lo cual será clave para el surgimiento de nuevas candidaturas que nos den auténtica representación.
Es un excelente momento para cuestionar desde la objetividad; exigir mejores gobiernos y también, por qué no, para sugerir la refundación ideológica de los partidos e, incluso, repensar el sistema democrático-partidista, que tanto nos queda a deber.— Mérida, Yucatán.
erica.millet@gmail.com
Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado
