Tras el apabullante triunfo del partido en el poder en las pasadas elecciones, quienes además de mantener la presidencia de la República han logrado mayorías en ambas cámaras (diputados y senadores) les permite mantener un control de 2 de los poderes de la República, Ejecutivo y Legislativo. Sin embargo, hay diversos hechos que han ocurrido tras conocerse esos resultados que han puesto muy nerviosos a los mercados financieros internacionales: a) la propuesta de reforma al poder judicial, el tercero de la República, hacia una elección de sus jueces por la vía de la elección, es decir, hacia la politización de este tercer poder; b) la sobrerrepresentación que han tenido los partidos en la cámara de diputados derivada de una incongruencia en la ley que aumenta la cantidad de representantes en la cámara de partidos ganadores en coalición y reduce la representación de los perdedores, sin que sea proporcional a la cantidad de votos recibidos.
Estos dos hechos han tenido consecuencias en la variable que más rápido reacciona a cualquier noticia en la economía, que es el tipo de cambio, en nuestro caso el más importante es el precio de dólar. Previo a la elección el tipo de cambio cotizaba debajo de 17 pesos por dólar, a lo cual el gobierno de México se enorgullecía dándole el nombre de “superpeso”. Pero tras la elección esta paridad llegó arriba de 18 unidades. Esta depreciación de 1 peso, por ahora, es resultado de la incertidumbre que acarrean las declaraciones de la futura presidenta, que sin tomar aún su autoridad ya tiene grandes retos que cumplir, por ejemplo la independencia de su gestión respecto a su antecesor y aún presidente del país.
El temor es más que fundado, hoy que se discute sobre la sobrerrepresentación y que el partido en el poder se niega a reasignar de una manera más justa e inequitativa se tiene la mejor muestra de lo que podría pasar en una condición de dominio de los tres poderes de gobierno. Siendo mayoría absoluta en el poder legislativo es fácil poder aprobar cualquier ley que convenga al poder en turno para preservarse por muchos años, 80 años es nuestra referencia que queremos olvidar y tanto cuestionamos, pero así es como comenzó esa etapa, con un poder absoluto dominado por el ejecutivo.
Especialistas en materia jurídica señalan por medio de diversos foros los riesgos que estos cambios en la manera en la que se elige a los jueces y magistrados, que no representa una transformación hacia una mayor eficiencia, sino solamente en la forma en la que son elegidos, para poder ganar espacios de representación política y concentrar el poder. Tristemente, parece que la historia se repite en materia política en México, a ver cuántos años toma recuperar la ruta democrática de división de poderes e independencia de éstos en la toma de decisiones, para ser contrapeso y no un conjunto alineado al servicio del ejecutivo. Ojalá nos equivoquemos todos aquellos que vemos con riesgo y preocupación estos cambios y sepan sabia y maduramente conducir los destinos de este maravilloso país.— Mérida, Yucatán.
Profesor investigador del departamento de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey.
