El sueño más anhelado en la mayoría de los mexicanos es dar mejores condiciones de vida a sus familias, aunque muchas veces no se realicen las acciones para lograrlos y se queden en simples actividades oníricas.

Se insulta o ensalza a los diferentes gobernantes y prácticamente la vida sigue igual en los grupos de más alta marginación.

En el año de 1950 se realizó Los Olvidados, la obra cumbre del cineasta español exiliado en México Luis Buñuel. Una película muy cruda que refleja la vida en los asentamientos marginales conocidos entonces como ciudades perdidas en la capital del país.

El filme triunfó en Cannes en 1951, recibió 11 premios Ariel y la UNESCO lo declaró Memoria del Mundo.

Realmente nos atrapa empáticamente el dolor por las carencias de toda índole en aquellos mexicanos a los que no llega la transformación con la educación y, por ende, el progreso.

El genio de Buñuel y la actuación de unos jovencitos acompañada de actores de experiencia, más la fotografía de Gabriel Figueroa, complementa esta cinta en blanco y negro. Desenmascara el triunfalismo de los gobiernos de la Revolución.

Los Hijos de Sánchez fue una obra de investigación del antropólogo norteamericano Oscar Lewis en 1961. Por cierto, fue censurada por el régimen mexicano al sentirse pregonado como fallido por aquello del Estado Estabilizador que presumía.

Lo que demostraba Lewis con sus estudios es que había un doble discurso oficial con los resultados de los triunfantes postulados de la Revolución. Aquella investigación publicada demostró las condiciones infrahumanas en las que vivían aquellos connacionales.

Trata de Jesús Sánchez, un campesino y su familia expulsados por la falta de oportunidades en el campo. El patriarca decide acabar con la miseria y sueña que en la Ciudad de México hallará la oportunidad dorada, sin embargo, al establecerse en un barrio céntrico de la capital, empiezan los problemas porque sólo lograron un espacio muy pequeño para vivir, lo que originó la falta de privacidad entre los integrantes, los alimentos fueron más exiguos que antes y los sueños se transforman la vida familiar en promiscuidad.

No fue un simple cambio geográfico, porque aquella decisión los llevó a un peor destino debido a la falta de oportunidades laborales y a las condiciones de vida, con los añadidos de violencia y abuso a las mujeres.

También la muy cruda la exposición de Lewis se llevó al cine en 1978 con la actuación de Anthony Quinn. La película no resultó tan buena como la anterior, incluso la crítica la señaló como Los Hijos de Quinn por el excesivo protagonismo de este actor, pero sí deja en claro la existencia de mexicanos al margen de los éxitos que presumieron los gobiernos emanados del partido hegemónico.

Todo lo anterior vino a la mente al ver las viviendas de la gente en pobreza extrema, cuando esos endebles asentamientos de madera, cartón y lonas fueron arrasados por unos los incendios presuntamente por las fugas de gasolina en los ductos de Pemex. Esas trágicas noticias muestran al mundo una muy precaria forma de vida. No hay diferencias con las condiciones de los años 50 o 60 en los escenarios de las obras arriba citadas. Resulta que la pobreza expuesta en los noticiarios de 2024, incluso parece superarlas.

Todos los gobiernos han tenido la buena intención de acabar con la pobreza, empezando con la extrema, pero, situaciones que emergen los ponen en jaque ante la sociedad y en el ámbito internacional.

Sin duda los programas sociales ayudaron mucho a paliar la situación de los más pobres, como en su tiempo lo hicieron aquellos proyectos de PRONASOL que favorecieron al desarrollo de la vida comunitaria, aunque ninguno ha resultado suficiente, quizá por la mala planeación o porque no se les dio la continuidad en el siguiente sexenio o se haya sustituido por caprichos, sin evaluar los resultados.

Ahora la virtual presidenta electa anuncia que no se saldrá de la línea del gobierno del cual emanó y aquello parece dogmático, considerando que todo proyecto u obra humana son perfectibles. Es buena la continuidad, mas no el continuismo.

Según la Real Academia de la Lengua Española, continuidad es la unión natural que tienen entre sí las partes de un continuo, en tanto que continuismo es la tendencia a prolongar una situación, una práctica o un comportamiento, tratando de evitar posibles cambios. Es, al fin y al cabo, un conservadurismo, ese que tanto escozor causa en los discursos presidenciales.— Espita, Yucatán.

pepetong@hotmail.com

Maestro de Políticas Educativas y Cronista

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