Dulce María Sauri Riancho artículo editorial
Dulce María Sauri Riancho

El domingo pasado cayó uno de los principios fundacionales del PRI. El “candado” que prohibía absolutamente la reelección de sus dirigentes fue abierto y desechado por las y los delegados a la XXIV Asamblea nacional del partido.

Expresidentes e integrantes del partido impugnaremos la legalidad de estas decisiones. De prosperar en los tribunales esta reforma, será posible la permanencia del actual presidente hasta por tres periodos consecutivos de 4 años. Es decir, Alejandro Moreno puede quedar al frente del otrora partido invencible hasta 2032.

Apenas había pasado la jornada electoral del 2 de junio, el lunes 3 para ser exacta, cuando se inició de forma precipitada la preparación para una asamblea nacional. Mientras los demás partidos opositores estaban luchando para contar y recontar los votos en las urnas; cuando se apuraban a defender con todas sus fuerzas sus escasos —pero significativos— triunfos, la dirigencia nacional del PRI empujaba al partido en su conjunto a cometer la primera de una serie de ilegalidades, todo con tal de lograr la reelección de su presidente.

Poco importó que aún estuviese desarrollándose el proceso electoral —que finalizará con la calificación de la elección presidencial por el Tribunal Electoral, antes del 6 de septiembre—, cuando está establecido que no podrá haber cambio alguno en los documentos básicos de los partidos ni en sus dirigencias sino después de esa fecha.

¿Por qué tanta prisa? Era la pregunta lógica. Es que el presidente del PRI tiene fecha fatal para concluir su mandato y cumplir la sentencia del Tribunal Electoral, que le alargó su permanencia hasta el final del proceso electoral.

Al presidente del PRI le importa mucho lograr que antes de ese día, se haya cumplido con la revisión de las reformas por parte del INE y la validación del propio Tribunal, trámite que toma alrededor de 2 meses. Entonces, podría convocar el cambio de directiva con las nuevas reglas que permiten su reelección.

De otra manera, tendría que hacerlo con las todavía vigentes, en la que el “candado” de la no reelección permanece.

Los presidentes de los comités directivos estatales del PRI, comenzando por el de Yucatán que presidió la mesa de Estatutos donde se quitó el “candado” a la reelección, están de plácemes. Si se reelige el presidente nacional, también los de los estados. No importa que sus resultados electorales hayan sido muy pobres, incluso al borde de perder el registro, como sucedió en Tabasco. Ellas y ellos se quedan, ¡faltaba más!

Motivos

¿Por qué quiere permanecer el actual presidente encabezando al PRI? Una pequeña bancada en la Cámara de Diputados frente a la mayoría calificada de Morena y sus aliados, vuelve intrascendente que el PRI esté o no en las negociaciones entre grupos parlamentarios.

Tampoco importa mayormente en las votaciones. Situación parecida se presenta en el Senado, donde solo se requiere a dos legislador@s que voten con la mayoría para alcanzar la cifra mágica de las reformas constitucionales. En el territorio, el PRI está reducido a su mínima expresión, pues solo gobierna dos estados: Coahuila y Durango.

Se dice en el caso de Alejandro Moreno, y de otros personajes de la política, que busca el fuero constitucional que lo proteja de posibles acusaciones penales en su contra. Eso no ocurrirá. Con los resultados electorales del 2 de junio, Morena y sus aliados políticos pueden nombrar a quien quieran en la Instructora de la Cámara de Diputados (se requiere mayoría calificada, que la tendrán), pueden desaforar (levantar el fuero) a quien ellos deseen. Nada ni nadie se los puede impedir. Esto incluye a los gobernadores de los estados (hasta los propios), ministros y ministras de la Suprema Corte, y cualquier funcionario que goce de esta protección constitucional. Por tanto, “arroparse” en el fuero no servirá el próximo trienio.

Queda el dinero. El único atractivo, aparentemente, es la administración de las prerrogativas del PRI, esto es, el financiamiento público que, de acuerdo a la Ley, reciben los partidos políticos.

Para que podamos dimensionar su cuantía, digamos que el PRI recibirá durante 2024 aproximadamente dos mil millones de pesos. Y a pesar de la disminución de su caudal de votación —base de los cálculos para asignar el financiamiento público—, tendrá seguramente en los siguientes 3 años suficientes recursos económicos para hacer del PRI un apetitoso bocado financiero. Pero aquí también tengo malas noticias para la ambición del campechano. Desde el inicio del sexenio que está por concluir, Morena ha querido reducir drásticamente el costo de los procesos electorales, no sólo lo que gasta el INE (aunque quede en sus huesos) sino también los recursos públicos asignados a los partidos políticos.

Este ajuste requiere una reforma constitucional con mayoría calificada. Morena no la tenía, pero la tendrá en la próxima legislatura. ¿Qué harán con el financiamiento público a los partidos? De inmediato, seguramente disminuirlo drásticamente. Desde luego, el PRI dispone de bienes inmuebles ubicados en sitios de buena plusvalía. Por ejemplo, el complejo de una manzana de Insurgentes en Buenavista, sede de su comité nacional, podría venderse, al igual que la Casa del Pueblo en Mérida, para compensar la reducción de dinero que reciba el partido. Para hacerlo sin mayor obstáculo, también se cambiaron los Estatutos en la reciente asamblea.

Poder, dinero y la absoluta discrecionalidad para repartir candidaturas, pueden estar entre las más importantes motivaciones de Alejandro Moreno para reelegirse como presidente nacional del PRI. Poco, nada importan los sentimientos de la militancia, que asiste al crepúsculo de su partido en medio de pugnas internas, chapoteando en el desprestigio. Muy significativo el control casi total demostrado el domingo pasado. Las estructuras formales del PRI: consejeros, presidentes de sus comités estatales, representación de sectores y agrupaciones, estuvieron presentes. Hubo caso omiso a la contradicción de que a mayor control interno, menos votos y más rechazo ciudadano.

Para sobrevivir, el único camino del PRI es abrirse a la democracia interna antes de que sea demasiado tarde. Después, solo asistir al funeral del que fue gran partido histórico de México. Al tiempo.— Mérida, Yucatán

dulcesauri@gmail.com

Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán

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