Siddhartha Gautama meditaba bajo la espesura de los árboles en su clásica posición de flor de loto. Al pasar junto a él, dos jóvenes alcoholizados que llevaban un instrumento musical de cuerdas, uno le dice al otro: ¡Es el Iluminado! Después de asentir el acompañante, deciden interpretar una canción de alabanza.
Al inicio se escuchaba disonante porque las cuerdas estaban flojas; entonces disponen ceñirlas y, lo hacen tan fuerte, que las revientan. El líder religioso oriental sale de su profunda meditación y les dice: “Como en la vida, ni muy laxa ni muy apretada, para hallar la exactitud armónica”.
Viene a colación esta anécdota leída hace años, al recibir la noticia, por episodios, de la conformación del gabinete que acompañará a la virtual presidenta electa, Dra. Claudia Sheinbaum.
La primera proclama fue muy bien recibida y dio tranquilidad a los inversionistas, hizo pensar en algo así como un “Dream Team” en el mundo de los deportes con el Real Madrid o Los Dodgers de Los Ángeles preparándose para ser campeones. Los subsiguientes nombramientos no lo fueron tanto, quizá porque haya quedado “flaca la caballada” en cuanto a la calidad de los futuros operarios y al percibir intromisiones para cooptar al próximo poder ejecutivo.
Se escucharon opiniones fuertes en contra de Mario Delgado como futuro titular la SEP, pero éste no es ningún improvisado para la conducción y administración en materia educativa. Fue titular de ese ramo en el gobierno capitalino cuando Ebrard lo encabezó.
Posee los atributos para la conducción de la Secretaría más grande del gobierno federal que requiere de talento político para lidiar con las organizaciones magisteriales ajenas al oficialismo, conocer del burocratismo y de los grupos de presión.
La asignación de Delgado, quien carece de prestigio académico, obedece en lo fundamental para dar continuidad a la Nueva Escuela Mexicana (NEM), cuyo modelo educativo fue creado al vapor y no quieren que suceda como con otros tantos cambios ocurridos en los gobiernos predecesores; además de colonizar a las universidades autónomas aplicando aquella máxima de “el que paga manda”.
Con el nuevo modelo curricular para la educación básica, en su esencia, no se pretende la enseñanza de conocimientos, habilidades y valores como antaño, cuando siempre se dio prioridad a la transmisión de los conocimientos por exigencias de los padres y de la sociedad que perseguían las menciones honoríficas desde el preescolar hasta la preparatoria, porque aquello encaminaría aprobar los exámenes, ante todo los de admisión para el siguiente nivel. No se veía más allá de la nariz.
La SEP, de acuerdo con la ley, es el único ente que puede hacer los planes y programas de estudio para la educación básica en el país, las entidades federativas han quedado como simples operarias con la posibilidad de realizar muy pocas adecuaciones a lo que de manera vertical les llega.
En la actualidad —y lleva algunos años— no se trata de saber, sino de valorar el saber, integrando el pensamiento crítico, la alfabetización computacional, el razonamiento, la argumentación y la innovación, solo en el campo cognitivo que tanto apremia a los padres y autoridades para no caer en los ridículos resultados de la prueba PISA.
Hay otros campos que pretende la escuela moderna, entre otros, la iniciativa, el aprecio a la diversidad, la metacognición y también para aprender a convivir desarrollar las habilidades de comunicación, la colaboración y la resolución de conflictos. (Hilton y Pellegrino 2012)
La NEM pretende formar a niños y adolescentes felices, ciudadanos críticos del entorno, emancipados y capaces de tomar decisiones benéficas para sus vidas y para los demás. El problema reside en que, desde las aulas, los programas oficiales impongan lo que se debe criticar y de qué emanciparse para pasar a otro domino ideológico.
Si bien se trata de formar alumnos críticos para su autonomía, ésta no puede lograrse con el bagaje de otros como dice Edwards, sino enseñar a desarrollar su propio poder. Los nuevos libros de texto, también de creación exprés, no son el camino para esa presunta libertad, porque son impuestos para adoctrinar según los criterios de quien manda.
La política educativa es el instrumento de los grupos en el poder para construir los sistemas escolares y sus currículos respectivos con el fin de someter, en forma velada a la sociedad, y busca su aceptación y consenso por medio de la propaganda hacia los rangos y estratos que pretenden dominar.
Esa es la consigna para Mario Delgado en el futuro gobierno, se percibirá su estilo de ejecución al propiciar la armonía o la disonancia.— Espita, Yucatán.
Maestro de Políticas Educativas y Cronista
