Recientemente en México hemos tenido un seguimiento muy cercano a un huracán que llegó del Caribe, donde alcanzó la categoría máxima causando daños patrimoniales y humanos en varias islas que encontró por su paso. Las alertas evidentemente se prendieron pues amenazaba su entrada al territorio nacional por Cancún, el principal destino turístico mexicano, donde ya se han enfrentado fenómenos de máxima categoría y causaron severos daños a la sociedad.

Pero también hemos visto una respuesta magnífica de la sociedad en esas regiones preparándose para recibir a dicho fenómeno natural, mediante la protección a sus bienes, resguardo de personas y mascotas, alojamiento en espacios seguros, lo que significó que el huracán, que finalmente llegó de categoría 1, no generara ninguna pérdida humana y pocas materiales. Desafortunadamente fue el segundo en la región y se sabe que los de mayor peligrosidad vienen en septiembre, así que no son buenos antecedentes.

Ante ello, es importante considerar que la preparación por potenciales riesgos ambientales implica inversiones de tiempo y recursos para administrar los riesgos de pérdidas, lo que significa un desvío de recursos hacia otros fines que se tenían previamente asignados. Entonces hay un cambio en el consumo de las personas que también afecta a los productores de los bienes que dejaron de consumirse, pudiendo generar un freno al crecimiento económico de ciertos sectores.

Pero también para las propias autoridades hay un problema severo, porque en caso de haber daños generalizados en la sociedad, se destinarán recursos a la reparación, como en Acapulco y las cuantiosas cantidades de dinero que han significado su recuperación, que como se sabe, si se destina a la prevención, esas cantidades se reducen mucho.

Por tanto, valdría la pena replantear la posibilidad de hacer una estrategia de financiamiento para la adaptación y mitigación de riesgos que pueda ser instrumentada por instituciones privadas y públicas, con el ánimo de reducir su vulnerabilidad ante los fenómenos climáticos y aumentar su resiliencia, lo cual evidentemente demanda estrategias coordinadas entre la sociedad, el gobierno y la iniciativa privada para poder ser efectivas. Este tipo de estrategias son cada vez más necesarias en amplios grupos sociales, aunque siempre habrá regiones más expuestas a tales afectaciones y resulten más vulnerables.

El no hacerlo, implicará poner en riesgo nuevamente los avances que se han tenido en la lucha contra la pobreza, pues como sabemos, un fenómeno natural puede hacerles perder todos sus bienes en apenas unas horas. Entonces adoptando una posición de prevención frente a estos fenómenos es la manera más barata y efectiva de lograrlo. Aunque siempre está la pregunta ¿Quién lanza la primera piedra o quién da el primer paso? Esperemos que al menos pronto comencemos a hacernos estas preguntas, pues la naturaleza no se detiene y muchos grupos de la sociedad se encuentran ampliamente expuestos a estos riesgos.— Mérida

Profesor investigador del departamento de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey.

Este tipo de estrategias son cada vez más necesarias en amplios grupos sociales, aunque siempre habrá regiones más expuestas

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