Edgardo Arredondo artículo en Diario de Yucatán

Nada se sabe bien sino por medio de la experiencia —Francis Bacon

Corría el año de 1990. Estaba en uno de los quirófanos del Hospital Magdalena de las Salinas (Vitorio de la Fuente) del IMSS, en Ciudad de México.

Una Unidad dividida en dos torres: una para Traumatología y otra para Ortopedia, cada una a su vez contaba con cinco pisos. Cada nivel estaba destinado a una sola subespecialidad. Uno de los mejores centros en la formación de ortopedistas del país.

En aquel entonces rotaba por el Servicio de Cadera en donde los profesores eran los más expertos en las lides del reemplazo protésico. Llevábamos una hora de tiempo quirúrgico, todo sin complicaciones, hasta que al momento de preparar el canal del fémur que se había fresado antes del cementado, vimos con ojos de espanto que la oliva de la cánula de succión colocada en su extremo había desaparecido y se había quedado alojada dentro del largo hueso, a unos 30 cm del orificio de entrada.

El cirujano en turno, uno de los más expertos, no tuvo empacho en pedirle a la enfermera que localizaran al jefe del servicio. Unos minutos después el Dr. Rodolfo Morales Loredo, hombre afable, de eterna sonrisa, hizo su aparición; analizó la situación y después de solicitar una radiografía, practicó una pequeña ventana en el sitio exacto y retiró el cuerpo extraño; acto seguido la cirugía siguió su curso.

El veterano maestro se quedó hasta el final en un ambiente más que relajado, haciendo bromas y bautizando al colega del desliz como el Dr. Oliva. Definitivo: hay cosas que no vienen en los libros de texto.

Esta anécdota viene a mi mente porque recuerdo a la perfección que en dicho hospital los médicos que estaban al frente de los servicios eran ni más ni menos que los más prestigiados, experimentados, con más solvencia académica y científica, en pocas palabras médicos que empezaron como todos “picando piedra” y después de años de bregar llegaron al puesto en donde estaban.

Sin temor a equivocarme los jefes de los respectivos servicios por los que roté eran además médicos respetados, admirados y apreciados por algo que solo el tiempo da: la experiencia.

De tal manera que hago la pregunta: ¿si tuvieras que confiar la vida de tu hijo por una complicada cirugía a corazón abierto, optarías por el decano cirujano con más de 300 procedimientos de este tipo en su haber, o le darías el voto de confianza al enjundioso, brioso e intrépido médico especialista recién egresado, formado con lo último en la cirugía cibernética y robótica?

En lo que confiere a la formación del médico, después de haber repetido en numerosas ocasiones una cirugía o algún otro procedimiento (más de cien veces, por dar una cifra) llega el momento en que ya es posible evaluar la actitud y aptitud para la respuesta en caso de alguna eventualidad.

Por este motivo, en muchas ocasiones un porcentaje importante de médicos continúa laborando en las instituciones que los formaron, que son centros de concentración. Se dice coloquialmente que los primeros cinco años como adscrito son en realidad cinco años más que se han agregado a la residencia.

El tiempo apropiado formativo de experiencia varía de especialidad a especialidad, pero es claro que en Medicina solo puede obtenerse con el factor tiempo y debe complementarse cuando se requiera en la llamada académicamente: “Medicina basada en evidencias”, en donde la teoría fundamentada en los estudios clínicos es el punto toral, aunque para algunos detractores es la “Medicina como receta de cocina”.

Y es que la calidad médica es uno de los objetivos de los cuerpos colegiados con exámenes de certificación y procesos continuos de actualización, que son pilares fundamentales en la experiencia que con los años de ejercicio profesional se adquieren.

La experiencia juega un papel definitivo en la gran mayoría de las situaciones cotidianas que se quieran analizar: Un avión en pleno vuelo entrando a una zona de turbulencia o condiciones atmosféricas adversas, es más factible que la libre si es piloteado por alguien con más de diez mil horas de vuelo en relación con un piloto recién egresado.

Incluso en los deportes, el equipo de futbol de mis amores, los Pumas de la Universidad han logrado más campeonatos cuando el equipo está formado en su mayoría por jugadores de la cantera teniendo de columna vertebral a tres jugadores veteranos.

En todos los ámbitos, la experiencia en ciencia, en las profesiones y hasta en cualquier actividad de la vida es crítica. Si bien es cierto que en el conocimiento algunos conceptos se aprenden a través de la experiencia, otros son tan básicos que no pueden adquirirse a través de ella. No veo desde esta perspectiva por qué no pueda aplicarse a la abogacía. En síntesis: la justa medianía pero nadie puede soslayar la importancia de la experiencia…, bueno, casi nadie.

En medio de la última turbulencia provocada por el proyecto de la llamada Reforma Judicial, López Obrador en relación con la elección de jueces y ministros declaró en una reciente conferencia mañanera: “Se nos fue en la iniciativa que deben de tener cinco años de experiencia los que puedan participar como jueces, magistrados y eso. Yo he estado en contra de eso y, sin embargo, se nos pasó, porque soy más partidario de que una mujer o un hombre que se titula como abogado sale con mucho entusiasmo de hacer valer la ley… los recién egresados están ‘llenos de frescura e ideales’ para llevar a la práctica la máxima de que “al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie”.

¡Qué tal! No importa que los peldaños más altos de impartición de la justicia queden en manos de novatos…, así de este tamaño. ¡Qué miedo!

A veces, por circunstancias de la vida y los años de recorrido, suelo tener algunos exabruptos con las nuevas generaciones. Ante las innovaciones en Medicina, invariablemente me apego al concepto de Bacon: “Ni devoción a lo antiguo, ni asombro por lo novedoso”.

Siempre apelo a la experiencia de los años, de aquí que es de pensarse dejar en puestos claves a personas recién formadas en cualquier profesión. Me viene a la mente una canción de mis años mozos: Una gaviota sin plumar quiso en la niebla navegar, llegó la noche y no supo regresar…— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

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