—Fue otro 10 de abril. Diecisiete años después. Un nuevo caudillo caía en campaña. El primero, Emiliano Zapata, asesinado en Chinameca ese día de 1919. El segundo, Plutarco Elías Calles.
—La historia ha tratado en forma muy diferente a ambos —exclamó Ángel Trinidad.
—En efecto. Y creo saber por qué. Todo tiene que ver con el poder. En un caso, el desprendimiento; en el otro, el aferramiento.
Don Polo Ricalde y Tejero bebió el expreso cortado que tenía frente a sí, y prosiguió:
—Conocerás el pasaje de la llegada a Palacio Nacional de Pancho Villa y Emiliano Zapata, el 6 de diciembre de 1914. Ahí se produjo una imagen que quedó para la historia: el líder de la División del Norte con una actitud de suficiencia, casi canallesca, sentado en la silla del águila. El Caudillo del Sur, en cambio, declinó sentarse en ella. “El que se sienta en esa silla se vuelve loco”, dijo. Así era su relación con el poder.
—Sentía repugnancia por él, ¿no cree?
—En cambio Calles, el otro caudillo, resultó lo contrario. Estaba obsesionado con el poder. El 10 de abril de 1936, un comando encabezado por el general duranguense Rafael Navarro Cortina se presentó en su domicilio para notificarle que se preparara a abandonar el país.
Ese mismo día, el hasta entonces Jefe Máximo de la Revolución, en compañía de Luis N. Morones, exlíder de la poderosa CROM, Luis León y Melchor Ortega, fue trasladado al aeropuerto de Balbuena y enviado al exilio. Lázaro Cárdenas se sacudió así al fundador del PNR, cuyas intromisiones en el gobierno del michoacano se habían vuelto permanentes y molestas.
—Vaya manotazo en la mesa del Tata Lázaro.
—En efecto —concedió don Polo—. Un manotazo que cambió el rumbo del país. Cárdenas pudo desarrollar un esquema de gobierno propio, no el que le pretendía imponer el Jefe Máximo.
—Hoy, casi noventa años después —añadió—, México se enfrenta a una situación como la que pretendió imponer Calles, y que logró con Emilio Portes Gil-Pascual Ortiz Rubio-Abelardo L. Rodríguez.
—Se dice que en la elección de Lázaro Cárdenas como sucesor de las tres marionetas tuvo que ver mucho el hijo de Calles, Rodolfo. Él se lo habría sugerido al papá.
—Veo que te has preocupado por conocer esa parte de la historia. En efecto, el hijo Rodolfo intervino, pero tras la expulsión, hasta él acabó en el olvido. Ahora, AMLO intenta a toda costa tener éxito donde Calles no lo tuvo.
—¿No cree usted que la señora Claudia dé un manotazo en la mesa, como el Tata.
—Me cuesta trabajo creerlo. No solo por la personalidad que ha mostrado, sino porque AMLO le cerró todos los caminos. En primer lugar, la fuerza de su sucesora depende únicamente de él. El ejército, eso ni hablar, está con él, no con ella. Las fuerzas vivas del partido, también. Y los altos mandos y funcionarios, lo mismo. En Morena y aliados, en la política en general, en México entero… no hay claudistas. Solo amlistas.
López Obrador acotó a Claudia en materia militar y partidista, e incluso desde el poder legislativo y ahora hasta el judicial.
—No tendrá margen de maniobra —reflexionó Ángel Trinidad.
—Pensemos por un momento que las intenciones de doña Claudia son gobernar por sí misma y sacudirse, diría Martín Luis Guzmán, la sombra del caudillo. Tendrá que hacer una labor de filigrana política y castrense para ir ganando fuerza por sí misma. Lo debe hacer con pinzas, a las calladas casi, porque cualquier movimiento incómodo a AMLO implicaría que mueva sus fuerzas para que le apliquen la revocación de mandato.
—Vaya que tiene complicado el futuro inmediato la primera presidenta de México.
—Ya lo veremos a partir del martes.
—Oiga, don Polo. Hay otra fuerza que no hemos considerado y que puede ser la rendija por la que la presidenta borde su red política.
—Dime cuál —instó don Polo con asombro e impaciencia.
—La fuerza de los gobernadores. Ella podrá controlarlos como siempre lo hizo el PRI: con el presupuesto.
Don Polo estaba asombrado.
—Tienes toda la razón. No pensé en ese importantísimo factor. ¿Crees tú que puedan en algún momento pasar de lopezobradoristas a claudistas?
—Don Polo, me extraña. Usted me ha enseñado que la ideología política se va convirtiendo en pieza de museo para dejar paso al pragmatismo burdo. Nadie se arriesgará a perder participaciones federales enemistándose con la ocupante de Palacio Nacional.
—Suscribo lo que dices. No pondrán en riesgo ni un centavo, menos cuando sus gobiernos “de izquierda” basan su fuerza en el reparto de dinero a manos llenas. Ahora más que nunca la máxima del que fuera diplomático y consejero de la Presidencia César “El Tlacuache” Garizurieta cobra actualidad: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.
—También lo veremos a partir del martes aquí en el Mayab —sentenció Ángel Trinidad.— Mérida, Yucatán.
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
