Como resultado del pasado proceso electoral en los Estados Unidos de pronto en México observaremos y sentiremos el choque de dos posturas ideológicas: la de Donald Trump, primero los ricos, y la de Claudia Sheinbaum, primero los pobres.

Ya vimos que no son meros eslóganes electorales, sino que son la piedra angular que da pie a las políticas públicas más importantes de sus respectivos gobiernos.

No será un choque entre iguales. Se avecina una lucha desigual. Trump por segunda vez gobernará a la nación más poderosa del globo, a la nación imperial, y Sheinbaum gobierna a una nación satélite de ese poder imperial. Esa es la realidad, por más que quisiéramos que fuera de otra manera. Nuestra dependencia económica de los Estados Unidos es brutal y notoria.

La soberanía nacional es el arma central que Sheinbaum está blandiendo como defensa contra la arremetida que el republicano ha venido anunciando. Pero la soberanía nacional no se defiende solamente con palabras. La soberanía nacional se defiende con armas militares y económicas. En tiempo de paz, con armas económicas fuertes y diversificadas, que no tenemos.

Además, en cuanto estrategia de guerra, mientras México se inclina por el libre comercio, el próximo gobierno de Donald Trump anuncia que acudirá al proteccionismo. Utilizará los aranceles como arma para proteger la planta industrial de su país.

El plan de Trump de hacer América grande otra vez (Make America Great Again) no es mediante una revolución industrial interna con nuevas tecnologías sino es con eliminar el libre comercio y controlar el comercio mundial.

La espada de Damocles que amenaza a la nación mexicana es el proteccionismo que está muy de moda. Para colmo, el otro socio comercial del norte de nuestro país se dice igualmente dispuesto a seguir la política de Trump. El gobierno de Canadá también lanza una advertencia. El jefe del Gobierno de Ontario, Doug Ford, señaló que “si México no iguala aranceles de Canadá y Estados Unidos a las importaciones chinas, no debería sentarse en la misma mesa (T-MEC) o disfrutar acceso a la mayor economía mundial.” (Diario de Yucatán, 13 de noviembre de 2024).

México no la tiene fácil. En el viejo continente también prevalece una postura proteccionista. Sin duda alguna en la Unión Europea, al igual que en nuestros vecinos del Norte, se enfrentan a un problema de baja productividad y desempleo que los coloca en una posición agresiva contra las naciones subdesarrolladas.

¿Cuáles son los recursos que tiene México para enfrentarse a la amenaza de aranceles del gobierno de Trump y de Canadá? A nuestro país no le conviene una guerra de aranceles, como ha sugerido Marcelo Ebrard, secretario de Comercio. Se hundiría nuestra economía porque pararían las inversiones extranjeras y las inversiones nacionales caerían a niveles mínimos. Asimismo, entraríamos en un proceso de aumento de precios inflamado y galopante.

En una guerra de aranceles es la sociedad mexicana la que llevará la peor parte —particularmente 50 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza—. El peso se seguiría devaluando y los empleos formales tenderían a estancarse mientras disminuye el poder adquisitivo, etcétera. Un largo etcétera.

Los recursos de defensa que tiene el gobierno mexicano de primero los pobres contra esas amenazas son muy limitados. El pasado gobierno (de AMLO) de la llamada 4T, en vez de fortalecer la economía, la debilitó estructuralmente. La economía nacional ha venido creciendo a un promedio anual de 1% durante el gobierno de AMLO y su eje dinámico se trasladó al gasto del gobierno.

Veremos qué hará el gobierno de Sheinbaum; naturalmente no se quedará con los brazos cruzados, pero de ninguna manera será una lucha de Sansón contra Goliat.— Mérida, Yucatán.

Correo: bramirez@correo.uady.mx

*Doctor en Sociología, investigador de la Uady

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