Con mucha ilusión, nietos, abuelos y una tía abuela decidimos viajar a Campeche en el Tren Maya, evento que se convirtió en una odisea.
La aventura se inicia al tratar de conseguir los boletos por internet, intento fallido aun por aquellos que nacieron con su compu, o su tablet, bajo el xic. Así que el paso siguiente fue ubicar una taquilla para conseguirlos, y la más cercana se encontraba en el Corporativo del Tren Maya en la carretera a Progreso, por lo que ubicamos el estacionamiento sobre la calle 27 de la Col. Cordemex, área a la que, de manera cortés, pero fuerte y claro, dos elementos de la Guardia Nacional nos dijeron que no se podía entrar y que nos fuéramos a estacionar sobre la carretera frente a la taquilla.
Solamente que en dicho sitio no hay en dónde estacionarse, a menos que se invada una especie de bahía, que se supone es para bajar y subir pasajeros, por lo que no quedó más remedio que quedar semi-estacionados, así que la chichí y la tía se bajaron para comprar los boletos y quien conducía, rogar que no se apareciera el transporte público y tener que moverse de ahí.
La compra de los ocho pasajes de ida y vuelta a Campeche, más que una taquilla parecía una aduana, ya que esta actividad se inicia con la revisión de los bolsos, pasando por detectores de metal, entrega de identificaciones, además de tener que soportar el trato poco cortés de una de las empleadas de este servicio. Concluida la compra-venta, las dos damas quedaron de nuevo sujetas al proceso del filtro para salir, obviamente más que molestas por el trato recibido durante los 45 minutos que les llevó este primer evento del viaje.
Finalmente, llegó el gran día, llegamos a la estación en Teya a la hora indicada y minutos después se inició el ritual para pasar al andén, esto es, revisar los boletos, identificaciones de todos, y pasar por los arcos y cámaras detectoras de productos prohibidos; todo normal, la atención cortés y diligente, a pesar de la cantidad de pasajeros y nosotros un grupo de 5 infantes y 3 adultos de la tercera edad.
Ya ubicados en el andén para salir a las 13:20 horas, y después de un poco más de una hora de espera, a temperatura ambiente, sentados en el piso, nos avisan que nuestro Tren Maya se descompuso en Izamal, por lo que, entre peras y manzanas, nuestra salida se retrasaría tres horas más, ya que un tren estacionado en esta terminal partiría a la de Izamal para rescatar a los pasajeros varados, y retornaría a la de Teya para poder abordarlo y partir hacia Campeche, tren que seguiría hasta Palenque.
Este cambio violento de horario afectó los planes que teníamos para comer y tardear en Campeche. Dos pasajeras que iban a Palenque cancelaron su viaje por este cambio de horario; lamentable.
Debido al calor y a estar parados o tirados en el andén, los elementos de la Guardia Nacional nos indicaron que podíamos volver a la sala ubicada entre aquel y los filtros de control, pero en dicha sala no hay en dónde sentarse, así que la mayoría de la gente joven, incluidos los nietos, se tiraron al suelo, los adultos parados.
Ante esta situación, la reacción de la Guardia Nacional, mujeres y hombres, empezaron a cargar sillas y a entregarlas a los pasajeros, acción que me pareció excelente, pero al mismo tiempo me molestó que personal uniformado estuviera cargando sillas, tal vez consideraron que su labor se justificaba al actuar en una zona de desastre.
Esta situación, provocó un giro en el comportamiento de quienes ahí nos encontrábamos, y si bien había gente molesta, y extranjeros incrédulos por la situación, el personal de la estación empezó a actuar más relajado, atento, lo que nos llevó a poder salir y entrar a otras áreas de la terminal, permitiendo adquirir comidas y bebidas chatarra, ir a baños; y los filtros de seguridad, bien gracias.
Al fin, nos avisaron que llegaba nuestro tren, y todo mundo feliz y sin prisas, riendo, aplaudiendo y despidiéndose del personal, en especial de los jóvenes diligentes de la GN, felicitaciones.
A nosotros nos tocó abordar, a la ida, el vagón 4T, me suena, me suena. El personal a bordo, civiles y de la GN, durante las dos horas y minutos que duró el viaje fue muy atento y orientando a los pasajeros en tránsito y a quienes bajaban o abordaban en cada estación de la ruta, el vagón, a pesar de la basura generada todo el viaje lo mantuvieron muy limpio.
Al fin llegamos a la estación de Campeche para abordar otro vehículo que nos llevaría a la ciudad y al hotel.
Si bien el viaje en el Tren era el motivo del paseo, la ciudad de Campeche sigue teniendo su encanto, sobre todo el ambiente en su centro histórico, los baluartes, los fuertes, los barrios, la comida, y los “compitas”.
Desde que desayunamos en Mérida, no volvimos a ingerir alimentos hasta en la noche, y después a dormir. Como nuestro plan de viaje se redujo bastante, nos levantamos temprano para poder realizar actividades que nos permitieran llegar a la terminal de Campeche y tomar el Tren de regreso a Mérida.
Esta vez nos tocó el vagón 3T, también significativo el numeral, uno menos. En esta ruta solo salimos con 10 minutos de atraso, y un poco de lluvia a la mitad del trayecto, pero para rematar nuestra odisea, en la antepenúltima estación se echó a perder el aire acondicionado del vagón, así que se pueden imaginar la temperatura y el aire pesado generado en un espacio cerrado.
Cuando al fin llegamos a Teya, casi besamos el suelo, acción que no hicimos, porque todavía nos faltaba llegar a casa, sorteando el encantador tránsito de nuestra ciudad.
¿Qué nos enseñó este viaje? El temple y la actitud de los nietos, menores de edad, que no se quejaron de nada, que se informaban de todo y a su vez nos lo informaban, pero también fueron firmes al comunicarnos que no quieren volver a viajar en el Tren Maya.
Otro tema importante es la repuesta de quienes están a cargo de la operación del Tren Maya, porque son la imagen inmediata de este proyecto, desde la empleada majadera, o del personal del Corporativo del Tren Maya, comportamiento que contrasta, primero con la actitud seria y luego solidaria del personal de la Guardia Nacional y de quienes operan el Tren Maya, que, ante los problemas que se presentaron, entendieron la situación de los usuarios, lo que condujo a que las cosas no llegaran a mayores.
Finalmente creo que al proyecto del Tren Maya le falta mucho para ser lo que se publica que es; creo que los usuarios, incluido quien esto escribe, por curiosidad lo hemos abordado, pero honestamente, no lo volveré a hacer hasta que, quien sea el ente responsable de su operación y servicio, pueda garantizar con hechos, no con palabras, ni falsa propaganda, que su operación es eficiente, que les permita proporcionar un verdadero servicio, amable, eficiente y seguro.— Mérida, Yucatán.
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