Llegaron los pastores al portal. De rodillas adoraron al Dios Niño y le entregaron sus regalos: miel y castañas; corderillos; dátiles; vino nuevo; leche de sus ovejas; requesón…

Vinieron después los Magos y le ofrendaron sus preciosos dones: el oro, el incienso la mirra.

María, sin embargo, estaba triste.

¿Por qué no te alegras, esposa? —le preguntó José—. ¿Acaso no te gustaron los regalos de los pastores? La miel y el vino, los dátiles, los blancos corderillos ¿no fueron de tu agrado? ¿Tampoco te gustaron los valiosos presentes de los Reyes, el oro, el incienso, la mirra?

Desilusionada respondió la Virgen:

Nadie trajo tamalitos.

¡Hasta mañana!

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