Por este solo día, y sin que el caso siente precedente, el columnista deja el ropaje que viste casi siempre, y también hace a un lado el comentario de nuestra realidad política, tan irreal. Quiero decir que hoy no escribiré chascarrillos de tan subido color, ni ocuparé mi pluma en la crítica de los acontecimientos nacionales.
Bien puede esperar la República un par de días a recibir mis orientación. Días blancos son éstos: lejos de mí la temeraria idea de poner en ellos alguna chocarrería sicalíptica. En el lugar que de ordinario ocupan tan vitandos chascarrillos encontrarán mis cuatro lectores amables historietas, si no como las que don Saturnino Calleja publicaba para los niños, sí de ameno entretenimiento y grato humor. Sólo se encontrarán aquí dos o tres relatos picarescos, para no perder la costumbre.
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