Rodrigo Llanes Salazar: Mirada antropológica Cephcis UNAM
Rodrigo Llanes Salazar: Mirada antropológica.

Irónicamente, el cambio climático, tema minimizado, cuando no francamente negado, por el presidente electo Donald Trump, es uno de los factores cruciales en dos de las aspiraciones expansionistas que el magnate norteamericano ha expresado recientemente: el control del canal de Panamá y la adquisición de Groenlandia.

En una reciente conferencia de prensa, errática, dispersa y llena de vaguedades y noticias falsas, como suele ser su marca, Trump anunció que Estados Unidos volvería a tener el control del canal de Panamá, que compraría la isla de Groenlandia, que cambiaría el nombre del Golfo de México a Golfo de América (o Golfo de Estados Unidos).

Recientemente, también ha publicado en sus redes sociales que Canadá debería convertirse en el estado 51 de los Estados Unidos.

Estas declaraciones han motivado una discusión sobre en qué son mera bravuconería del presidente electo, qué tan en serio puede tomarse dichas acciones o en qué proporción dichas declaraciones son una forma de negociar asuntos diplomáticos y geopolíticos.

En cualquier caso, los comentarios de Trump expresan algunas de las principales inquietudes de nuestro orden global contemporáneo, como las relativas al papel de China y Estados Unidos en el comercio mundial, que deben ser analizadas. Veamos.

Los dos principales estados usuarios del canal de Panamá son Estados Unidos y China, en ese orden. Recientemente, Trump ha declarado que soldados chinos controlan esta ruta marítima, cobrando más a los buques estadounidenses.

Es cierto que Hutchison Holdings, una empresa con sede en Hong Kong, gestiona dos puertos en la entrada del canal, pero también es verdad que, debido a un clima más seco, la Autoridad del Canal de Panamá ha tenido que restringir el número de pasos diarios por el canal, llegando incluso a restricciones de hasta un 40 por ciento, lo que ha afectado al comercio marítimo, incluyendo los costos que pagan los buques norteamericanos.

El gobierno de Panamá ha respondido a las declaraciones de Trump afirmando que “la soberanía de nuestro canal no es negociable” y que el “canal pertenece a los panameños y así seguirá siendo”.

Aunque Estados Unidos ha intervenido militarmente en Panamá en la década de 1980, lo más probable es que las amenazas de Trump sean una medida para presionar al gobierno de Panamá para detener el flujo de migrantes, como han señalado Annie Correal y Emiliano Rodríguez en un artículo del “New York Times”.

En cuanto a Groenlandia, Trump declaró que “necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional”. Actualmente, esta isla es un territorio autónomo de Dinamarca, y el presidente electo estadounidense amenazó que, si el país europeo no cedía dicho territorio, impondría aranceles (la medida con la que ha amenazado a México y a Canadá si estos países no reducen el tráfico de migrantes y drogas).

De nuevo, China y el cambio climático son dos factores en juego en la aspiración de Trump de hacerse de Groenlandia. Debido al deshielo y derretimiento de los glaciares, el Ártico se está convirtiendo en una atractiva ruta de navegación, mucho más corta que, por ejemplo, el Canal de Suez. Ante este escenario, los gobiernos de China y Rusia han decidido colaborar para desarrollar nuevas rutas marítimas en la región. Trump no quiere quedarse atrás.

Pero la ruta marítima comercial del Ártico no es el único motivo por el cual Trump está interesado en Groenlandia.

El gobierno de Dinamarca publicó en 2023 un informe en el que expuso que esta isla tiene potencial como yacimiento de minerales, particularmente cobre, litio, níquel y cobalto, recursos que se emplean para las baterías que utilizamos en nuestros teléfonos y computadoras y para coches eléctricos (otro tema clave en las relaciones geopolíticas entre Estados Unidos, China y México).

El calentamiento de los polos, con el deshielo consecuente, facilitaría la exploración y extracción de dichos minerales en el Ártico, y Estados Unidos está muy interesado en llevarse una parte de este pastel.

Desde luego, ni el estado de Dinamarca ni numerosos groenlandeses están de acuerdo con que la isla pase a formar parte de Estados Unidos (perdiendo así servicios gratuitos a educación y salud).

Con comentarios como los de la anexión del canal de Panamá y Groenlandia (así como de Canadá y el cambio de nombre del Golfo de México), Trump ha evocado una época, más de un siglo atrás, en la que Estados Unidos crecía económicamente y se expandía controlando cada vez más territorios.

La tercera década del siglo XXI es muy distinta al final del siglo XIX y los inicios del XX, pero las grandes potencias, como China, Rusia (no olvidemos la guerra en Ucrania) y Estados Unidos persisten con sus aspiraciones expansionistas.

Sin embargo, Estados Unidos ya no es la potencia que era en el siglo XX, y el gobierno de Trump se enfrentará a un mundo mucho más polifacético que el del siglo pasado.

Lamentablemente, los grandes poderes tecnológicos (como las empresas lideradas por Elon Musk y Mark Zuckerberg) están actuando de manera servil hacia el próximo gobierno de Trump. Cómo y en qué medida empresas como las de Musk y Zuckerbeg contribuirán a las aspiraciones expansionistas de Trump en los próximos años está por verse.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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