La clase política mexicana no es la única responsable, pero tiene un alto grado de culpabilidad en la configuración del cuadro de pobreza, violencia, marginación y desigualdad social que vive el México de hoy.

La desigualdad, si bien es inherente al capitalismo, corresponde a la clase política —mediante instituciones democráticas— frenar los instintos depredadores de la clase adinerada, con el objeto de impulsar un desarrollo más equilibrado.

México es uno de los países más desiguales entre los subdesarrollados. De acuerdo con el World Inequality Report 2022, el 10% más rico de los receptores de ingresos en México gana 30 veces más de lo que percibe el 50% que menos gana. En patrimonio, el 10% más rico de la población tiene cerca del 80% de la riqueza del país. Estos datos coinciden muy bien con las estimaciones del Coneval que indican que un 76.5% de la población mexicana vive en condiciones de pobreza o vulnerabilidad. (“El Economista”, 20 de junio de 2022).

Es verdad que la clase política mexicana no es la única que ha fracasado en esa tarea. El 10% de las personas más ricas ahora posee casi el 76% de la riqueza mundial. Mientras, el 50% inferior posee solo el 2%, según el Informe Mundial sobre Desigualdad 2022, que analiza datos y el trabajo de más de 100 investigadores y expertos en desigualdad. (Univisión Noticias, 16 de noviembre 2022).

Paradójicamente, la nación más desarrollada es también la nación más desigual del orbe. Diversos trabajos estadísticos de T. Piketty, E. Saez y G. Zucman, entre otros, han mostrado un incremento notable en la desigualdad de la distribución del ingreso en Estados Unidos, durante la segunda parte del Siglo XX. A ello se ha agregado la idea de que dicha distribución es más desigual que en otras economías avanzadas.

A principios de 2022, la concentración de riqueza en Estados Unidos estaba cerca de su nivel más alto en más de 40 años, ya que el 1% de los hogares más ricos poseía aproximadamente un tercio de toda la riqueza privada. En comparación, el 1% más rico del Reino Unido y Alemania poseían solo el 22.6% y el 18.6% de la riqueza de sus países, respectivamente.

Cada país, naturalmente, tiene su propia historia y sus efectos no son iguales en aquella nación imperial que en las naciones subdesarrolladas como México.

Lo que conviene señalar es que, como bien señala Thomas Piketty en su obra El capital en el siglo XXI: la historia de la distribución de la riqueza, en un país determinado, siempre ha sido profundamente política, no puede reducirse a mecanismos puramente económicos.

El saldo de la historia política mexicana es la incapacidad para atajar la desigualdad social y sus secuelas. Nuestra desigualdad en México de 10 con el 80% de la riqueza tiene secuelas: limita la capacidad de crecimiento económico sostenible del país y favorece la informalidad, la corrupción, el crimen organizado y la inseguridad. Y no menos importante es la afectación al tejido social.

¿Hay señales de que esta situación mejorará en el futuro? Ninguna. Con el arribo de Morena al poder en 2018 se reconfiguró la clase política mexicana, no cambió, hubo un reacomodo con los muchos chapulines que dejaron al PRI, principalmente.

En realidad, el arribo de Morena al poder no estuvo acompañado de nueva clase política, son los mismos políticos de siempre, ahora con la consigna de darle todo el poder al gobierno. En eso cambió: se volvieron los “servidores” del pueblo.

Con ayudas del gobierno supuestamente están atacando la desigualdad social, claro, de forma superficial y temporal. Las pensiones y becas significan una carga para el erario sin que fomenten algún tipo de cambio estructural o fuentes de empleos bien remunerados.

Las recientes reformas constitucionales que desaparecen los contrapesos políticos y la elevación a políticas de Estado las ayudas del gobierno no atacan de raíz la desigualdad, son apenas un alivio temporal insostenible en el largo plazo.

La clase política mexicana —incluida la oficialista y la oposición— debería colocar en su agenda el tema de la desigualdad diferenciado del tema de la pobreza. Quizás de esa manera abran los ojos y hagan algo verdaderamente transformador.— Mérida, Yucatán.

bramirez@correo.uady.mx

Doctor en Sociología, investigador de la Uady

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán