Martha es una joven que ha dedicado tiempo, dinero y esfuerzo a su preparación académica. Con títulos de posgrado que alguna vez creyó que serían la llave hacia un futuro prometedor, hoy se encuentra atrapada en un empleo que le exige jornadas interminables, pero que no le brinda la retribución económica esperada.

A pesar de su dedicación, siente que su calidad de vida no mejora, y mucho menos vislumbra señales de que esto pueda cambiar en el futuro.

Como muchos otros profesionales, se enfrenta a un mercado laboral saturado, donde contar con un posgrado ya no representa una ventaja competitiva, sino un requisito básico. Esta realidad impone una presión constante para adquirir más conocimientos y habilidades, invirtiendo tiempo y recursos que, pese a todo el esfuerzo, no se reflejan en una mejora proporcional de los ingresos.

Esta es una realidad a la que se enfrentan muchas personas en nuestro país y en otras partes del mundo. De hecho, en China se utiliza el término “neijuan” (una palabra que combina dos caracteres: “interno” y “enrollar”), comúnmente traducido como “involución”, para describir esta dinámica social y económica, en la que los individuos quedan atrapados en una competencia constante e intensa, que no genera mejoras significativas en la calidad de vida, ni conduce a un progreso real.

Atrás quedaron los años en los que obtener un título universitario era sinónimo de progreso social y garantía de una vida próspera. Hoy, los jóvenes se enfrentan a una realidad desafiante: una feroz competencia laboral en el mercado, largas jornadas laborales cuya retribución apenas les permite cubrir sus necesidades básicas, la imposibilidad de adquirir una vivienda propia y, sobre todo, un sentimiento de falta de estabilidad económica que incluso desanima a tener hijos.

Este panorama ha transformado las expectativas de una generación que a pesar de su preparación y esfuerzo, lucha por alcanzar una calidad de vida que en el pasado parecía asegurada.

Aunado a esto, la constante exposición a estilos de vida idealizados en las redes sociales está intensificando la frustración entre los jóvenes, quienes sienten una presión creciente por alcanzar estándares que no siempre son realistas.

Estos estilos de vida centrados en el consumo y la apariencia a menudo son promovidos como modelos de éxito, lo que genera una competencia silenciosa. Los jóvenes se ven bombardeados por imágenes de riqueza material que intentan emular sin medir las consecuencias, cayendo incluso en niveles de endeudamiento que, a la larga, generan mayor frustración y estrés.

Ante esta nueva realidad, en la que parece que la evolución en la calidad de vida ha quedado atrás y la involución ha llegado para quedarse, necesitamos promover en los jóvenes una nueva mentalidad en sus finanzas.

Es fundamental que comprendan que el éxito en el futuro no solo dependerá de la acumulación de grados académicos, sino que también requerirán habilidades para administrar el dinero de manera inteligente y, sobre todo, deberán aprender a trabajar en sus expectativas.

Es esencial también enseñarles a vivir dentro de sus posibilidades, evitando caer en la trampa del consumismo que solo genera más presión financiera y que puede llevarlos al endeudamiento.

En lugar de imitar estándares ajenos de éxito, los jóvenes deben aprender a definir sus propias metas y aspiraciones, alineadas con su bienestar y valores personales, sin dejarse influenciar por las expectativas externas.

La educación financiera debe iniciarse desde una edad temprana, de tal forma que los jóvenes desarrollen una relación saludable con el dinero, entendiendo su poder, pero también sus limitaciones. Deben aprender a tomar decisiones informadas, reconocer el valor del ahorro y la inversión y evitar la búsqueda de la gratificación inmediata.

Además, es importante que comprendan que el éxito no debe medirse únicamente en términos materiales o de riqueza acumulada, sino que el verdadero éxito radica en alcanzar un equilibrio entre la estabilidad económica, el crecimiento personal, y la capacidad de disfrutar del presente sin perder de vista el futuro.

Así, podrán vivir una vida plena, sin la presión de cumplir con expectativas ajenas o de vivir bajo las apariencias.

A las nuevas generaciones les corresponde hoy, más que nunca, adaptarse a una nueva mentalidad que les permita enfrentarse a esta realidad social y económica con resiliencia y, sobre todo, con un enfoque en la sostenibilidad. Poniendo en primer plano el bienestar personal y una vida financiera equilibrada.

Deben enfocarse en el crecimiento interno, cultivando una estabilidad emocional y económica que les permita prosperar sin sucumbir a las demandas de una sociedad consumista.

En este nuevo paradigma de “involución”, el verdadero éxito radicará en encontrar el equilibrio entre las aspiraciones individuales y una vida sencilla pero plena, donde cada paso se dé con propósito y conciencia.— Mérida, Yucatán.

marisol.cen@kookayfinanzas.co m

@kookayfinanzas

Profesora Universitaria y Consultora Financiera

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