Fernando Ojeda Llanes (*)

He recibido muchos comentarios sobre mi escrito de la semana pasada en que me referí al problema de la avenida Aviación con respecto a la cantidad de boyas amarillas que invaden la calle, para dar preferencia al ya comentado Ie-Tram, que se impuso a la ciudad como si las calles fueran tan amplias como algunas ciudades europeas —se intenta igualarlas.

Algunos lectores me comentan que un gran problema es la falta de vigilancia de la policía, sobre todo en las esquinas donde los automóviles se estacionan en ambos lados de las calles sin respetar los diez metros de la esquina —muy cierto—.

En escritos anteriores lo he comentado precisamente sobre la colonia México, donde se han demolido bellas casas para convertirlas en oficinas y utilizan ambos lados de las calles como estacionamiento, no permiten la visibilidad de los automovilistas y se provocan accidentes.

Conceptos

Comentado lo anterior, me quedó el boleto pendiente del Paseo de Montejo, he acudido a libros sobre vialidad para tratar de obtener algunas definiciones, en primer lugar, qué es una calle: “es una vía urbana diseñada para la circulación de vehículos y peatones, puede ser estrecha o ancha con aceras a los lados”.

En nuestra ciudad las calles son estrechas, muchas con las aceras rotas e interrumpen el pase libre de peatones, las entradas de vehículos particulares cuyos propietarios hacen sus propias rampas.

Qué es un paseo: “es una vía muy amplia y suele estar pensada para el disfrute, tanto de peatones como pasajeros de vehículos, incluye zonas con jardines y bancas, su diseño prioriza la comodidad y el esparcimiento”.

En resumen, una calle es más funcional para el tránsito, mientras que un paseo está diseñado para disfrutar del entorno.

Ya definidos los conceptos anteriores, comento uno que define al Paseo de Montejo: “amplia avenida, la más emblemática de Mérida, inspirada en los grandes bulevares europeos como los de París, flanqueado por elegantes casonas y palacetes de estilo neoclásico y art decó, muchas fueron residencias de familias acaudaladas de la ciudad con amplias zonas para el tránsito de vehículos y anchas aceras para peatones”.

Modificación

La definición del Paseo de Montejo es hermosa, pero desafortunadamente es necesario modificarla adicionando el actual caos que se presenta, precisamente por las famosas y ya trilladas boyas amarillas que dividen las calles para dar paso a vehículos Va y Ven y a bicicletas, que en su caso, cuentas dos o tres transitando bajo el tremendo sol que caracteriza a nuestra ciudad.

Antes efectivamente se parecía a una avenida europea, pero ahora, tratando de implementar tránsito como en Europa, las autoridades produjeron un tremendo lío en el tránsito de vehículos y peligro para los peatones. Para comenzar, las bellas casonas y palacetes que quedan, las contamos con los dedos de una sola mano, las demás fueron demolidas con o sin consentimiento de las autoridades para hacer comercios, oficinas y todo tipo de construcciones, eliminando de esta forma lo romántico de su ser.

El Paseo de Montejo dividido ya en dos partes: el original y la llamada Prolongación, cuyos edificios, oficinas, restaurantes y todo tipo de construcciones le borraron la definición de un paseo, en sus dos partes colocaron las boyas, para dividir la avenida en ambos lados, de esta manera su antigua y cómoda amplitud se convirtió en una simple y llana calle, si de pura casualidad tu vehículo transita en la parte reservada, tropezarás con unos enormes topes, de goma de casi un metro cuadrado, que te harán saltar de tu asiento y destruir llantas y amortiguadores.

Incertidumbre

Partiendo del Monumento a la Patria hacia el llamado “remate”, cuando llegas a la glorieta dedicada a Justo Sierra no puedes percibir —si intentas dar vuelta a la derecha— qué va a suceder, porque las famosas boyas y además unos nada agradables jardines, cercados con bloques — que se colocaron en toda la vía— son peligrosamente estorbosos para tu buena circulación.

La policía siempre atenta, pero para infraccionarte si osas invadir el carril especial.

Los domingos cierran toda la avenida para dar lugar a la trillada Bici-ruta, aceptada por los que se dedican al ciclismo y algunas familias, pero pobres turistas o todo tipo de viajeros que llegan o salen de los hoteles de la zona, no tienen lugar para estacionarse —debido a los famosos jardines—, tiene que ser a dos o tres cuadras, pero fuera de la avenida y a caminar con maletas y todas las chivas. No digo más porque se me termina el espacio, pero cierto que la vialidad en nuestra ciudad se ha convertido en algo tormentoso.—Mérida, Yucatán

Doctor en investigación científica. Consultor de empresas

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