Los recientes datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para el cuarto trimestre de 2024 ofrecen un panorama mixto sobre el mercado laboral en Yucatán.

Aunque la tasa de desocupación yucateca es una de las más bajas del país, situándose en apenas 1.6 %, los indicadores de precariedad laboral continúan siendo motivo de preocupación. La población económicamente activa en el estado alcanzó 1.2 millones de personas, con una tasa de participación económica del 64.9 %.

Esto significa que cerca de dos tercios de los yucatecos en edad de trabajar están empleados o buscando empleo. Sin embargo, la calidad de esos empleos deja mucho qué desear.

La tasa de informalidad laboral sigue siendo alarmantemente alta, con un 58.2% de los trabajadores desempeñándose sin acceso a seguridad social ni garantías laborales. Aunque esta cifra representa una ligera disminución respecto al año pasado, la informalidad sigue siendo un fenómeno estructural que afecta a la mayoría de los ocupados en la entidad.

Uno de los aspectos más preocupantes es la tasa de condiciones críticas de ocupación, que mide a quienes trabajan largas jornadas por bajos salarios o en condiciones inadecuadas. En Yucatán, esta tasa se ubicó en 32%, reflejando que casi un tercio de los trabajadores afrontan situaciones laborales adversas.

Además, el 7.6 % de la población ocupada se encuentra en situación de subempleo, es decir, trabaja menos horas de las que desearía o necesita para alcanzar un ingreso suficiente.

Otro dato relevante es la composición del empleo por sector. El sector terciario concentra la mayor parte de la ocupación (67.4 %), con un aumento en los servicios y el comercio, mientras que el sector primario, que incluye la agricultura y la pesca, registró una disminución significativa.

La construcción, que es un termómetro de la inversión y el desarrollo urbano, también perdió empleos en el último año, lo que podría indicar una desaceleración en este rubro. Si bien la estabilidad en la tasa de desocupación puede interpretarse como un signo positivo, la alta incidencia de empleo informal y de baja calidad plantea retos importantes.

La generación de empleos formales, bien remunerados y con acceso a prestaciones es una asignatura pendiente. Políticas de incentivos para la formalización del empleo, capacitación laboral y mejora en las condiciones de trabajo deben ser prioritarias en la agenda estatal, para garantizar un mercado laboral más justo y equitativo.

Yucatán se mantiene como un estado con baja desocupación, pero con un tejido laboral frágil. El reto no es solo reducir el desempleo, sino mejorar la calidad del empleo para que los trabajadores yucatecos tengan garantías laborales y estabilidad económica a largo plazo.— Mérida, Yucatán.

Doctor en Economía, coordinador del Cuerpo Académico Comercio y Relaciones Internacionales de la Facultad de Economía de la Uady.

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