Irving Berlín Villafaña (*)
Las narrativas políticas son mundos posibles definidos por las palabras, los verbos, la sintaxis y un sistema de valores. En esos relatos, hay buenos y malos, ganadores y perdedores y, desde luego, banderas en disputa para que los ciudadanos se enfunden, vivan, apasionen y resuelvan sus intereses.
Estos cuentos no servirían de nada, sino son dichos por actores, partidos, fuerzas que no solo tienen la legitimidad de ser creíbles sino que pueden orientar el gasto público hacia decisiones económicas o políticas. Los cuentos enraízan y hacen estructura, digamos.
La narrativa dominante en México es polarizante y de conflicto permanente. Morena gobierna así y decide así y hace campaña al mismo tiempo. Peor aún, desmantelan las instituciones, re construyen relaciones despóticas y de uso de la fuerza del estado en contra de los ciudadanos, afectando la independencia de los tribunales, por recordar algo. Incluso imponen políticas fallidas costosísimas como Mexicana de Aviación, aeropuertos, trenes y refinerías petroleras.
Hay crítica pero no existe una narrativa contraria, ni voces autorizadas para elevarla. No hay héroes a la vista. Milei es la contra parte del Kirchnerismo. No me gusta nada su estilo fascista, ni muchos de sus enunciados, pero claramente triunfó en un contexto populista desgastado, inflacionario y destructor.
Corina Machado es la contraparte de Maduro y es una lideresa con sensatez, audacia y alegría. Ninguno de ellos ha nacido en México.
En el territorio local tenemos las dos hipótesis sobre la mesa. Los dos gobiernos estatal y municipal actuales corren paralelos y con principios saberes y prácticas contrarios. Repetir las ideas viejas en actores nuevos es insuficiente y seguir el lema de dar resultados técnicos durante el gobierno y solo politizar en las elecciones es peor. Es necesario crear, diferenciar narrativas, prácticas, políticas y resultados todos los días.
Nadie está haciendo esto. Más bien, encontramos una autoridad que ya habla igual que la otra y dice trabajar en el verdadero cambio, la mejor transformación, crear el mejor bienestar y estar comprometida con la justicia social.
¿Así de pobre será el horizonte de opciones entre los cuales escogerá el ciudadano? ¿Así de pobre es el discurso de la oposición que apenas le da para usar las mismas palabras y conceptos que el contrario? ¿A quién se le ocurre que el retador abajo en el puntaje se parezca exactamente al que está ganando?
La politización de Morena y su gobierno son pan de cada día. El PAN tiene detrás de sí dos hipótesis: la de Mauricio Vila y sus seguidores que es guardarse, agacharse en el bajo perfil y consolidar su liderazgo para tener monedas de cambio en escenarios de negociación que, dicho sea de paso, no son escenarios de triunfo sino de claudicación.
La otra hipótesis es la de politizar desde un partido de oposición que debería estar construyendo un discurso alternativo y unas políticas públicas diferenciadas y eficaces para el mercado electoral. Comenzar de cero. Lo demás ya está perdido.
El problema de la segunda hipótesis es ¿quién politiza? ¿El gobierno? ¿Qué parte de él? ¿El partido? ¿Cómo y con cuáles temas y discursos? La oposición local, al igual que la nacional, tiene esas tareas: definir qué hacer y para qué sirven sus diputados y regidores; para qué sirven y cómo actúan sus gobiernos municipales; para qué sirven y cómo politiza el partido y todo esto como un sistema.
De momento no se ve un liderazgo, una narrativa ideológica seductora ni la hay en la repetición de los loritos o en la imitación de los monos. Ya con el paso de los días y a la brevedad, veremos si este tiempo es de líderes, ideólogos, mercadólogos, de héroes o de sepultureros.— Mérida, Yucatán.
berlin@prodigy.net.mx
Antropólogo con maestría en industrias audiovisuales y doctorado en comunicación política
