María lleva más de una década sobreviviendo en un hogar donde el miedo es una constante. Día tras día, soporta insultos, empujones y amenazas disfrazadas de advertencias. Quiere irse, pero ¿cómo?

No tiene dinero, ha estado mucho tiempo fuera del mundo laboral y depende económicamente de su esposo. Sus hijos son pequeños y la idea de sacarlos de la casa sin contar con recursos económicos la aterra. Así que, aunque el dolor la consume, aunque su cuerpo y su alma piden a gritos libertad, se queda.

Porque el miedo a la miseria, a la incertidumbre de cómo subsistir, pesa más que el miedo a los golpes.

Historias como la de María se repiten en muchos hogares de nuestro país, donde mujeres de diferentes niveles socioeconómicos se encuentran atrapadas en situaciones de violencia.

A menudo, se sienten solas, desamparadas y atrapadas en una red de miedo, dependencia emocional y económica, que les impide ver una salida.

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, debe ser un recordatorio de la urgente necesidad de empoderar a las mujeres, especialmente a aquellas que viven bajo el yugo de la violencia. La autonomía financiera es una de las claves para romper este ciclo.

A lo largo de la historia, las mujeres se han enfrentado a numerosas barreras para alcanzar la autonomía en diversos aspectos de la vida, siendo una de las más significativas la autonomía financiera. Ésta no solo implica dejar de depender económicamente de otros, sino también tener la capacidad de tomar decisiones sobre su propia vida sin estar sometidas a la voluntad de otra persona.

En la actualidad, aun con los importantes avances que se han dado en la igualdad de derechos de las mujeres y de la inclusión de la mujer en el mundo laboral, persisten las brechas salariales, la falta de acceso a puestos directivos y de liderazgo, una sobrecarga de trabajo no remunerado en el hogar, que limitan las oportunidades de crecimiento profesional.

Las mujeres continúan enfrentándose a barreras invisibles que dificultan su ascenso a puestos de toma de decisiones. Este reto se vuelve aún más grande para las mujeres que son madres y deben equilibrar su vida laboral con las necesidades de sus hijos.

La carga de ser responsables del cuidado infantil y al mismo tiempo mantener un trabajo remunerado es algo muy complicado de sobrellevar para las mujeres.

El gobierno debe ser un aliado en la creación de un entorno que permita a las mujeres acceder a oportunidades laborales donde puedan desarrollarse profesionalmente, y al mismo tiempo ejercer la maternidad, si así lo desean.

No basta con entregar un apoyo económico, sino que es necesario fomentar la infraestructura adecuada, como la creación de espacios seguros para el cuidado infantil, donde las madres puedan dejar a sus hijos mientras trabajan, así como la implementación de políticas laborales que favorezcan la flexibilidad y la equidad en las condiciones de empleo, permitiendo a las mujeres equilibrar su vida laboral y familiar, sin renunciar a sus aspiraciones profesionales.

Además, las mujeres necesitan programas de capacitación y educación financiera, que les brinden las herramientas necesarias para administrar sus recursos, planificar su futuro y tomar decisiones informadas que les otorguen mayor control sobre sus vidas.

Es fundamental que las mujeres siempre puedan tener la posibilidad de trabajar y generar ingresos propios, no solo para tener un sustento económico y lograr su autonomía financiera, sino para lograr su independencia y vivir con dignidad.

Cuando una mujer tiene la capacidad de generar su propia fuente de ingresos y mantenerse por sí misma, experimenta un proceso profundo de empoderamiento. La independencia económica le otorga el control sobre su vida, permitiéndole tomar decisiones sin depender de otras personas.

Al tener sus propios recursos, la mujer se libera de situaciones de vulnerabilidad y puede elegir su camino con mayor libertad, ya sea en su vida personal, profesional o en sus relaciones sentimentales.

Esta autonomía le da la confianza y la fuerza necesaria para enfrentarse a desafíos, romper ciclos de dependencia y violencia, y participar activamente en la construcción de su futuro.

Una mujer con autonomía financiera es una mujer empoderada y puede ser una mujer verdaderamente libre. Libre para tomar sus propias decisiones, para abandonar un entorno violento y comenzar de nuevo, para elegir su futuro sin depender de nadie. Esta libertad no solo la transforma a ella, sino que tiene un impacto profundo en sus hijos, en su comunidad y su país.

Es vital que enseñemos a nuestras niñas desde temprana edad el poder de ser autónomas, de comprender que su futuro está en sus manos y que tienen el derecho y la capacidad de construir la vida que desean.

Instruyámoslas en la importancia de generar sus propios ingresos, de ser autónomas financieramente. Démosles las herramientas para enfrentarse a los desafíos y elegir su propio destino. Porque al empoderarlas, les estamos ofreciendo el mayor de los regalos: una vida de verdadera libertad.— Mérida, Yucatán.

marisol.cen@kookayfinanzas.com

@kookayfinanzas

Profesora Universitaria y Consultora Financiera

No basta con entregar un apoyo económico, sino que es necesario fomentar la infraestructura adecuada…

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