Paradójico que cuando se abren las puertas del escenario de intercambio de ideas, de profundización en las mentes y crecimiento del interior humano; la apertura de la arena donde se puede volar en globo o a las estrellas, aventurarse lo mismo al centro de la tierra que a lugares inhóspitos; el espacio para viajar al pasado, al futuro y al infinito; el lugar donde uno crece como ser racional y aprende a sostener y defender ideas, coincida con días oscuros para las libertades en nuestro Estado.

“Es tiempo de leer”, invita la Filey. Con esta sentencia imperativa busca atrapar a la colmena dispersa de lectores peninsulares para unirse en torno a la muestra magistral y monumental donde confluye una pléyade de actores alrededor de los libros.

Dice la Filey que son 500 sellos editoriales y 130 expositores. El platillo luce suculento. Todos ellos son autores o creadores o impresores o distribuidores o vendedores de libros. Todos forman lo que se da en llamar el “planeta libro”, con un componente esencial, sine qua non: el lector.

“Es tiempo de leer”, una frase que entendemos como eslogan publicitario, pero con la que no comulgamos. Tiempo de leer es siempre, todos los días, no sólo cuando nos encandilamos con la llegada de la feria. Acaso lo correcto sería “Es tiempo de comprar libros para leer, comparar, descubrir, dejarnos seducir por títulos que nos acompañaran los 365 días, adquirir los que no teníamos como meta comprar pero captaron nuestra mirada desde los estantes, escuchar conferencias de autores…”.

De leer siempre es tiempo. Porque un día sin leer las páginas de un libro es un día que dejamos en manos de la ignorancia, la indolencia, el materialismo, la crispación y la confrontación, esa que la 4T ha convertido en deporte nacional.

¿Por qué huir de los libros? Pueden ser nuestros mejores amigos, nuestro viaje en el tiempo y a nuestro interior, pueden ser… mejor dejemos que lo explique el astrofísico Carl Sagan: “¡Qué cosa impresionante es un libro! Es un objeto plano, hecho de un árbol, con partes flexibles en las que se imprimen muchos garabatos graciosos.

Pero si le echamos una mirada, nos encontramos dentro de la mente de otra persona. Quizá alguien muerto hace miles de años. A través de los milenios, un autor hablando clara y silenciosamente dentro de tu cabeza, directamente a ti. La escritura es quizá la mejor invención humana. Une a personas que nunca se conocieron, ciudadanos de épocas distantes. Los libros rompen la barrera del tiempo. Un libro es prueba de que los humanos son capaces de hacer magia”.

Siempre es tiempo de leer. De ampliar nuestras ideas, de aprender de otros, de conocer más allá de nuestras narices. La Revolución Francesa vino aparejada de las ideas que se difundieron gracias a la apertura literaria.

Reclamar derechos es propio de las mentes lectoras, aunque se les tache de obcecadas. La cerrazón, el sometimiento, la represión, el ataque con chorros de agua y polvo extintor, no. Es la oscuridad que dificulta la lectura. Pero el buen lector lee aun en la más cerrada penumbra.

Dime qué lees y te diré quién eres. Dime si no lees y te responderé ipso facto.

Desde su creación, la Filey tiene la encomiable práctica de abrirse a excursiones de estudiantes de nivel básico que, de riguroso uniforme, deambulan por los pasillos plagados de libros.

No es solo encomiable, es básico fomentar la lectura desde la niñez. Esa sencilla acción llega a marcar la diferencia entre el tipo de ciudadanos que daremos a nuestro estado. Un niño que se acerca a las letras tendrá mejores herramientas y un mayor raciocinio al crecer que aquel que no lo hizo por displicencia propia o parental. El niño lector estará más preparado para distinguir el mal cuando asoma, lo mismo que la imbecilidad.

¿Por qué solo hacer excursiones con estudiantes, habiendo tanta gente necesitada —sin saberlo— de acercarse a los libros? El que no lee no sabe que no sabe, parafraseando a Sócrates. No es consciente de la enorme necesidad que tiene de leer. El océano de no lectores es tan amplio y profundo como la crisis social en México.

Siempre es tiempo de leer. Siempre hay tiempo de leer. Lo hay para el que quiere hacerlo, lo que echa por tierra el argumento que muchos esgrimen en el sentido de que la culpa de su alejamiento de los libros la tiene Cronos.

“Leer es para gente que tiene mucho tiempo y nada que hacer”, dice el sombrío y arrogante inspector Fumero en “La sombra del viento”.

Eso dice él, como no tengo duda muchos piensan. Yo simplemente respondo como lo hace Daniel Sempere en ese diálogo de Carlos Ruiz Zafón: “Es una opinión”.

El inspector Fumero no habría dudado en arrojar el contenido de un extintor a los maestros en la plaza grande o chorros de agua a las mujeres el 8M en la misma plaza pública. No lee. Cree que es para quienes tienen mucho tiempo y nada que hacer.

Fumero habría estado feliz de cometer ambos actos represores frente al palacio de gobierno donde, al primer minuto del 1 de octubre pasado, el flamante gobernador abrió las puertas que, dijo, siempre permanecerían abiertas para el pueblo.— Mérida, Yucatán.

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@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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