“…no comenzó con las cámaras de gas. No empezó con los hornos crematorios, no empezó con los campos de concentración y exterminio… Comenzó con los políticos dividiendo a la gente entre ‘nosotros’ y ‘ellos’. Comenzó con discursos de odio e intolerancia, en plazas y a través de los medios de comunicación… Comenzó cuando la gente dejó de preocuparse por eso, cuando la gente se volvió insensible, obediente y ciega, con la creencia de que todo esto era normal”.
La expresión es de Primo Levi, que sobrevivió al Holocausto y que —gracias al rabino Marcelo Rittner— cobra una dolorosa pertinencia. Lo primero fue el olvido como estrategia. Pero y “El Pozolero” y San Fernando, de lo que sabemos. Durante seis años el tema fue solapado.
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