La felicidad. Todo lo que se puede decir de un vocablo tan rico en su significado, a veces hilarante, a veces divertido. Es como tratar de darle un camino ya caminado a una expresión cuando se relaciona con todo y con nada al mismo tiempo.
Hoy escribiré algunos textos que dan en el blanco con la palabra felicidad a manera de una crónica reveladora de la múltiple trascendencia de algo que nos proporciona felicidad. Primera vez que lo ensayo con esta muy necesitada palabra que se esconde para muchas personas por los tiempos tan inciertos que vivimos:
La felicidad es la canción que te recuerda que aún existes porque te hace sentir vivo y suena justo cuando la necesitas.
La felicidad llega con pasos descalzos en una risa que no esperabas y de repente estalla para mediar el tema o regalarnos un recuerdo.
La felicidad no se conquista, se habita por derecho en el fondo de nuestro ser y sale como una explosión de contento.
La felicidad no es un fuego artificial, es una brasa constante en una charla sin prisa, un mensaje a deshora que nos hace extender los labios resecos en una noche de tristeza.
La felicidad se deja entrar como el sol por la ventana cuando no estás buscando luz y agradeces que haya llegado, a veces se va, pero siempre vuelve con otro rostro pero con las mismas ganas; no siempre avisa, se manifiesta con el olor a pan, con la mirada de un perro o el ronronear de un gato.
La felicidad es una risa que de pronto se escapa sin permiso, un recuerdo que ya no duele porque lo trascendimos, una espera que no te desespera.
La felicidad no necesita testigos, no se retrata, se vive, se respira.
La felicidad no discute, no exige que la entiendas se queda a tu lado aunque estés roto, sin palabras bonitas, ni fuerzas para celebrarla. No viene a salvarte, viene para hacerte compañía.
La felicidad no siempre brilla a veces es opaca como el cielo gris y cuando llega lo hace en momentos que no estas buscando nada y, sin embargo, encuentras calma.
La felicidad no siempre es una emoción intensa. Muchas veces se ha confundido con la idea de que ser feliz es estar siempre riendo como en una película cómica, pero la felicidad suele ser mucho más discreta. Es una especie de equilibrio en nuestro interior. No niega el dolor ni la tristeza simplemente no se deja arrastrar por ellos. Mucha gente reconoce solo la felicidad de años pasados, es como si la felicidad no hiciera ruido cuando pasa, pero deja huella.
La felicidad cambia de tono con los años, lo que nos hacia felices a los 15, ya no nos hace tan felices a los 30.
La felicidad no es una meta, es un camino. No está al final de algo, no se consigue como un trofeo. Es algo que aparece cuando estás ocupado viviendo con atención, con sentido, con amor.
A ti, ¿qué te falta para ser feliz? Escuché a mi sobrina preguntarle a una amiga, como si la felicidad tuviera marcadores que intercambiaran una vida por obras buenas y el premio fuera ser feliz. Es más complejo de lo que parece.
Ahí les dejo esas frases que pueden retumbar el humor y darnos una mirada de espejo cuando alguna encaja en nuestra vida.
Es momento de acercarnos a la convivencia y buscar a fondo dónde y cómo podemos conseguir la felicidad, al fin es algo que no cuesta. Un reclamo amable también puede ser que nos dé una felicidad interior.
El mundo necesita una fórmula para encontrar la felicidad de sus habitantes sin confrontar las ideas del que humilla con prepotencia y amenazas por ser el más fuerte.
No todo son lecturas de noticias violentas o espectáculos chafas que idiotizan a la gente. Te invito a que te acerques a encontrar la verdadera felicidad que llevas dentro.– Mérida, Yucatán, 7 de abril de 2025
