La humanidad debe poner fin a la guerra, o la guerra pondrá fin a la humanidad —John F. Kennedy
Como profesor de Historia, decía a los alumnos que algunos teóricos de esta ciencia social indicaban que una de las razones para estudiarla es por ser maestra de la humanidad, para entender los errores y no repetirlos. Empero era mal asimilada, porque sus aprendizajes no servían al ser humano, ya que siempre daba los mismos traspiés.
En ocasiones, hasta las bestias saben a dónde no acudir por algún acontecer que les afectó, lo hacen por instinto y también por memoria, aunque ambas características también son parte de la humanidad compuesta de cuerpo, que es el instinto y la razón, el espíritu. Eso nos diferencia de los demás animales con los que coexistimos en el planeta. Así lo veo y opino con sustento filosófico más que científico.
Ahora, con las “balandronadas” de un emperador romano, llegó de nuevo Trump a gobernar al imperio más grande de la historia. Esta vez, cual Calígula o Nerón dispuesto a crecer su imperio de supremacistas blancos, cueste lo que cueste en los otros, esos bárbaros que somos el resto del mundo.
El obcecado emperador del democrático país de América del Norte, sabedor de su gran poder, carece de formas diplomáticas, a todos humilla y eso le genera el odio de los afectados. Pobre del mundo con un irresponsable prepotente, porque hay países no dispuestos a permitir las humillaciones y, sobre todo, cuando les cierren el acceso comercial a sus productos con muy altos aranceles, a China, por ejemplo, con un oneroso 125%.
Una guerra comercial mal manejada, con muchas tensiones, a la postre puede llevar a una militar. De nada sirvieron las destructivas conflagraciones mundiales del siglo pasado con 16 millones muertos en la primera y entre 40 y 60 en la segunda, más el cataclismo económico en todos. Ahora hay tirantez entre las grandes potencias, con las condiciones similares que dieron origen a esas grandes perturbaciones en su punto toral: el comercio internacional.
Como que resurgen el nazismo y el fascismo, lo vemos con los intentos de expansión territorial de Putin y Trump. El nazismo es un totalitarismo que se caracteriza por su ideología racista, nacionalista y autoritaria. El fascismo se define por su autoritarismo, nacionalismo y la antidemocracia, la superioridad de la nación en el mundo con el rechazo de los valores de los otros y en búsqueda del control de toda la vida, en lo social, lo económico y lo político.
Tal vez se atraviese una de las recurrentes crisis del capitalismo que se sale de control. Es preocupante cuando recordamos que aquellos acontecimientos dejaron hambruna, la pérdida de millones de vidas humanas en inocentes víctimas, profundas crisis económicas en el planeta, todo sufrimiento pues.
Hoy hay condiciones semejantes y también diferencias por los nuevos tiempos en el contexto mundial, pero el efecto puede ser aún más devastador por la posesión de armas nucleares y muy avanzada tecnología de guerra que ya no es exclusividad de los ejércitos gringo y ruso. Apareció China desde hace algunos años con un gran poder comercial, tecnológico y militar con misiles de largo alcance.
Se conformarán nuevas alianzas incluyendo a la Unión Europea humillada con los nuevos aranceles, los árabes enemigos de Israel el aliado eterno de los EE.UU. No quiero pensar en lo que sucedería si el emperador Trump no baja sus pretensiones. No se trata de un pensar fatalista, es solo revisar los antecedentes de las dos destructivas guerras del siglo XX.
El voraz capitalismo no hace caso a los llamados de la ONU, como tampoco lo hizo a la Liga de las Naciones, creada para evitar repetir las desgracias. No les importa el llamado papal y de otros jerarcas religiosos del mundo, solo miran el poder del dinero para seguir incrementándolo.
No sé cómo la humanidad ha sobrevivido a tanto derramamiento de sangre por el odio entre los semejantes, por la envidia o el poder del dinero, entre otros defectos humanos. Eso es algo inherente a la composición del ser, nos dicen y también nos enseñaron que un triunfador es aquel que posee muchos bienes.
La riqueza es sinónimo de triunfo, aunque para obtenerla se recurra a lo ilícito perjudicando la fraternidad y la sororidad, dejando en un segundo término a la familia con el argumento de por ella se hace todo lo necesario o al seguir considerando inferiores a los diferentes por su condición socioeconómica, color de la piel, origen étnico y cultural o por sus apellidos. Solo seguimos coexistiendo y muy pocas veces conviviendo como congéneres empáticos.
Ojalá y lo expuesto sea tan solo una pesadilla, pero es necesario compartirla. Quiero finalizar con un pensamiento de Ernest Hemingway: “Nunca creas que la guerra, por necesaria o justificada que parezca, no es un crimen”.
Aquello incluye a las disputas con tanta violencia entre familiares, vecinos y compañeros de trabajo. Vemos desde el gobierno, hablar de humanismo solo para convencer y canjear esa filosofía por votos. Los que la pregonan no aplican en los hechos, sigue galopante la corrupción, el crimen y muchos etcéteras con impunidad oficial.— Mérida, Yucatán.
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Escritor
