Una de las tentaciones más comunes de nuestros tiempos es la promesa de riqueza instantánea. En esta era digital es común encontrar en TikTok, YouTube y otras redes sociales cursos para hacerse rico desde el celular.

El trading, que consiste en comprar y vender activos financieros rápidamente para intentar ganar dinero con los cambios de precio a corto plazo, se ha convertido en uno de los anzuelos para quienes sueñan con ganar dinero sin moverse de casa. Basta con que un joven carismático enseñe su cuenta con miles de dólares y diga que todo lo ha conseguido comprando y vendiendo acciones en cuestión de minutos, para que miles de personas lo sigan fascinadas, convencidas de que ellos también pueden lograrlo.

Con videos llamativos, mostrando riqueza y estilos de vida lujosos, sin importar la edad, jóvenes, adultos con carreras profesionales, personas endeudadas, amas de casa, jubilados, estudiantes, comienzan a sentir que tal vez han estado haciendo todo mal. En lugar de trabajar duro, de ahorrar e invertir, ¿y si la clave está en aprender a “tradear”?

En los últimos años, el trading ha dejado de ser un término reservado para los corredores de bolsa de Wall Street. Hoy se presenta como una habilidad al alcance de cualquiera. La palabra suena moderna y sofisticada, además suelen acompañarla de imágenes de computadoras con múltiples pantallas, gráficos que suben y bajan como montañas rusas, y personas que dicen haber transformado 100 dólares en 10,000 dólares en unos cuantos meses. ¿Quién no querría ser parte de esa historia?

Pero el problema no está en el trading en sí, sino en la forma en la que se vende. Lo que muchas veces no se cuenta es que por cada persona que gana dinero haciendo trading, hay decenas o cientos que pierden. Lo que se omite es que ese joven que presume su éxito en redes sociales, lleva años soportando pérdidas y aprendiendo, y que tal vez ni siquiera gana dinero con el trading, sino vendiendo cursos de trading.

Para entenderlo mejor, imaginemos dos caminos. En el primero, una persona decide dedicarse al trading, compra y vende acciones (o divisas, futuros, criptomonedas, etcétera) en lapsos muy cortos, a veces de minutos, horas o días. Busca aprovechar los pequeños movimientos del mercado para obtener ganancias rápidas. Para eso necesita estar pegado a la pantalla, interpretar gráficos complejos, reaccionar a noticias económicas, a tweets de Elon Musk o de otras personalidades, a decisiones de bancos centrales. Su vida se convierte en una especie de montaña rusa emocional, donde un día puede ganar $10,000 y al siguiente perder $15,000.

En el segundo camino, otra persona decide invertir a largo plazo. Compra acciones o paquetes accionarios de empresas sólidas, bien administradas, con futuro. No le importa lo que pasa hoy o mañana, ni siquiera el próximo mes. Su mirada está puesta en cinco, diez o veinte años. Sabe que el mercado sube y baja, pero confía en que, con el tiempo, las buenas empresas tienden a crecer. No busca emociones fuertes ni resultados inmediatos. Busca construir un patrimonio. Como quien siembra un árbol sabiendo que su sombra llegará con el tiempo.

¿Quién tiene más probabilidades de ganar?

Estudios realizados por universidades, reguladores financieros y firmas de inversión coinciden en una verdad incómoda: la mayoría de las personas que hacen trading pierden dinero. En cambio, quienes invierten a largo plazo, de forma disciplinada y diversificada, tienen una alta probabilidad de obtener rendimientos positivos. No se trata de una opinión, sino de datos duros.

Un ejemplo famoso es el del índice S&P 500, que agrupa a las 500 empresas más importantes de Estados Unidos. Si alguien hubiera invertido en ese índice en 1990 y dejado su dinero ahí hasta hoy, habría multiplicado su inversión varias veces. No sin sobresaltos, claro: en ese tiempo hubo crisis como la de 2000, la de 2008, la pandemia de 2020. Pero en los mercados financieros, como la vida, gana el que es paciente, aguanta, y sabe cuándo tomar sus ganancias.

Warren Buffett, considerado uno de los inversionistas más exitosos de todos los tiempos, ha dicho una y otra vez que el mercado es un mecanismo para transferir dinero de los impacientes a los pacientes. Él no hace trading. Él invierte en empresas que entiende, con fundamentos sólidos, y espera. Su fortuna se construyó no por tener suerte ni por seguir modas, sino por seguir una filosofía simple: entender lo que compras, mantenerlo a largo plazo, y dejar que el interés compuesto haga su trabajo.

Pero claro, eso no vende, no engancha. Nadie se vuelve viral en TikTok diciendo: “ahorra, invierte con disciplina, sé paciente”. Lo que vende es la promesa de duplicar el dinero en una semana. Lo que nos engancha es el brillo del éxito instantáneo, la ilusión de vencer al sistema, de ser más listos que los demás. Es un impulso profundamente humano: la búsqueda de atajos. Pero hay que recordar que los atajos suelen salir caros.

Aclaro que no se trata de romantizar la inversión a largo plazo. No es fácil. Requiere tiempo, aprendizaje, y sobre todo, paciencia. Hay que entender conceptos como acciones, bonos, fondos indexados, riesgo, inflación. Hay que aprender a ignorar el ruido del mercado, las noticias alarmistas, los gurús que predicen el fin del mundo. Hay que tener la capacidad de ver caer el portafolio y no entrar en pánico. Pero a cambio de ese esfuerzo, se obtiene algo mucho más valioso que una ganancia rápida.

Invertir es un acto de esperanza. Es creer que el futuro puede ser mejor, que las empresas pueden crecer, que la economía puede avanzar. Es lo contrario del cinismo del corto plazo. Es también un acto de responsabilidad. Porque cuando se invierte, no se está apostando sino participando en la economía real. Se está financiando empresas que crean empleos, productos y servicios.

En una época que nos empuja a la inmediatez, donde todo debe ser rápido, visible y viral, invertir a largo plazo es casi un acto contracultural. Quien aprende a invertir, aprende también a esperar, a confiar, a pensar.

Y esa es una de las habilidades más valiosas que podemos cultivar en un mundo ansioso. Porque el dinero rápido puede dar un gusto momentáneo, pero el dinero paciente construye libertad. Y la libertad es nuestro bien más preciado.— Mérida, Yucatán.

marisol.cen@kookayfinanzas.com

@kookayfinanzas

Profesora Universitaria y Consultora Financiera

Porque el dinero rápido puede dar un gusto momentáneo,pero el dinero paciente construye libertad…

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