Abril de 2025, el verano se acerca y con ello el calor, lo cual incrementa el consumo de agua entubada que llega a los hogares yucatecos; los organismos operadores tendrán una vez más que hacer frente a su peor momento del año cuando los usuarios se quejarán y demandarán la falta de suministro del vital líquido de manera adecuada en cantidad y calidad.
Veamos algunos datos: de acuerdo con el Programa Hidráulico Regional (2021-24), se tiene en el Estado de Yucatán 618,065 viviendas que disponen de agua entubada y se abastecen del servicio público que prestan los organismos operadores municipales y en el caso de Mérida de la JAPAY, que es una entidad estatal. Si se redondea este dato, se tendrá un global de 620,000 viviendas.
Ahora y de acuerdo con Semarnat, el consumo se sitúa en 250 litros por habitante por día y suponiendo cuatro habitantes por casa, da en números gruesos una demanda diaria de 620 millones de litros de agua.
La pregunta que viene a la mente; ¿falta más agua por abastecer, faltan más plantas y perforar más pozos, falta más infraestructura hidráulica y electromecánica? Esas eran las conclusiones a las que llegaban los especialistas y fueron los lineamientos técnicos del siglo XX, pero sucede que estamos en XXI en el primer cuarto de siglo y la tecnología ha evolucionado a pasos acelerados.
Refirámonos ahora a un dato demoledor y poco conocido, el Porcentaje de Eficiencia, el cual es la situación que guarda un organismo operador y proviene de dividir el volumen de agua facturado/volumen producido y luego multiplicado por 100; de acuerdo con datos oficiales de agosto 2021 de la administración anterior del organismo operador de Mérida y confiando que sean datos reales, solo se facturaba el 34% de cada litro de agua producida, perdiéndose el 66%, es decir se pierden en fugas en la red 3,300 litros de agua por segundo, lo que representa una pérdida superior a 285 millones de litros por día.
La edad de las tuberías y la eficiencia de los sistemas y redes de conducción es hoy cuatro años más antigua de cuando este informe se dio a conocer, por lo que el porcentaje de eficiencia debe haber desmejorado.
Para el resto de los 105 municipios del estado de Yucatán, la situación no es mejor y se estima que el porcentaje de eficiencia ronda el 20%, significando con ello que pierden el 80% del agua producida.
¿Qué hacer?, ¿sentarse a llorar o, como es la norma política, echarle la culpa a la anterior administración y sobrevivir como se pueda aguantando “vara” ? Pues sucede que ya existen modos, maneras y tecnología que pueden ayudar a resolver el problema con voluntad y recursos, pero ese es otro cantar, porque cuando se habla de recursos se dice que no los hay y si los hay, las obras se van retrasando porque invertir en agua no viste a político alguno.
Lo que se debe hacer y así lo entendió la administración 2001-2007, presidida por ingenieros civiles especialistas en hidrología, fue la recuperación de caudales que se pierden por fugas en redes; en los hechos se inició un programa de recuperación de caudales con un equipo formado por personal capacitado de JAPAY y la UADY usando tecnología satelital con equipamiento europeo vanguardista existente en ese momento.
Por desconocimiento de sus alcances, el programa fue cancelado en 2008 por una nueva administración, la política en todo su esplendor desmantelando proyectos importantes por “costosos” sin evaluar el significado económico de la recuperación de caudales, por lo que el avance que se tuvo se truncó y fue en retroceso.
Esperemos que los datos recabados hayan sido conservados porque ahora se puede echar mano de nuevos recursos como es la Inteligencia Artificial (IA), la cual se alimenta de información real existente. Trataré de explicar en términos sencillos el tema de la IA, el cual puede ser algo obscuro.
La IA ya se usa ya en el mundo y algunos países de América para detectar pérdidas de agua en las redes de distribución, es decir, se han comenzado a utilizar sistemas computacionales basados en algoritmos que, por ejemplo, pueden aprender a generar nuevos datos a base de información real existente y obtienen información en tiempo real creando contenidos novedosos como imágenes y códigos, así como procesar el lenguaje natural para lograr diálogos similares a los humanos.
Con ello pueden calcular el agua no facturada, detectar fugas y con la IA procesar informes para reducir las pérdidas físicas de agua (gestión operativa), aumentar la recaudación (gestión financiera) y mejorar el servicio al cliente (gestión comercial), detectando automáticamente las anomalías vinculadas a eventos o incidencias hidráulicas (24hs/7días) como: fugas, cambios anormales de presión, fallas en telemetría, distribución adecuada del caudal, incremento del caudal mínimo nocturno, el cual es el único momento en que los depósitos domiciliarios pueden ser abastecidos, así como otras incidencias que puedan afectar la presión y continuidad del servicio de agua en las redes.
Lo anterior es solo un caso en que la IA puede ayudar a los organismos operadores del estado a iniciar el proceso de levantarse del deterioro en que se encuentran por años de abandono y tengan posibilidades de responder las demandas de los usuarios; falta mucho por hacer y hay que ponerse a trabajar pensando en el presente y futuro a corto plazo y no pasarse la “papa caliente” como es la mala costumbre.
La IA sin duda es una herramienta que ya está disponible para los organismos prestadoras de servicio de agua y saneamiento, y permitirá no sólo mejorar el servicio prestado, sino también reparar tuberías antes de que se produzca una rotura y, por tanto, una interrupción sorpresiva del servicio.— Mérida, Yucatán.
jorgelopezglez@hotmail.com
Ingeniero, consultor en Hidrología e Hidráulica. Universidad Marista de Mérida.
