Con la encíclica Rerum Novarum, hecha pública en el siglo XIX por el papa León XIII, la Iglesia católica hizo un primer documento con preocupaciones sociales, lo cual no era común, pues las aportaciones papales anteriores tenían especial dedicación en temas que tenían que ver con las bases teóricas y doctrinarias de la fe cristiana.
León XIII introduce la discusión sobre los derechos de los trabajadores, las empresas, los gobiernos y las relaciones de ellos con la Iglesia. Entre los que le seguirían con esta vertiente están Juan XXIII, con Mater et Magistra, que aborda el problema de los campesinos, así como Paulo VI, con los nuevos problemas sociales y Juan Pablo II, con temas sociológicos y metodológicos de la situación de la humanidad, entre otros.
Así llegamos a Francisco, el primer Papa latinoamericano, el primero jesuita y el primero no europeo, con preocupaciones sociales, quien basó su acción pastoral en un profundo amor a la humanidad y en su prioridad: la atención a los desfavorecidos.
Con esa visión humanista abordó los grandes temas sociales y puso al centro del debate, al interior de la Iglesia católica, y de cara a la sociedad mundial, los desafíos presentes y futuros para el planeta, mostrándose como un claro defensor de los débiles, cambiando las formas de hacer escuchar la voz del Sumo Pontífice, al ejercer una severa crítica al modelo globalizador, señalándolo como el que ha perpetuado la desigualdad, la exclusión y la pobreza.
Pensando siempre en los jóvenes, Francisco planteó que las nuevas generaciones deberían jugar un papel más progresista y humano, y que ellas deberán construir los espacios de diálogo para la comprensión y para una nueva convivencia, menos polarizada.
En su tarea de constante renovación propuso la revisión del modelo de desarrollo económico actual, el cual se ha evidenciado como el causante de convertir al individuo en el gran consumidor sin frenos. En su encíclica Fratelli tutti (Hermanos todos), asume una postura valiente y argumentaba al exigir el fin del neoliberalismo, convertido hoy en dogma económico.
En plena pandemia por el Covid-19, Francisco condenó la especulación financiera que lleva a la ganancia fácil y que alimenta el virus del individualismo y condenó que no se supiera actuar con los mismos propósitos ante la amenaza a la salud mundial, lo que evidenció que la tal globalización solo lo era para los intereses de algunos y no para el beneficio de todos.
Con energía expresó: “La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias, ha evidenciado que no todo se resuelve con el mercado”. Sostuvo que vivimos en mundo sordo y propuso la construcción de nuevos valores éticos en la convivencia internacional. Pidió una nueva educación para el diálogo y que se erradique el individualismo extremo.
La economía debe ser social y por ello debe estar al servicio de la sociedad, es una de las enseñanzas del pensamiento del papa Francisco, en relación con la distribución de la riqueza.
Con gran aliento propuso un cambio de paradigma en la economía mundial para lo cual debería cesar la exagerada acumulación de la riqueza en ciertos grupos y que se promoviera una forma más equitativa de redistribución del ingreso entre las clases asalariadas.
En su amplio documento también cuestionó el trato a los migrantes, el daño ambiental y las limitaciones impuestas a los nuevos roles de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad.
Toda su encíclica es un profundo cuestionamiento al orden económico mundial y un llamado a una transformación con una nueva ética en las relaciones entre los individuos y entre los pueblos.
Desde que asumió el papado, Francisco dio muestras de congruencia al renunciar a privilegios que la tradición ofrecía a quienes llegan a ese cargo. En su testamento expresó su voluntad de no ser enterrado en Las Grutas Vaticanas, sitio de la última morada de los papas; por el contrario, decidió descansar en un pasillo de un antiguo templo del Vaticano y, según se interpretó, que por su humildad, deseaba permanecer cerca del pueblo y lejos del poder.
Descanse en Paz Francisco, el Papa progresista que pensó en un nuevo modelo económico para el mundo.— Mérida, Yucatán.
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Doctor en economía
