“Las vacas no dan leche”. Esta es una frase que busca ilustrar algo muy cierto: las cosas no suelen darse por sí mismas de manera automática, sino que requieren de la acción y voluntad humana para materializarse.
Si el granjero no ordeña la vaca, la leche no puede ser consumida junto al desayuno. Si las buenas ideas no se traducen en planes y acciones concretos, difícilmente habrá avances y resultados visibles. Esta verdad aplica tanto en las pequeñas cosas como en las de mayor alcance.
La posibilidad de progreso humano radica en su capacidad de actuar para transformar el entorno. Ello permitió al Homo Sapiens organizarse en sociedades complejas para crear civilización.
En este sentido, la raza humana es la única con la cualidad de moldear lo que le rodea empleando la tecnología y la colaboración de forma sumamente sofisticada —edificamos ciudades y viajamos en aviones—.
Podemos llevar al cabo proyectos porque contamos con una noción del presente y el futuro sin par en la naturaleza, gracias a la conciencia. Tal característica invita al aprendizaje compartido de generación en generación, lo que se traduce en la aspiración de desarrollo y progreso.
Aquí desempeña un rol fundamental la iniciativa, es decir, la voluntad expresada en movimiento. Ya lo decía Gandhi: “sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Lo innegable es que la inacción conduce al estancamiento y la falta de impulso puede incluso derivar en retroceso.
Lo anterior se relaciona estrechamente con el propósito. En el plano individual y también en el ámbito colectivo los humanos nos sentimos motivados cuando tenemos causas y metas por cumplir.
El sentido de logro es un motor poderoso que nos lleva a superar nuestros propios límites. Más aún, cuando el propósito se vuelve poco firme es probable que surjan problemas y decaiga el ánimo.
En cambio, si la visión de propósito está ahí, es capaz de conseguir grandes cosas en beneficio de la gente. Nuevamente, la clave está en la acción.
Sin embargo, la era contemporánea con frecuencia ofrece la tentación de sucumbir ante actitudes nocivas como la indiferencia o la apatía. Lo grave sería que cada vez más mujeres y hombres se conformen con ser meros espectadores de la historia que les tocó vivir.
Otro asunto preocupante es la decadencia de valores morales que amenaza a la sociedad del siglo XXI, negando la importancia de la ética en cualquier contexto humano.
El egoísmo se extiende, justificando comportamientos contrarios a la ética, bajo argumentos vacíos que colocan la dignidad de la persona fuera del centro. Claramente, esto es inaceptable, pues la historia nos ha demostrado varias veces que cuando se pierde el humanismo, avanzan formas de proceder que implican violencia y odio.
Volver a los valores será fundamental, lo cual implica, sin duda, acciones valientes de congruencia. Basta rememorar aquella frase de Edmund Burke: “para que el mal triunfe únicamente hace falta la indiferencia de los buenos”.
En más de una ocasión he escrito que la fórmula para superar los desafíos del presente y del mañana es educación, educación y más educación. No obstante, considero oportuno subrayar que la formación educativa solo rinde frutos si el conocimiento se convierte en acciones aplicadas a mejorar el entorno.
Si el sentido de la educación no es construir una mejor sociedad, entonces la educación no tendría mayor sentido. La ética, la educación y la acción son nuestras mejores aliadas.
Hacer que las cosas sucedan, pues nada brota por generación espontánea. Toda acción cuenta —para bien o para mal—. Ernest Hemingway dejó escrito: “hoy es un solo día de muchos que vendrán, pero lo que suceda en esos días puede depender de las acciones que decidamos emprender hoy”.
La iniciativa hace buen binomio con la esperanza; el progreso y el bien común necesitan de gente que crea que es posible un mejor porvenir. El futuro no es lo que va a pasar sino lo que vamos a hacer. Hagamos diariamente al menos una acción que nos acerque a metas y unamos esfuerzos para crear el bien colectivo.—
fournier1993@hotmail.com
Licenciado en Derecho, maestro en Administración
