Ahora veo al colibrí. Ahora ya no veo al colibrí. Viento con alas, fugitivo instante, su presencia es tan momentánea que parece ausencia.

Todavía no se ve y ya se va. Está y ya no está. Y sin embargo esta humilde avecilla es majestuosa. Su grandeza reside en su pequeñez; lo efímero le da su eternidad.

La miro y me pregunto si verdaderamente la miré. La veo y no sé si la vi. Dura lo que la vida: nada. Y es, como la vida, todo.

El colibrí ha llegado a mi jardín atravesando el viento, y el viento no se dio cuenta. El colibrí se ha posado en la rama de un árbol, y ahora la rama del árbol pesa menos.— Saltillo, Coahuila.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán