“Cuando soplan vientos de cambio algunas personas construyen muros, mientras que otras construyen molinos de viento”.— Proverbio chino.
“Farsa y simulación”, tituló de manera ad hoc el Diario del lunes 2 de junio del año en curso, a la inédita, absurda y angustiosa jornada para renovar al poder judicial en nuestro país. Con indiferencia respondió el pueblo bueno y sabio, que decían los jilgueros de la 4T pedía esa elección, pero no salió a votar el domingo anterior.
Lo hicieron los movilizados desde la Secretaría del Bienestar, los burócratas federales y estatales bajo presiones de un coordinador con el clásico refrigerio y el pase de lista. Aun con esas marrullerías se informa de una participación de alrededor de sólo 13 millones y de estos, 3 millones anularon sus votos.
Así se escuchó en los noticiarios serios durante la mañana siguiente. Puede variar porque no hubo conteo en las mesas de votación y se enviaron a las comisiones distritales sin protección alguna, donde se definirá este plan con maña para hacerse de todo el poder. Ahora es cuando vemos la importancia de contar con un INE autónomo de hecho y derecho y no en manos del gobierno, como antaño, donde éste era juez y parte.
Desde luego que aquello será legal por cumplir con retorcidas leyes, pero jamás legítimo porque el pueblo mayoritario no mostró interés al confuso proceso de principio a fin.
Ahora ya tendrán todo el poder, no habrá más contrapesos que los de la prensa libre, la Iglesia Católica, así como las organizaciones civiles nacionales y extranjeras no “maiceadas”.
¿Volverán aquellos tiempos cuando caciques, generalotes y hombres de poder decían: “Jusílenlos, luego viriguas?”. Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos? El Poder Judicial, como el Legislativo están bajo el control del ejecutivo. Pamplinas con la división de poderes republicanos que aprendimos desde la escuela primaria. Vamos camino a la dictadura cesarista como en Roma de la antigüedad. Aquí vuelve la Presidencia Imperial. Ojalá y no haya arrepentimientos extemporáneos, cuando no exista la posibilidad de retornar a la incipiente división de poderes en nuestro país. Cierto que siendo bicentenario el poder Judicial apenas empezaba su actuación independiente en la vida pública, salvo honrosos periodos como en la República Restaurada.
La inteligencia de la 4T debe saber que los resultados de esta elección le informan que no hay un control eterno sobre los votantes y, aunque los índices de popularidad de la presidenta descienden paulatinamente, siguen altos. La indiferencia social es el mejor indicador de una caída en ciernes. Saben bien que será difícil mantener el poder cuando el desencanto popular crezca ante la falta de resultados. Esa es la verdadera razón que subyace a estas acciones.
Al igual, la inteligencia norteamericana sabe que su imperio muestra indicios de fragilidad, razón por las que el presidente Trump toma medidas desesperadas para evitarlo y que otros paguen más con los aranceles para resarcirlo y evitarlo.
El competidor de nuestros vecinos del norte es China, sus productos invaden los mercados internacionales, y algo impensables hace unos cuantos años: Los cuatro bancos mayores en el mundo también son chinos. Incluso han superado, con el respaldo de sus propias instituciones, a los organismos financieros internacionales de gran calado.
Los chinos ya están en la conquista del espacio, en la tecnología cibernética, en la industria farmacéutica, la maquila, la producción agrícola. Antes desde el amanecer consumíamos productos norteamericanos, hoy hay competencia desde que abordamos el transporta público, las llantas para el auto, electrodomésticos y un largo etcétera.
Lo más importante ha sido la posesión de armas con alta tecnología para imponer respeto ante sus competidores europeos y de Norteamérica.
Sin duda los grandes capitales de USA, antes insuperables, eran y son el sostén de su imperialismo, ahí está el detalle.
“¿Crees que soy un Rockefeller?”, respondían los padres cuando se les solicitaba para un gasto extraordinario. Hoy puede cambiarse por otros nombres, pero no se usa un símil, al menos no es tan popular. Los productos chinos invaden el mundo y a precios más accesibles.
Seguro nuestro canciller, el Dr. de la Fuente, sabe de sobra de esto para las negociaciones, pero también del Big Stick del poderoso Tío Sam para dominarnos. A veces es bendita la vecindad y otra maldita como el nombre de un grupo musical.
Precisamente por la vecindad nos tiene tomada la medida para impedir mayor apertura comercial y al capital financiero chino, Sin embargo, aun siendo sus grandes socios vivimos en una relación humillante del poderoso hacia nosotros. Pasó la época de la Política del Buen Vecino y la Alianza para el Progreso desde hace mucho tiempo.
Dicen que la competencia es buena en el comercio para favorecer a los consumidores, y también lo es ante las verdaderas opciones políticas. Sin embargo, con el presidente norteamericano, ante la opción China utiliza la amenaza de los aranceles muy altos para los productos de nuestro país, así como llevarse las industriales gringas en México a su territorio.
Si a lo anterior añadimos que, en México, el gobierno está gastando más de lo que le ingresa, para diferentes actividades de control político que le permitan sostenerse, muy pronto viviremos una crisis financiera, que quienes las hemos enfrentado ya sabemos.— Mérida, Yucatán
*Escritor
