Editorial

Nadie debería sorprenderse. Las elecciones para renovar el Poder Judicial fueron un engaño; uno más de la cadena de mentiras de quienes están en el poder y desean todo para ellos. ¿Cómo lo lograrían? Fácil, apostándole al fraude.

Ya se veía venir; el gran fraude se inició desde el momento en que Yunes le diera el voto decisivo a Morena para darle la mayoría calificada que por supuesto no tenía. Una mayoría que no obtuvieron en las urnas porque el electorado no se la dio. Eso no importó. Se burlaron del recinto oficial, de los ciudadanos, de los partidos políticos, cometiendo un fraude en esa ocasión, al inventar una mayoría que en ningún momento obtuvieron.

El voto de la conveniencia y de la traición a nuestro México llegó sin convicciones y sin una pizca de amor por nuestro país.

Porque quien realmente tiene convicciones se aferra a sus principios y los defiende ante quien sea, con argumentos; no cambia de parecer de última hora, tal y como lo hicieron los Yunes —padre e hijo— para favorecer una iniciativa que iba encaminada a la destrucción del Poder Judicial.

Si creemos que todo lo hemos visto, tal vez estemos equivocados. El llamado “acordeón” utilizado el día la elección no fue otra cosa más que una simulación. Por tanto, no se puede ni debería calificarse como un triunfo.

Utilizaron —Morena y el gobierno— al INE para sus propósitos. La confianza en el Instituto Nacional Electoral se ha visto disminuida por lo ocurrido recientemente en una elección que no tenía por qué haberse realizado.

El IFE, que después cambiaría a INE, nació por la desconfianza de los ciudadanos en las autoridades o el gobierno en turno, que a través de la Secretaría de Gobernación organizaban las elecciones, con resultados que les favorecían a sus candidatos. Candidatos que convenían al gobierno, por supuesto.

Con la simulación de la elección reciente, lo que se observó ese día, no fue un electorado deseoso de participar; por el contrario, al dejar las casillas vacías o con poquísima asistencia, bien podría interpretarse como el rechazo de los ciudadanos a participar en una farsa, en una gran mentira que culminaría en un fraude anunciado.

Tal y como sucedió. Un fraude, que solo los que lo diseñaron y participaron en él, consideran un éxito. En fin, me queda una gran duda: ¿Se puede legitimar una elección con tantas irregularidades? De hacerlo, ¿hacia dónde se encamina el país? ¿En qué posición quedaremos los mexicanos?

Estoy segura de que nunca nuestro México había estado en manos de personas tan malvadas como lo está ahora. Porque si bien es cierto que el país ha tenido momentos difíciles, nunca había estado en las condiciones hacia donde lo han ido llevando desde el arribo de la mal llamada izquierda al poder.

Dicen velar por los intereses de la Nación, pero optan por destruir las instituciones que tanto esfuerzo costó construir. De una vez por todas ¡Dejen de mentir! El país está cada día peor y no es por los que gobernaron antes. Porque a pesar de todo lo malo que hubieran hecho, nunca le apostaron a destruirlas.

En cambio, Morena llegó al poder con un propósito, eternizarse. Y ¿cómo lo lograrían? Destruyendo lo que existe sin importar si funciona o no, para construir su propio imperio. ¿Cómo puede alguien atreverse a hacerle tanto daño a nuestro país? Un gran daño a nuestro México al que hoy han puesto bajo el yugo de criminales. Haber pactado con los grupos delincuenciales no es de gente honesta. Haber colocado a buena parte del territorio nacional en posición de riesgo, no es un invento o una suposición. Es una realidad, una triste y lamentable realidad.

Qué tristeza que el país se lo estén repartiendo como si fuera un botín, porque es así como lo ven. Lo están “exprimiendo” al máximo, sin que haya alguien verdaderamente capaz de asumir un liderazgo que permita unir a las mayorías para salvar a un México herido que clama por justicia.

La justicia que no sabemos en manos de quién quedará ¿Del que tranza con maleantes? O ¿de quién la impone con su criterio?

Los expertos en fraudes sabían lo que hacían y a dónde iba a conducir una elección innecesaria. Fue diseñada para confundir a los ciudadanos y poder manejar a su antojo la situación para su beneficio.

Profesionales en Derecho, mexicanos de carrera, personas calificadas para ocupar un cargo ¡por supuesto que los hay! Por eso no se concibe que el INE se haya prestado a la organización de una elección que generó desconfianza desde el primer momento por las reglas poco claras. Haber permitido, además, el acordeón del desastre fue lo más absurdo y poco ético que se pudo autorizar.

Esta elección fue, sin duda, el ensayo para lo que vendrá en las elecciones intermedias y lo que se les ocurra.— Piedras Negras, Coahuila.

cholyngarza@yahoo.com

Periodista

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán